Los centros de las ciudades están ad portas de convertirse en una bomba de tiempo social, que terminará explotando.

Los centros de las ciudades en el país atraviesan hoy serias dificultades como efecto de la pandemia. La crisis social y económica ha develado problemáticas que venían de tiempo atrás. Medellín no es la excepción a esta situación. Nuestro centro es  la expresión de los efectos que el Covid-19 ha causado en nuestra sociedad.  Allí, es el lugar donde converge el mayor número de personas y se concentra una gran parte de la actividad comercial, cultural y de servicios. Es el lugar donde hoy se manifiesta la incertidumbre y, ante todo, la necesidad de resolver las problemáticas que se han acentuado con la pandemia, porque son situaciones que arrastran un pasado sin soluciones tangibles y que hoy tienen en grave riesgo a un sin número de familias que sobreviven de lo que allí sucede, de la inestabilidad del rebusque.

En Medellín, se estima que, cada día, más de un millón de personas transitan y viven de las dinámicas del centro. En ese escenario lleno de contrastes es donde muchos tienen puestas las esperanzas de una reactivación económica que les permita tener el sustento para sus familias y pasar ese sombrío miedo que inflinge el día a día por la incertidumbre que genera no tener una estabilidad económica, y por ser para muchos, su única opción de vida.

También en los centros son evidentes las expectativas de comerciantes formales, independientes e informales, porque la cuarentena impactó profundamente el comercio y, por ende, la economía de sus habitantes.

Lo más dramático es que a la informalidad le apareció competencia y esa economía del rebusque hoy se convierte en la economía de sálvese quien pueda, porque hasta la mendicidad se aumentó, y ya no alcanza ni a resolver las mínimas necesidades básicas de quienes por su extrema pobreza acuden a esta opción de vida.

Éste es un escenario dinámico, conflictivo y vivo, donde la inseguridad, el aumento del desempleo, la quiebra de muchos comerciantes y la disminución en las ventas se agudiza cada vez más.  Esta situación genera que cientos de voces reclamen solidaridad, apoyo, y acompañamiento efectivo y urgente.

De acuerdo con cifras de la Cámara de Comercio de Medellín, luego de la reapertura del comercio, y de otros servicios, el repunte económico de los más de 22.000 establecimientos comerciales, es apenas del 50 por ciento. Y de ello no se escapan los cerca de 13.000 vendedores informales, no carnetizados, que trabajan allí, y para quienes la situación no es nada distinta, e incluso puede ser más azarosa.

Insisto, las problemáticas de los centros de las ciudades no son exclusivas de Medellín, y aunque lo que viven hoy los distintos centros urbanos del país y el mundo son similares, las soluciones tendrán que ser diferentes y dependerá de las efectivas y bien pensadas intervenciones y estrategias, de que se pueda frenar el aumento de la pobreza, de lograr una reactivación efectiva, y de que renazca la esperanza no solo en Medellín, sino en todo el país.

Es por ello necesario que, en los centros, donde confluyen el conflicto y la convivencia, las risas y las lágrimas, las tristezas y las alegrías, los rostros de la esperanza y las historias de incertidumbre, se haga un acompañamiento económico en créditos y capacitaciones en comercio virtual y se mejore el pie de fuerza y la tecnología en materia de seguridad y convivencia y los diferentes entes administrativos de las ciudades aporten más recursos económicos para la atención integral de estos territorios, según sus particularidades, de manera a atender su preocupante situación. 

Se requieren acciones inmediatas para favorecer el comercio y la recuperación económica; no se puede abandonar al sector informal, que representa en su mayoría a los más desfavorecidos del país . Y ni qué decir de quienes están allí en condición de independientes. Hoy la prioridad es la intervención social. Y en ese sentido, es necesario que se priorice presupuesto para la atención de personas en situación de calle, inquilinatos, personas en ejercicio de prostitución, niñas y niños explotados con fines de mendicidad, entre otros. 

Este panorama evidencia que, en la actualidad, los centros de las ciudades  están ad portas de ser una bomba de tiempo social, que terminará explotando y convirtiéndose en un boomerang contra nuestra sociedad.  De la articulación entre los diferentes sectores – empresarial, privado, público y academia – y la intervención social que se realice, dependerá que los centros sean esos referentes económicos, culturales y comerciales a los que todos queramos volver.

Si la pandemia aumentó los problemas, la respuesta institucional tiene que avanzar conforme a estas dinámicas; no puede seguir desconociendo las realidades que allí confluyen, dejándolos a un paso de los cuidados intensivos. 

*Luis Bernardo Vélez Montoya, médico cirujano, de la Universidad de Antioquia, presidente del Concejo de Medellín @luisbernardov

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