Señores y señoras, la minga no está infiltrada como lo quieren hacer ver; los marchantes provienen de la gran provincia colombiana y no hacen parte de ningún grupo armado ilegal.

En abril de 2019, durante 27 días, el país vio cómo se paralizó el suroccidente colombiano por cuenta de la minga indígena que masivamente se movilizó para exigir el cumplimiento de sus derechos y garantías a la preservación de la vida en sus territorios.

Durante largas semanas, departamentos como el Cauca, Nariño, Valle y, en general, todo el Pacífico colombiano vieron como la economía regional y la productividad se paralizaba por la falta de un consenso oportuno entre el Gobierno nacional y los líderes indígenas.

Año y medio después, la situación se repite y no precisamente por los puntos de la agenda que, finalmente, en buena parte fue concertada en aquella oportunidad. Hoy, la minga nuevamente se moviliza exigiendo, en primer lugar, que el Presidente de la República los escuche porque, en esa oportunidad y a finales de 2019, también los dejó plantados.

Temas como el respeto a la vida y a su autonomía territorial, el fin del asedio por parte de grupos armados ilegales y la implementación de los acuerdos de paz son parte de la agenda que esta vez los indígenas buscan sea escuchada por Iván Duque.

En principio, se buscó un acercamiento en Cali, pero nuevamente el Presidente no acudió a la cita, situación que obligó a la minga a desplazarse a la ciudad de Bogotá en donde esperan que esta vez sí sean escuchados por el Jefe de Estado.

Hay que señalar que ésta es una minga pacífica, propositiva, sin vías de hecho, lo que demuestra el ánimo conciliador de los pueblos indígenas. Ojalá la soberbia, el dogma y el sectarismo político de algunos sectores del partido de Gobierno no se impongan en las decisiones del ejecutivo y echen al traste las buenas intenciones de los marchantes.

Hemos visto como desde diversos sectores quieren deslegitimar el derecho a la protesta y a estigmatizar a los indígenas de guerrilleros, de aliados del narcotráfico, de obstaculizar las políticas del Gobierno, en fin, toda una serie de sindicaciones y apelativos que hacen daño a las comunidades. Lo único que quieren y buscan es vivir en paz y parar la exterminación.

Señores y señoras, la minga no está infiltrada como lo quieren hacer ver; los marchantes provienen de la gran provincia colombiana y no hacen parte de ningún grupo armado ilegal. Quieren hacerle creer a la opinión pública nacional que la minga incrementará los casos de Covid. Entonces, pregunto: ¿las aglomeraciones de los días sin IVA, cuando salieron 500 mil o más colombianos, no fueron dañinas y la de siete mil indígenas que exigen reclamaciones sociales sí? Buscan excusas y pretextos para evadir responsabilidades.

Esa estigmatización de la cual es víctima la población indígena sí que es dañina. Bien es sabido que el Cauca, Nariño y otras regiones han sido escenario de muerte y barbarie en los últimos meses; los violentos siguen imponiendo terror y zozobra sin que haya poder alguno desde las instancias oficiales que frene el baño de sangre que se vive en el suroccidente colombiano. Es por eso que marcha la minga, exigiendo garantías para la vida, respeto por sus líderes y no más exterminio en sus territorios.

De acuerdo con Indepaz, desde el año 2016, han sido asesinados 269 líderes indígenas en Colombia, de los cuales 242 luego de la firma del Acuerdo de Paz y 167 durante la presidencia de Iván Duque (al 8 de junio de 2020) y durante lo corrido del 2020 ya son 47 los líderes indígenas exterminados en diferentes zonas del país. Un baño de sangre de enormes proporciones sin lugar a dudas. Además, están documentadas en Colombia más de 65 masacres en los diferentes territorios.

Bienvenida la protesta pacífica, bienvenida la minga a Bogotá. Somos más los que queremos un país con garantías para la vida, donde cese el odio y la violencia y donde renazca la paz, la reconciliación nacional, el respeto por la diferencia y donde la guerra sea cosa del pasado.

*Guillermo García Realpe, Senador, @GGarciaRealpe

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