La Ley de Víctimas resume la lucha y esfuerzo de miles de anónimos líderes y lideresas sociales en los territorios.

Hace ya un año, presenté ante el Congreso de la República el proyecto de ley que prorrogaba la Ley de Víctimas y los decretos étnicos con fuerza de ley junto a la representante María José Pizarro. Sabíamos que era de vital importancia preservar este instrumento jurídico que establece el marco legal para materializar los principios de verdad, justicia, reparación y no repetición a favor de las victimas.

El pasado martes, en el Senado de la República, con la ponencia del senador Roy Barreras culminó su cuarto debate este proyecto, que fue aprobado por unanimidad en todos los debates. Terminado el trámite en el Congreso, pasó a sanción presidencial.

La aprobación de la prórroga por parte del Congreso envía un mensaje claro de apoyo político unificado de ejecutivo y legislativo a la política pública a favor de las víctimas. Y esto no es tema menor. La Ley de Víctimas resume la lucha y esfuerzo de miles de anónimos líderes sociales en los territorios que desde hace muchos años se convirtieron en las únicas voces que denunciaban las atrocidades en las zonas rurales y apartadas del país por cuenta de la cruenta guerra que se ensañaba con las comunidades campesinas más desprotegidas ante la ausencia total del Estado.

Cientos de estos líderes fueron asesinados, desaparecidos, desplazados y hasta encarcelados por sus denuncias ante un Estado que en ocasiones se alineaba con los asesinos para encubrir sus violentas fechorías. Grupos guerrilleros, grupos paramilitares, organizaciones narcotraficantes, ambiciosos empresarios, y políticos más corruptos conformaron un violento huracán de muerte y dolor que acallaba la voz de grandes poblaciones sometidas y subyugadas.

La Ley de Víctimas es un testimonio vivo de todos esos miles de líderes sociales y humildes inmolados. Es un testimonio vivo de las generaciones de menores levantados por sus madres viudas y solitarias en círculos de miseria citadina tras el desplazamiento que produjo el terror.
Es un testimonio vivo de miles de madres que ante el dolor del abuso y muerte cernida sobre sus hijos acusaban valientemente y a viva voz a los actores violentos de tales atrocidades.

Gracias a todos ellos, poco a poco se descubre la verdad de aquellos tiempos macabros y oscuros. Gracias a todos ellos, miramos la verdadera cara de quienes se erigían como salvadores, mientras oprimían y desaparecían las comunidades campesinas y les despojaban de sus pequeñas parcelas.

Insistir, persistir y resistir hasta que las víctimas logremos superar la condición de vulnerabilidad que nos generó el conflicto armado es la consigna de una generación de victimas sobrevivientes que no será posible volver a silenciar. ¡Bienvenida la prórroga!

*John Jairo Hoyos, ingeniero, representante a la Cámara por el Valle del Cauca, víctima del conflicto armado por secuestro y asesinato de su padre Jairo Hoyos, uno de los 11 diputados sacrificados por las FARC.

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