Una alternativa de poder para las mayorías

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Si se avanza en una ruta generosa para lograr la unidad y se rompe el ritual diario de los insultos y las descalificaciones para ubicar el énfasis en las ideas, las coincidencias y las formas de construir fortalezas, seguramente el pueblo colombiano rodeará en las urnas la propuesta alternativa.

El proyecto político del Gobierno, caracterizado como de extrema derecha, goza de un amplio respaldo popular y político y ejerce el poder bajo las tesis de un Estado corporativo y de opinión, alimentadas con la política económica del llamado consenso de Washington, al amparo del cual se alcanzan altos niveles de corrupción y el fortalecimiento del narcotráfico. 

Como todo extremo, éste genera o alimenta otro lado opuesto que, en Colombia, se expresa en las guerrillas del ELN y la llamada Nueva Marquetalia, quienes mantienen la tesis de que, a través de la lucha armada o un estallido insurreccional liderado por ellas -para lo cual se involucran en mayor o menor medida en la cadena de producción y tráfico de drogas ilícitas, el secuestro y la extorsión-, lograrán derrocar el establecimiento e instalar un modelo de Estado con características ligadas ideológicamente a las tesis marxista-leninistas, incluidas la dictadura del proletariado. Estos dos extremos y sus bases ideológicas y logísticas se enfrentan en un solo “monstruo grande”, que genera víctimas y dolor. 

Dicho esto, es preciso reconocer el asomo de una franja política y social amplia, posiblemente mayoritaria, amorfa y etérea, que se propone asumir el poder y avanzar en la construcción de la paz, que se identifica claramente con el respeto, la equidad y el uso de la democracia, la transparencia administrativa y política, la observancia por la institucionalidad del Estado, la defensa de la vida y la construcción de la paz y que se puede calificar como la franja de demócratas. 

Esta franja política y social que emerge está compuesta por diferentes siglas partidistas y sociales, cada una de las cuales, con algunas excepciones relacionadas con su misionalidad social o comunitaria, aún no logran el desarrollo de un conjunto de ideas lo suficientemente claras que los diferencie entre sí o que los acerque desde el debate programático y que permita a las mayorías electorales y de acción social identificar sus propuestas y/o sentirse parte de una asociación o colectividad política. 

Aunque no existe una claridad precisa acerca de los elementos ideológicos que haga posible el fortalecimiento de esta franja, es preciso reconocer los esfuerzos que algunos sectores realizan por alcanzar una fuerte alianza que se proponga los objetivos políticos, sociales y electorales de cambiar el rumbo del país. Se requiere superar los señalamientos o descalificaciones que poco aportan a generar las confianzas necesarias para la construcción de idearios compartidos y su desarrollo y que, por el contrario, ayudan a mantener a la ciudadanía en el oscurantismo político, fácilmente utilizado por los discursos populistas y mediáticos de quienes están en el poder. Aun con estas dificultades, sectores importantes de esta franja, guiados en la mayoría de los casos por la capacidad de liderazgo de una u otra persona, disputan con éxito relativo el poder político local, pero no logran todavía configurar colectivamente una alternativa real de poder con influencia nacional, organizada y atractiva.

Así las cosas, a los demócratas les quedan tres tareas sustanciales, prioritarias y casi únicas: la primera que no da mucha espera y marcará el rumbo de la sociedad colombiana para los próximas decenios es unirse en una alternativa de poder atrayente para las mayorías; la segunda, ganar las próximas elecciones para quitar del poder a la extrema derecha, instalar un gobierno unitario y un congreso mayoritario que dé inicio a las transformaciones que requiere el país para hacerlo vivible para todos y todas, con un primer gobierno que marque las metas estratégicas a profundizar en los próximos veinte años y respete la alternancia política entre demócratas, con sus diferentes énfasis; y la tercera, avanzar en la búsqueda de la paz negociada con la extrema izquierda, la implementación de los acuerdos logrados con las FARC, reparar a las víctimas y seguir construyendo la verdad, la reconciliación y la no repetición de los hechos violentos. 

