La democracia tiene doliente

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Este proyecto no fue tan espontáneo, marginal, improvisado, o que se haya dado de la noche a la mañana. Esto lo venía adelantando el Gobierno.

¡Golpe de Estado! ¡Golpe a la democracia! Así exclamaron las redes sociales una vez el país conoció la radicación, en secreto, por un puñado de anónimos representantes a la Cámara, del Acto Legislativo 547 del 17 de marzo en la Secretaría General de esa corporación.

Y no era para menos. No sólo era un adefesio jurídico, sino que de paso se convertía en una peligrosa iniciativa que haría estallar en mil pedazos nuestra Constitución Política, tan reconocida a nivel mundial, por lo completa y garantista de los derechos.

El proyecto de reforma constitucional 547, nada más y nada menos, proponía cambiar varios artículos de nuestra carta política, para permitir el alargue del período presidencial, de los congresistas y de altos funcionarios del Estado, algo que no tenía presentación alguna, o como se dice en el argot popular, un proyecto sin pies ni cabeza.

Una piñata de beneficios para el Jefe de Estado, congresistas y de paso para otros altos dignatarios, incluso para magistrados de Altas Cortes, Procurador, Defensor y Contralor, se hubiese llevado por delante todo lo construido en nuestra norma suprema. Proponían, aumentar en dos años el actual período de todos estos personajes, destruyendo de un plumazo la arquitectura constitucional.

Éste, era un proyecto del cual se había venido escuchando en corrillos políticos, pero nadie lo daba por confirmado y, como sacado de la manga, repentinamente fue presentado en la Secretaría de la Cámara baja.

La indignación nacional no se hizo esperar. Pues, tan pronto se supo de este orangután que se abría camino en el Congreso, todo el mundo estalló en cólera, llovieron criticas de todos lados, trinos iban y venían, comunicados de prensa, pronunciamientos. La gente y los ciudadanos reaccionaron muy rápida, pero contundentemente ante esta grave amenaza que hubiese puesto en grave riesgo nuestra democracia y que, además, daba una bofetada al constituyente primario que decidió en las urnas por sus representantes para períodos de cuatro años y no de seis como se pretendía.

Pero este proyecto no fue tan espontáneo, marginal, improvisado, o que se haya dado de la noche a la mañana. Esto lo venia adelantando el Gobierno y lo venían preparando los partidos, ellos se consiguieron unos representantes poco visibles, que tal vez no tuvieron la moderación, la malicia y, aprovechando su poca experiencia, fueron usados de punta de lanza para ver cómo les salía la cosa. Ese globo ya iba andando, arrancó con el director de la Federación de Municipios, iba rodando como acto legislativo y lo iban a probar para ver cómo iba avanzando y luego toda la caballería.

Este esperpento jurídico tuvo una respuesta contundente de la gente, la fortaleza de los ciudadanos de todo el país, de los medios de comunicación, los sectores sociales, los sindicatos, los demócratas de Colombia, los académicos y, finalmente, hubo un colofón y un contundente pronunciamiento, donde organizaciones como el Pacto Histórico, encabezado por Gustavo Petro, Alexander López, Roy Barreras; la Coalición de la Esperanza con Sergio Fajardo, Humberto De La Calle, Juan Manuel Galán, Juan Fernando Cristo; los verdes encabezados por Antonio Sanguino, Ángela Robledo y Angélica Lozano y, por supuesto, el liberalismo social demócrata, identificado por Luis Fernando Velasco, Andrés Cristo, Temístocles Ortega, Rodrigo Lara y este servidor, al unísono rechazamos este atentado a nuestra democracia.

Por lo menos, hubo una manifestación de unidad en defensa de la paz, de la democracia y de la vida en Colombia, una posición contundente de la sociedad colombiana y también una declaración política de las fuerzas no gobiernistas.

La oportuna reacción y la presión ciudadana, convertida en indignación nacional, hizo que rápidamente el esperpento se hundiera. Quince representantes que lo suscribieron, se bajaron del bus casi que de inmediato, pero los ciudadanos no van a olvidar quiénes quisieron actuar como traidores de la democracia.

Aquí pretendieron usarnos como conejillos de indias, pero “les salió el tiro por la culata”. Esa reforma constitucional nació viciada y era a todas luces INCONSTITUCIONAL, absolutamente ilegítima e inconveniente. Se convertía en un claro abuso de poder de quienes lo firmaban porque estaban legislando en causa propia e interés personal, lo que sin duda podría haber terminado en pérdida de sus investiduras.

Lo importante aquí es que nuestra Constitución del 91 sobrevivió este duro ataque de los contradictores de la democracia y, como dijo Humberto De La Calle, resistió el terremoto, pero debemos seguir atentos a las réplicas.

Ojalá toda esa rabia e indignación de la gente se vea reflejada en las urnas. Todos debemos salir a votar para cambiar este régimen autoritario y totalitarista que nos gobierna y ya verán como el rumbo del país cambia positivamente.

*Guillermo García Realpe, Senador, @GGarciaRealpe

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