La muerte de la verdad

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El profesor Fernando Ortega explica cómo se acaba con la verdad para adueñarse de la política. Lo podrá escuchar el sábado 14 de noviembre a las 9:00 am por la Línea del Medio en el evento titulado Verdad/ Wahrheit.

Esta semana se dio a conocer por parte del periódico “El Espectador” el oscuro episodio de una posible “operación de entrampamiento” contra alias Jesús Santrich para afectar el proceso de paz en Colombia y deslegitimar lo acordado.  Mientras tanto, la democracia norteamericana enfrenta uno de sus mayores desafíos en décadas, dada la negativa del presidente en ejercicio de aceptar los resultados obtenidos en las urnas, aduciendo la existencia de un fraude que sigue a la fecha sin poder acreditarse. 

¿Cómo es posible afirmar que la administración federal se está preparando para una “transición exitosa” hacia un segundo periodo presidencial de Donald Trump, a pesar de haber sido derrotados?  ¿Qué fue lo que pasó con alias Santrich que, según lo publicado, implicó la intervención de una agencia de inteligencia extranjera en coordinación con personal de la Fiscalía General de la Nación, buscando poner en peligro un Acuerdo de Paz de rango constitucional en Colombia y convencer con ello a la opinión pública de la ocurrencia de hechos que en realidad nunca ocurrieron? 

Probablemente” – afirmó Hannah Arendt en 1950 con ocasión de una de sus visitas a la Alemania de postguerra – el aspecto más sorprendente y también más aterrador de la huida de Alemania de la realidad reside en la actitud de tratar los hechos como si fueran meras opiniones”.  La relación entre verdad y política preocupaba tanto a la filósofa alemana como poder sistematizar sus análisis sobre el totalitarismo.  Fue así como en medio de la controversia suscitada con la publicación de su informe “Eichmann en Jerusalén” y, dado el inicio de la Guerra en Vietnam, Arendt, que se había nacionalizado norteamericana, decidió analizar la esencia y función de la “mentira propagandística” (Propagandalüge), concluyendo que no se trata de la representación verdadera o falsa de una situación, sino de la disolución de las categorías verdadera y falsa como tales. 

De hecho, el súbdito ideal de la dominación total para Arendt no era el nazi o el estalinista convencido, sino aquel individuo para quien la diferenciación entre realidad y ficción (la realidad de lo vivido) o entre lo verdadero y lo falso (la medida del pensamiento) ha dejado de existir.  Así, a través de la exageración y el oportunismo, “cuando los hechos son reemplazados consistentemente por mentiras y ficciones totales, resulta que no hay sustituto para la verdad, porque el resultado no es de ninguna manera que la mentira sea difamada, sino que se destruye el sentido humano de orientación en la vida real, que no puede funcionar sin la distinción entre la verdad y la falsedad”.

Una vez se logra acabar con la distinción entre verdadero y falso, es posible establecer lo que se denomina “meta-comunicación” (Pörksen), en donde lo que se dice ya no es una representación de los hechos, sino más bien la comunicación permanente de mensajes adicionales, es decir, no la descripción de un estado real, sino la formulación de un programa de acción para el futuro.

Después de que Trump estuvo trabajando durante años en la erosión de las categorías “verdadero” y “falso”, logró establecer este tipo de meta-comunicación, por ejemplo, cuestionando el resultado de las elecciones, sin preocuparse tanto por sustentar sus afirmaciones como por enviar la señal permanente a sus seguidores de que no habrá lugar para la derrota.  Ya cuando hablaba de poderes secretos que querían dejarlo fuera del cargo, se presentaba como amigo de todos aquellos que también se ven a sí mismos como injustamente desamparados, insinuando desde entonces que en el caso de una derrota probablemente no dejaría la presidencia.

Los seguidores de Trump no se dejan engañar por sus mentiras y declaraciones falsas, sino que el presidente en ejercicio de los Estados Unidos logra despertar un resentimiento profundamente arraigado y mantenerlo vivo a través de su comunicación vacía de hechos, lo cual no es otra cosa que declararle la muerte a la verdad. Se trata de un tipo de meta-comunicación que permitió a Trump prepararse para no aceptar la derrota y le permitirá seguir contando con su base electoral para su proyecto político en el futuro.

Esta omisión sistemática de los hechos en la comunicación invita en nuestro caso a reflexionar sobre el comportamiento y las estrategias de muchos miembros del partido de gobierno y del gobierno mismo en Colombia frente al proceso de paz, donde al igual que en las elecciones en los Estados Unidos, la verdad de los hechos pareciera ser lo que menos importa.  Garantizar un programa de acción para el futuro logrando aferrarse así al poder alcanzado, ése es el objetivo.  Acabar con la verdad para adueñarse de la política.

*Fernando Ortega, abogado y docente universitario. DAAD-Alumni. Cuenta con una Maestría y un Doctorado en Derecho de la Universidad Johannes Gutenberg de Mainz, @FerOrtegaC.

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