El Hereje: Carlos Gaviria
Ana Cristina Restrepo. Con anexo de Santiago Pardo Rodríguez
Ariel
310 páginas. Incluye una colección de fotos.

Hay personas a las cuales es fascinante recordar y estudiar, especialmente porque su pensamiento de avanzada provocó algún tipo de revolución en la vida de los ciudadanos de un país que se empeña en conservar el marasmo del siglo XIX. Por ejemplo, Carlos Gaviria. Da curiosidad saber quién fue ese exótico magistrado de la Corte Constitucional que sorprendió a Colombia con sentencias cortas y coherentes, ajustadas a derecho y apoyadas en saberes como la filosofía, la ciencia política, la historia, la literatura o la filología. Vale la pena, también, desentrañar su faceta de profesor, candidato presidencial y luchador por la paz.

¿Cuáles fueron las claves de su humanidad y cuál el contexto que lo llevó a ser uno de los herejes ilustrados más universales que ha parido este país? ¿Qué elementos se conjugaron para que Carlos Gaviria fuera quien fue en el horizonte colombiano? ¿Cómo era su personalidad? ¿Quiénes lo rodearon? ¿Cómo afectó esa genialidad a sus seres queridos, a sus alumnos y a sus contradictores? ¿Por qué tomó esas decisiones y no otras? ¿En qué se equivocó? ¿En qué acertó?

Con la tenacidad y el rigor de una hormiguita, la periodista Ana Cristina Restrepo dedicó seis años a recoger pedacitos de la vida de Carlos Gaviria. Los recibió de la mano del mismo Gaviria y, después, tras su muerte, los recogió de aquellos quienes lo acompañaron en su camino vital… y herético. El resultado es un retrato que honra la honestidad, verdad y libertad sobre las que el maestro basó su vida.

Con la pluma de la que están hechas las mejores piezas periodísticas – es decir, aquella que hace que se confundan el periodismo y la literatura – , Restrepo se permitió hacer un retrato con todas las luces y sombras con las que está dibujada la vida humana. No hay nada monocromático en este libro, al contrario. Cada pincelada deja en evidencia a un hombre colorido, complejo y definitivamente ubicado por encima del promedio de su tiempo. Así, pues, en El Hereje confluyen el Carlos Gaviria agnóstico que servía de padrino de bautismo de los hijos de sus amigos; el defensor de la libertad individual, la razón y la lógica positivista; el lector voraz con una memoria fotográfica prodigiosa; el pésimo conductor que aterrorizaba a su familia cuando tenían que subirse a su carro; el que a veces no lograba controlar la educación machista que recibió; el vanidoso; el filósofo autodidacta; el riguroso y el temido profesor que rajaba a sus alumnos de primer año de derecho; el bromista a quien no se le podía hacer bromas; el cáustico; el que nunca dictaba clase sentado; el coqueto y a veces atrevido con las mujeres; el que se sabía la letra de todos los tangos; el malquerido por fanáticos católicos y marxistas emergentes; el romántico al que se le aguaban los ojos tanto con la sonata Patética de Beethoven como con un bolero; el referente ético del pensamiento liberal de este país, el que gastaba una fortuna en sus libros y quería más su biblioteca que a sí mismo; el contrincante intelectualmente sólido que cuando no ganaba una discusión la empataba; el hombre público cariñoso y cálido, pero distante.

Pero el libro contiene más. El abogado Santiago Pardo – hincha de Millonarios – dejó a un lado sus rivalidades futbolísticas con Ana Cristina Restrepo – hincha de Nacional – para trazar en un capítulo anexo otro retrato, esta vez del Carlos Gaviria magistrado – hincha del Deportivo Independiente Medellín – . Es fascinante leer los detalles de la tras escena de un personaje que dejó una huella profunda en la Corte Constitucional y pasearse por esas sentencias que tanto hicieron avanzar el país en el respeto de la dignidad humana -como la de la eutanasia o la del libre desarrollo de la personalidad – , por algunos de sus salvamentos de voto – como su reflexión antológica sobre el castigo – y hasta por los choques que tuvo con su competidor intelectual en la Corte, Eduardo Cifuentes. El prólogo es de la certera periodista Cecilia Orozco.

El espacio que dejó Carlos Gaviria sigue vacío: si sólo miramos el panorama colombiano de hoy pareciera tan extenso como la tundra rusa. Me parece estar oyéndolo en este momento: tenía un ritmo especial para hablar, cierto tonito profesoral, como de papá. Todavía lo recuerdo barbudo y blanco, como un Santa Claus en plena zona tórrida. No todos lo querían y eso estaba bien: no decía nada para agradar a éste o aquella. Si tenía que discutir, discutía; si había que regañar, regañaba. Pero no creo que haya considerado a nadie como un enemigo personal. Ni siquiera a su ex alumno, Álvaro Uribe, o a su rival en el Polo Democrático Alternativo, Gustavo Petro.

Me da por decir que el libro es como una hagiografía, pero sin santo, porque al hereje Gaviria – además agnóstico irredento – se le podían decir muchas cosas, menos que estaba destinado a tocar trompetas con los querubines o los serafines.

*Mauricio Arroyave, periodista, lector caprichoso y frustrado librero, @mauroarroyave. Canal de Youtube El Ojo Nuclear.

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