La Minga del 2020 engloba organizaciones étnicas, campesinas y urbanas que se movilizan con una agenda política por la defensa de la vida y los derechos de las comunidades. 

La sociedad en la que vivimos es agresiva en sus expresiones, desconoce sus raíces y cree que los productos de la tierra llegan a su mesa sin ningún esfuerzo. Es indispensable observar más allá; acaso sabemos de dónde vinimos. Muchos hemos llegado de familias campesinas que emigraron a las grandes ciudades.

Por estos días se observan interminables discusiones sobre el Día de la Raza, que se conmemoró el 12 de octubre. Existen dos posturas que vale la pena resaltar para comprender qué es realmente lo que pasa con este día: la primera evoca un intercambio cultural a partir de 1492 entre europeos y americanos, mientras que, para otros, es el inicio de un proceso de invasión que no ha terminado con la cruz y la espada.

En Colombia, se rinde homenaje a mestizos, negros, indígenas, mulatos, zambos y blancos.  El Departamento Administrativo Nacional de Estadística – DANE – señala la distribución de la población por pertenencia étnica y su ubicación por departamentos, indicando que somos 47´661.787 habitantes, distribuidos en 4´281.192 negros, mulatos, afroamericanos, 30.565 Raizales del archipiélago de San Andrés, 4.858 Rom-Gitanos y 1´392.623 indígenas. La población afroamericana se concentra en el Chocó, San Andrés, Bolívar, Valle y Cauca y la población indígena está en Vaupés, Guainía, La Guajira, Vichada y Amazonas.

Hablar de razas puede conducir la discriminación y, aunque el debate no ha terminado, es indispensable dar una mirada a los pueblos indígenas, observar su proceso de construcción y su concepción de mundo, que es muy distinto a lo que normalmente se vive en las ciudades.

Con respecto a la historia reciente de la organización de los pueblos indígenas, se puede decir que uno de sus hitos fundamentales es la creación en 1971 del Consejo Regional Indígena del Cauca – CRIC, con siete cabildos e igual número de resguardos.  Aunque al inició debió resistir la represión de los terratenientes y de la fuerza pública, gracias a la potencia de la organización y al acompañamiento espiritual de los mayores, han logrado un mayor reconocimiento, el cual se protege jurídicamente por medio de la aplicación de la ley 89 de 1890 que, en su artículo 2, señala “las comunidades de indígenas reducidos ya a la vida civil tampoco se regirán por las leyes generales de la República en asuntos de Resguardos”. De esta forma, existe una organización para las comunidades que merece respeto.

Ante las situaciones de injusticia, nace la Minga social y comunitaria por la defensa de la vida, el territorio, la democracia y la paz, un camino para ser escuchados, un movimiento pacífico que, en su definición, integra el concepto de trabajo comunitario con utilidad social.  Se trata de una metáfora que redirecciona a la práctica tradicional de cultivar colectivamente la tierra y repartir sus frutos equitativamente.  La Minga del 2020 engloba organizaciones étnicas, campesinas y urbanas que se movilizan con una agenda política por la defensa de la vida y los derechos de las comunidades.  Se esperaba que el próximo 19 de octubre llegaran a Bogotá en un ejercicio importante para nuestra sociedad, pero su ingreso se adelantó, al no poder realizar una parada en el Municipio de Soacha Cundinamarca. Su desplazamiento a la capital de la República ocurre en razón a que en la ciudad de Cali el Presidente de la República no atendió a la cita del 12 de octubre en la Plaza San Francisco.

Los pueblos indígenas han sido estigmatizados de múltiples formas.  Existe un dicho conocido que evoca “la malicia indígena”, que se ha hecho popular, llevando a pensar que la persona que tiene esta característica es por naturaleza el más astuto para el mal, y eso supuestamente es lo mejor en un país que ha sido calificado de ser uno de los más corruptos. Puede decirse que quien no aplica esta regla no hace parte del selecto grupo de avivatos, pero realmente, ¿es una herencia de los pueblos indígenas? O quizá una terrible etiqueta. 

La malicia indígena puede tener que ver, más bien, con las estrategias de los pueblos para defender su raíz y no obedecer leyes injustas, no con el concepto arraigado que se conoce popularmente.

También se ha dicho que la Minga social y comunitaria está infiltrada por actores armados, que es otra forma de estigmatizar y desconocer su autonomía como pueblo, buscando concentrar la atención en acusaciones sin fundamento, desinformar y generar temores en la sociedad ante una organización pacífica que busca ser escuchada.  En carta dirigida por la Minga al Presidente de la República, manifiestan el rechazo público, ante la “continuidad de la violencia sociopolítica en contra de pueblos y comunidades y los homicidios, masacres, atentados, amenazas, desapariciones y desplazamientos forzados, cometidos en contra de personas, líderes sociales, defensoras de derechos humanos”.  Los pueblos indígenas sufren así la violencia y la devastación de sus territorios por políticas extractivistas que imponen la minería y los megaproyectos, con estos hechos victimizantes como algunas de las consecuencias. En este contexto, las comunidades continúan reclamando la implementación del Acuerdo de Paz y los diálogos con grupos armados, lo cual es indispensable para solucionar el conflicto que vive el país.  En el más reciente informe de Indepaz, solo en lo que va corrido del año, 227 líderes sociales y defensores de derechos humanos han sido asesinados, así como 10 familiares relacionados con este grupo de personas, 49 firmantes del Acuerdo de Paz y excombatientes.

La situación es preocupante y la Minga se moviliza para visibilizarse ante la sociedad, para resistir en pro del cambio desde su tejido social y sabiduría ancestral, que armoniza con la naturaleza y las fuerzas de la vida su incansable lucha por la protección de sus territorios y el cumplimiento de sus derechos.

A través de un comunicado, la Asamblea del Cauca brindó también apoyo a la Minga, recordando que el año anterior hubo un compromiso para dialogar en el municipio de Caldono, pero el Presidente no acudió al lugar del encuentro con las comunidades. Hoy nuevamente se espera que este llamado sea atendido.

En declaración del 14 de octubre, el Representante Especial del Secretario General, Sr. Carlos Ruiz Massieu, en la sesión informativa del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre Colombia, dijo que “Encontrar formas de detener esta violencia es fundamental para cumplir la promesa del Acuerdo de Paz (…) Uno de los objetivos del Acuerdo de Paz es lograr una transformación profunda de la Colombia rural. Las consecuencias de la pandemia han puesto aún más en evidencia la urgencia de asumir el reto histórico de llevar desarrollo, seguridad y oportunidades a las zonas rurales de Colombia”.

Es importante apoyar y conocer los procesos de construcción de tejido social y reconocimiento de los pueblos indígenas y de los diversos sectores sociales que se han unido a la Minga, con el propósito fundamental de garantizar la vida en un proceso democrático y en paz, buscando proteger sus territorios y superar definitivamente la discriminación y la estigmatización de estas poblaciones y así poner fin al derramamiento de sangre de los colombianos.

*Sandra Castillo, abogada, @sandra_doly

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