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El Reino
Emmanuel Carrère
Anagrama
516 páginas

El cristianismo es una de las aventuras más apasionantes en las que se ha embarcado el hombre en los últimos dos mil años. Aunque uno no sea cristiano, tiene que admitir que es una ideología que ha tocado el corazón de miles de millones de personas, algunas de las cuales han dado, en nombre de su credo, ejemplos muy notables de solidaridad, dignidad y generosidad humanas. Aun así, el cristianismo es una moneda de dos caras: la otra está colmada de intriga, traición, poder, irracionalidad, dinero, sangre, odio, lujuria y, sobre todo, infelicidad. A veces cuesta creer que sea una ideología que se defiende a sí misma como hija del amor y que cientos de generaciones hayan encontrado en ella, con cierto éxito, una respuesta a las preguntas de su vida. 

La génesis del cristianismo ha generado siempre un interés especial. Esos acontecimientos que empezaron a desarrollarse unos veinte años después de la muerte del llamado Jesús de Nazaret, cuando un ciudadano romano de nombre Saulo de Tarso —san Pablo—, con raíces judío-fariseas y de idioma y cultura griegas, se interesó no tanto por la vida de Jesús como por su supuesta resurrección. Junto a él hubo otros personajes fundamentales para la construcción de la que pronto sería una nueva religión escindida del judaísmo, entre ellos Lucano —san Lucas—, médico culto, no judío, escritor tanto del evangelio que lleva su nombre como de su segunda parte, el libro de los Hechos de los Apóstoles. 

El Reino es un texto de divulgación histórica con algunos pincelazos de teología. Está escrito a medio camino entre el ensayo y el testimonio personal, una técnica muy propia de quien es, sin duda, uno de los mejores escritores de nuestro tiempo: Emmanuel Carrère. Es un libro extraño: la primera parte es un testimonio del autor sobre su proceso espiritual, en el que cuenta cómo llegó un día al catolicismo comprometido, de misa diaria y rosario en mano, y terminó con una pérdida absoluta de la fe. Todo este camino lo comparte con el lector con una gran honestidad personal, sin sentimentalismos o arrebatos místicos y, en cambio, con un delicioso sentido del humor y una prosa exquisita —la traducción es bastante buena—.

Ese Carrère agnóstico y apasionado por el pensamiento cristiano primitivo es quien acompaña al lector en un viaje por Grecia, Judea y Roma, entre los años 50 y 90 de la era común. Las páginas van entretejiendo las reflexiones vivenciales del autor con la historia de la creación del Nuevo Testamento. Lo hace de manera entretenidísima y los resultados son interesantes y reveladores. Carrère sabe transmitir su fascinación por los primeros cristianos, internarse sus motivaciones personales, explorar su vena revolucionaria tanto moral como política, asombrarnos de su temeridad y —como no podría ser de otra manera con las religiones— presentarnos sus agrias disputas sobre la posesión de la verdad en la interpretación del mensaje. 

El Reino es un intento de explicación acerca de la manera como pudieron haber sido escritos los libros del Nuevo Testamento y cuál fue la función que cumplieron. Regala un panorama muy amplio de la manera cómo se hacía política en la región y de cómo se desarrollaban las primeras comunidades cristianas del Asia Menor. Se pregunta por qué Pablo, que nunca conoció a Jesús, se empeñó en crear una nueva teología con tintes helenísticos y se apartó de los discípulos, Pedro y Santiago, hasta convertirlos en sus más enconados rivales; también se explaya en la figura de san Lucas y en explicar por qué éste siguió a Pablo a prácticamente a cualquier sitio al que iba. Por otro lado, aunque presenta a Pablo como un hombre furioso, intolerante y celoso, ofrece sus razones para dudar de que haya sido un perseguidor de los seguidores de Jesús. 

Pero hay más: éste es un relato para conocer un poco cuál fue el papel de Jesús como predicador y líder político, y cuáles eran sus métodos de proselitismo; explica cómo se vivía el judaísmo en los tiempos de Cristo, cómo se predicaba en las sinagogas, cuál era la función del Templo de Jerusalén y cómo eran algunas de sus dinámicas. También se interna en las mentes de los evangelistas, en las relaciones entre ellos y las fuentes en las que se basaron para escribir sus libros. En general, creo yo, éste un estupendo texto para entender los orígenes del cristianismo, ese terreno desde el que la fe se puede interpretar, como dice el propio Carrère, cual “si fueran pruebas impuestas por un dios que organiza la salvación de cada uno como una carrera de obstáculos”. 

*Mauricio Arroyave, periodista, lector caprichoso y frustrado librero, @mauroarroyave. Canal de Youtube El Ojo Nuclear.

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