Si usted no tiene ni idea de qué es un tambor que habla, sepa que yo tampoco lo sabía. Ayo me enseñó.

¿Eres un músico que se convirtió en militante o un militante que se transformó en músico?, le pregunté a Ayo, mi nuevo amigo nigeriano, en una de esas sesiones de Zoom equivalentes a una charla con café del pasado.

“Nací en una familia de músicos. De lado de mi madre, heredamos el legado de los tambores hablantes (‘talking drums’) y, del lado de mi padre, el sentido del fuji”, ese estilo de percusión que, en los años sesenta, surgió del son musulmán de las mañanas para despertar a los creyentes. “Desde pequeño, acompañé a mi padre con su grupo fuji.”. Así comenzó a responder Ayodele Ganiu, director de programa de IntroAfrika, una organización de defensa de derechos a través de las artes.

“En la Universidad de Lagos, tuve mi despertar político, ocupé algunos puestos estudiantiles y lideré mi primer protesta contra el decano por algo menor – nos quería retirar el subsidio de una tradición institucional, la organización de una cena anual en la universidad – . Ahí aprendí lo que es arriesgar el pellejo; me podrían haber echado y arrestado“. Fue el inicio del compromiso social.

“Hacia 2004, en música, África comenzó a mirar hacia adentro y decidí mi carrera en conformidad con eso. El rap venía ganando terreno y yo me pregunté: ¿qué tengo que sea único? Los ‘talking drums’. En aquel entonces, pertenecían a las viejas generaciones; eran considerados ‘primitivos’”

Los ‘talking drums’ son tambores que imitan el discurso humano, como si fuera un prolongado zumbido de palabras; cada tono representa una vocal y un músico talentoso los puede hacer hablar. Tanto pueden conversar estos tambores que, para Ayo, los ‘talking drums’ constituyen un lenguaje.

Ayo explica cómo los tonos representan vocales
Ayo hace hablar los tambores contra los malos liderazgos

Una estadía de estudios en la Academia de Diplomacia Cultural de Berlín le abrió los ojos. Allí se dio cuenta de que podía usar los ‘talking drums’ para la denuncia. “Es un instrumento poderoso; la gente los entiende y los mensajes se vuelven virales, pero no es un lenguaje reconocido; uno siempre puede negar que está diciendo lo que sí está diciendo”. Se pueden armar varias oraciones con un tambor. Fundó, entonces, el Festival de Tambores de Yoruba, el grupo étnico del suroeste de Nigeria.

Le llevó más de cinco años profesionalizar los ‘talking drums’. Seguía presentándose en espectáculos, mientras utilizaba su arte para luchar contra la censura. En Nigeria, los productos musicales y fílmicos deben obtener autorización previa.

“No puede haber democracia sin libertad artística”, afirma Ayo. Para la UNESCO, “la libertad artística es la libertad de imaginar, crear y distribuir expresiones culturales diversas sin censura gubernamental, interferencia política o presiones de actores no estatales. Incluye el derecho de todos los ciudadanos a acceder a esas obras y es fundamental para el bienestar de las sociedades.”

Ayo documentó 81 casos de censura contra artistas del África Subsahariana de enero a julio de 2020. Nigeria y Tanzania dominan la lista. De aquí en adelante, estará dedicado a construir una red de solidaridad para los artistas.

“Aborrezco las dictaduras”, enfatiza, y luego me pide que lo ponga en contacto con colombianos que usan la música para promover la paz.

*Laura Gil, politóloga e internacionalista, directora de La Línea del Medio, @lauraggils

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