Se creía que Colombia resaltaba por su experiencia en la extradición, pero nuevamente el mágico mundo de la presidencia, donde nada es lo que parece, demostró lo contrario: cuatro solicitudes que se cayeron por el peso de su incompetencia.

La extradición es un instrumento de cooperación internacional creado para que los delitos cometidos por un nacional en otro país puedan procesarse y su respectiva pena pueda aplicarse; sirve para solicitar a un nacional que, habiendo finalizado su tiempo de reclusión en el exterior, deba aún pagar una pena en su país de origen. Dicho proceso requiere una coordinación entre los poderes ejecutivo y judicial: el ente judicial – la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá – envía la orden de captura al Ministerio de Justicia, en cabeza de Cabello Blanco, recién electa procuradora por terna del gobierno, y éste la traduce en un oficio que entrega a la Cancillería, encabezada por Claudia Blum, que presenta al gobierno estadounidense la solicitud revisada y formalizada.

José Miguel Vivanco, director para las Américas de HRW, aseguró que se incumplieron con requisitos para este trámite que “hasta un estudiante de primer semestre de derecho conoce”. Más de 30 años de experiencia se esfumaron a la hora de traer de vuelta a quien, junto a los hermanos Castaño, formó y lideró las Autodefensas Unidas de Colombia. Nuestro indigno gobierno presentó entonces indignas soluciones pues siempre tiene un as bajo la manga, un conejo por mostrar (o hacer): el Alto Comisionado para la Paz, la Legalidad y la Convivencia, Miguel Ceballos, propuso acudir al Tribunal Europeo de Dererechos Humanos, en caso de que Mancuso fuese enviado a Italia, para lograr su vuelta a Colombia. ‘O sole mio’, lumbrera del derecho, salvador de Mancusos, poco o nada podía hacer un tribunal de derechos humanos, diseñado para juzgar Estados y no individuos.

Se preveía que el 5 de septiembre Mancuso, con total gratitud hacia don Vito Corleone y su herencia en el gobierno Duque, y acompañando la voz de Andrea Bocelli, entonara finalmente Por ti volaré rumbo a Italia junto a sus varias verdades que enlodaban políticos, empresarios, militares, entre otros. En un dramático giro de eventos de esta novela judicial, se dio a conocer la presión que ejerció el Departamento de Justicia estadounidense por orden de Donald Trump, que aparentemente logró cambiar el que parecía ser el inevitable destino de Mancuso comiendo gnocchi y bebiendo vino. Mientras tanto, en la embajada de Colombia en Estados Unidos aún se encontraban traduciendo la última de las cuatro fallidas solicitudes, bajo la dirección de Francisco Santos, quien curiosamente es uno de los principales afectados por las verdades del ex paramilitar. ¡Qué Cosa Nostra la del silencio!

*Santiago Bohórquez Garrott, estudiante de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia.

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