Esta alianza, que en sí misma no significa que desaparezcan las tensiones que en ella se generan y se alimentan, lo cual es propio de los frentes de acción que involucran múltiples sectores, o que automáticamente se garantice el advenimiento de la paz, según lo expresado con énfasis por diversos líderes y lideresas sociales y políticos, puede girar alrededor de los siguientes temas: 

  • Recuperar la construcción y consolidación del Estado social de derecho con sus tres poderes autónomos, lo que incluye dejar sin vigencia leyes y reformas constitucionales que se le oponen, buscando mecanismos que garanticen y mejoren la coordinación y el respeto mutuo. Avanzar hacia la descentralización política y administrativa. Reconocer y fortalecer la autonomía y los gobiernos propios de los pueblos indigenas y afrodescendientes.
  • Garantizar los derechos humanos, la vida de líderes y lideresas, de las organizaciones y la protesta social. Avanzar en la solución política negociada del conflicto armado, implementar el Acuerdo de Paz con las FARC-EP, lo que incluye prioritarimanete la reforma rural integral, la profundización de la democracia y la participación ciudadana, la superación del narcotráfico y los cultivos de uso ilícito. Desmontar o someter el paramilitarismo, reformar las FFAA y la policía.
  • Reparar integralmente a las víctimas del conflicto armado, haciendo énfasis en la reparación colectiva. Fortalecer la justicia transicional y garantizar el derecho a la verdad, la aplicación de justicia y la no repetición. 
  • Avanzar en una reforma laboral que devuelva a las/los trabajadores derechos y condiciones laborales justas.  Fortalecer las políticas y entidades públicas para garantizar los derechos fundamentales de salud, educación, vivienda y pensiones y derogar todas aquellas leyes que le son adversas.
  • Fortalecer las empresas públicas en renglones estratégicos de la economía y la función social del Estado (energía, acueducto, vías de comunicación, informática y telecomunicación) aumentando el porcentaje de participación del Estado para garantizar su manejo. Fortalecer el  proceso de reactivación económica post-pandemia basados en una reforma tributaria que alivie la carga impositiva de la producción y los y las trabajadoras, el incentivo a la producción interna, el desarrollo del sector cooperativo, el agro, las pymes y mini pymes, encaminados a superar la pobreza y la dependencia económica nacional. Generar una ambiciosa política que rescate y promueva el arte y la cultura a nivel nacional y local.
  • Establecer una política nacional contra el cambio climático y de reducción de riesgos. Iniciar el proceso de reforma de las corporaciones ambientales regionales. Fortalecer las acciones de defensa del medio ambiente. Endurecer las medidas prohibitivas para la explotación de recursos en zonas estratégicas para la sostenibilidad de la vida. Defender el agua como un derecho universal. Iniciar el proceso de reducción de uso de combustibles fósiles y producción de energías limpias.

Una alianza en la cual converjan los sectores sociales, los movimientos y partidos políticos, que garantice la democracia en la toma de sus decisiones y para la sociedad, que rompa con la cultura patriarcal, que brinde espacios de incidencia a las mujeres y las diversidades en la construcción de una nuevo país, que involucre otras formas de hacer política más allá del ejercicio electoral, que se plantee, además de alcanzar por varios periodos la Presidencia de la República y obtener las mayorías en el Congreso de la República, acceder a los gobiernos locales (alcaldías y gobernaciones) y las instancias de representación políticas territoriales (juntas administradoras locales, concejo y asambleas de diputados), con múltiples liderazgos y variadas propuestas.

Una alianza que incluya diferentes expresiones sociales organizadas y no organizadas (sindicatos, organizaciones campesinas y étnico-territoriales, ambientalistas, organismos comunales, organizaciones de mujeres, población LGBTIQ+, organizaciones de víctimas, y movimientos que trabajan por la paz y los derechos humanos), que reconozca e incorpore sus importantes aportes, teniendo en cuenta su capacidad movilizadora, de lucha permanente en defensa de los derechos y su compromiso constante con la democracia, la paz, la justicia social y la equidad.

No es posible ganar las elecciones del 2022  prescindiendo de alguno de los sectores políticos o sociales sobresalientes. La situación y la responsabilidad política obligan a un acuerdo programático en donde converjan todos y todas, el cual puede ser complementado utilizando algún mecanismo de consulta popular, selección de una candidatura presidencial única para presentar a la primera vuelta, y si es posible, una lista unitaria nacional al senado y listas unitarias a la cámara en cada departamento. 

Si se avanza en una ruta generosa para lograr la unidad y se rompe el ritual diario de los insultos y las descalificaciones para ubicar el énfasis en las ideas, las coincidencias y las formas de construir fortalezas, seguramente el pueblo colombiano rodeará en las urnas y en las calles, las banderas políticas que hagan posible la construcción de un país para la vida, el amor, la felicidad y la paz.

*Luis Emil Sanabria, bacteriólogo, docente universitario con estudios en derechos humanos, derecho internacional humanitario y atención a la población víctima de la violencia política. @luisemilpaz

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