Diego Maradona, entre la identidad y la historia

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Quienes vimos jugar al astro argentino en el mundial de México 86 y levantar la copa del mundo, el campeonato que debió haber realizado Colombia, nos dimos cuenta que fue uno de esos talentos que nacen solo una vez.

Maradona era conocido como el Pelusa, ​Cebollita, Barrilete Cósmico, ​ Pibe de Oro, D10S​, entre otros apodos. Es y seguirá siendo un ícono entre el pueblo gaucho y, por eso, es sinónimo de identidad entre el pueblo argentino; llegó a tener su propia iglesia maradoniana, creada por miles de fanáticos suyos, quienes lo consideraron el mejor jugador de todos los tiempos. Miles de argentinos se identifican con el Pelusa, porque lo ven como un Dios del fútbol.

Maradona apareció en la Primera de Argentinos Juniors el 20 de octubre de 1976 cuando tenía 15 años y le faltaban 10 días para cumplir los 16. Fue aquel jugador artífice de llevar a la selección Argentina de César Menotti​ al mundial 78, enfrentando a Perú en cancha de Vélez. La historia dice que Menotti terminó por no darle lugar a Diego en la nómina para el mundial 78 donde, al final, se coronaría campeón frente una naranja mecánica, sin su mayor estrella, Johan Cruyff. Pero esta selección argentina proyectó al Pelusa para su avance imparable al campeonato mundial juvenil de Japón en 1979. Y después Diego Maradona siguió construyendo su genial historia. Incomparable.

El mundial organizado en Argentina en 1978, en el cual Maradona no participó, quedó históricamente opacado porque fue ganado bajo la peor circunstancia política de los argentinos, la dictadura de Videla, que intentó ocultar asesinatos, desapariciones y torturas con los goles de Mario Alberto Kempes, ya que venía de un golpe de Estado organizado por el mismo general Videla en marzo de 1976.

El 10 argentino estuvo a punto de ser fichado por el cuadro América de Cali, en la década de los años 80’s por su mayor accionista Miguel Rodríguez Orejuela, quien le ofreció un jugoso contrato por 500.000 dólares mensuales. Los hinchas escarlatas se ilusionaron, pero, poco después, Maradona le comunicó a “don Miguel”, como era llamado en Cali, que ficharía con el Barcelona de España. A la postre, Maradona se convertiría en el jugador m´ss importante de la historia del fútbol y Miguel Rodríguez sería perseguido por narcotráfico en Colombia.

Maradona será recordado por los amantes del fútbol, como una de las grandes leyendas, no solo en el contexto del futbol, sino también en el político. Maradona, caracterizado por ser un jugador zurdo, también se identificó por sus simpatías por ideologías de izquierda. Entre sus grandes admiradores estaban Fidel Castro y Hugo Chávez y Ernesto “El Che” Guevara era su ídolo.

Maradona se caracterizó por hacer declaraciones polémicas como acusar de asesino a George Bush y hasta criticar a Juan Pablo II por sus riquezas en el Vaticano y de visitar países pobres y no ofrecer ayudas.

Maradona se destacaba por su rudeza en las canchas y el letal ataque a sus contrarios en áreas políticas. Era capaz de hablar de temas de fútbol y de política a la vez; en una entrevista, por ejemplo, aprovechó para hablar de Hugo Chávez y su política bolivariana, y apoyó la lucha de las Madres de la Plaza de Mayo en Argentina. Tuvo vínculo con cantautores de música social y protesta como el cubano Silvio Rodríguez; lanzó consignas a favor de la lucha de los palestinos ─“¡Viva Palestina!”─ y, en Bolivia, fue condecorado por su apoyo a los movimientos cocaleros.

Una de sus más celebres frases fue cuando quedó campeón en el mundial de México 86 donde expresó lo sucedido con la famosa “Mano de Dios” y el conflicto con los ingleses por las Malvinas:

“La mano de Dios. Je, je… Ni los fotógrafos pudieron ver qué pasó. Y Shilton, que saltó con los ojos cerrados, se ofendió y no me invitó a su partido de despedida. Me gustó ese gol, casi tanto como el otro. Sentí que le estaba robando la billetera a los ingleses después de las Malvinas”

Después de tanto tiempo, Maradona se reencontró con la iglesia católica cuando fue elegido el cardenal argentino Mario Bergoglio como el papa Francisco, este último hincha de San Lorenzo. La empatía entre ambos era conocida; Maradona declaró: “El Dios del fútbol es argentino, y ahora también el papa”.

El Pelusa confesó que, desde 1982, consumía cocaína. Maradona, a sus 35 años, reconoció: “fui, soy y seré drogadicto, y es una batalla en la que lucho. Lo digo así porque una persona que entra en la droga tiene que tener conciencia de que la batalla hay que pelearla día a día. No podés levantarte y decir: fui. No podés. Tenés que despertarte y decir: Hoy vuelvo a luchar contra el infierno de la droga.”

Maradona seguirá siendo para los argentinos símbolo de identidad, un ídolo difícil de remplazar, considerado como aquel mito, leyenda, que construyó las bases de un fútbol moderno. Su problema con las drogas lo condujo a su retiro futbolístico en 1994. El positivo se conoció después del partido que Argentina le ganó a Nigeria 2-1 el 25 de junio del mismo año en el mundial de Estados Unidos. Tras una sanción de la FIFA que le impidió finalizar el mundial, el Pelusa dijo: “me cortaron las piernas”.

Veintiséis años después de su retiro de las canchas, millones de hinchas en el mundo lloran la muerte del astro argentino, los de la generación que, como la mía, vivimos el fútbol de una manera diferente.

*John Alexander Castro, licenciado en ciencias sociales de la Universidad Antonio Nariño.

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