Entre el coronavirus y la ñeñepolítica

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Tomado de presidencia.

Se percibe un equipo descoordinado, lento, improvisador, que demuestra un enorme desconocimiento de la función pública y del entorno global.

En los últimos diez días el Presidente Duque enfrenta la tormenta perfecta que se generó en el país. Tras las gigantescas y poderosas movilizaciones de protesta de fin de año, el Gobierno arrancó el 2020 sin síntomas de mejoría, sin aprovechar oportunidades como el cambio de ministros, en un clima de mayor tranquilidad y normalidad. Sin embargo, apareció el escándalo de las grabaciones y fotos del Ñeñe Hernández con integrantes del círculo íntimo del Palacio de Nariño y del Centro Democrático, que abre serias dudas sobre la financiación de la campaña presidencial y la presunta compra de votos en el Cesar y la Guajira, que debe ser investigada por las autoridades judiciales. Después, surgió la grave crisis de salud pública con la llegada el país del COVID-19 y, finalmente, los efectos de la extensión de este virus y la guerra entre Rusia y Arabia Saudita en los precios del petróleo y la devaluación del peso colombiano a niveles sin precedentes, con lo que significa para la economía nacional.

Con un dólar que llegó a cotizarse por encima de los $4.000, asesinatos de líderes sociales que no paran, crisis en las relaciones internacionales como no se veía hace tiempo, incapacidad del Gobierno para proteger a los ex combatientes de las FARC que dejaron las armas y las cifras de desempleo más altas en una década, la pandemia del COVID 19 cae a Colombia y a su Gobierno en el peor momento, con efectos letales no solo sobre la salud de sus habitantes, sino con respecto a su estado de ánimo y la confianza en un liderazgo presidencial que cada día parece más débil.

En una crisis como la actual, los ciudadanos esperan líderes y funcionarios públicos capaces de adoptar decisiones eficaces y oportunas. Lamentablemente, se percibe un equipo descoordinado, lento, improvisador, que demuestra un enorme desconocimiento de la función pública y del entorno global. Mientras avanzaba el coronavirus por el mundo y se aproximaba el bajonazo de los precios del petróleo, nuestro jefe de Estado visitaba en una misma semana Washington para recibir instrucciones de Trump sobre la fumigación de cultivos ilícitos con el veneno del glifosato y, posteriormente, New York para intentar frenar una crisis con la ONU, desatada por la misma torpeza del Gobierno al reaccionar con el hígado y no con la cabeza a un informe de la oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos.

En medio de esta tormenta perfecta, el Gobierno parece más desorientado que nunca y pierde el poco respaldo de opinión con que cuenta, mientras su partido se mueve entre las diferencias internas generadas por una feroz guerra burocrática y la terca obsesión en volver trizas los acuerdos de paz, al insistir en esta legislatura en eliminar la JEP, como lo intentaron hace un año sin ningún éxito. A este gobierno lo está matando su excesiva ideologización y sus obsesivos odios personales. La última muestra de esta actitud es que frente al desafío del coronavirus, en lugar de establecer una cooperación humanitaria con Venezuela para controlar el virus en la frontera común, toma la decisión unilateral de cerrarla, como sin con ello evitara que entre por los cientos de trochas ilegales. Mientras tanto, en el caso de Ecuador, en donde el virus muestra mayores avances, no se toma ninguna decisión.

En fin, el gobierno sigue su rumbo incapaz de escuchar a nadie y con enorme desconocimiento del país. Los graves hechos de la última semana lo “cogieron mal parqueado” como dicen los muchachos y se encontró la tormenta perfecta en el peor de los momentos, con pérdida de legitimidad en su lucha contra la corrupción, drama en la salud pública y la destorcida de una economía que lucía estable. Ante este panorama, insiste tercamente en una agenda que nada tiene que ver con las preocupaciones de los colombianos hoy, sino más bien con las angustias del jefe del partido de gobierno: volver trizas la paz, acabar con las cortes, eliminar la JEP. Mal pronóstico entonces para lo que viene.

PD. Hacen bien los promotores del paro nacional en cancelar las marchas del 25M. Los colombianos estamos en modo pánico y cuidándonos, no en modo protesta. Ya habrá tiempo para ello. Tan inoportuna como la agenda legislativa del uribismo hoy sería insistir en movilizaciones cuando debemos proteger la salud y la vida de los colombianos entre todos.

* Juan Fernando Cristo, @cristobustos, ex Ministro del Interior y ex senador.

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