“Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”, escribió Jorge Luis Borges.

Desde el l4 de septiembre, en una cita diaria (11 de la mañana hora colombiana y 18:00 hora italiana), el público conectado al canal de youtube de #MemorArteFest2020, ha sentido la fuerza del arte y del saber para expresar los anhelos de paz del pueblo colombiano, reconstruir la memoria y celebrar la resiliencia de las personas afectadas por el conflicto armado.

Han desfilado por allí decenas de experiencias de construcción de paz, conciertos, reflexiones, homenajes especiales, documentales, conversatorios, entrevistas, cine, testimonios, teatro, títeres, talleres de formación, convocados por este primer Festival Internacional Digital de la Memoria, gracias a la Asociación Migras y al Nodo Italia de apoyo a la Comisión de la Verdad, un entusiasta grupo de hombres y mujeres colombianos migrantes en ese país. El #MemorArteFest2020 se transmitirá hasta el 31 de octubre a través de las redes del festival en Facebook y Youtube, así como de la Comisión de la Verdad.

Durante la apertura del festival, el escritor William Ospina, en su intervención “Lo que hay que cambiar”,  hizo referencia a las élites que detentan el poder en la frágil sociedad colombiana y expresó: “lo contrario de la violencia, que nos hace víctimas inermes de los otros, es la acción creadora de las mayorías, su fuerza tranquila, su responsabilidad y su libertad”.

Todas las artes se han hecho presentes en este festival y han dejado su huella profunda en la sensibilidad de quienes se han conectado. Aún resuenan las voces que allí se han expresado, como la del poeta y cineasta Víctor Gaviria, hablando de los actores naturales de sus películas, que son para él como unos caracoles: llevan su vida a cuestas. “Y esa vida – dijo – la expresan a través de un lenguaje que a muchos puede parecer soez pero que, en realidad, expresa exclusión, dureza, abandono”. Y soltó clarita su invitación: “para que esta sociedad vuelva a conectarse, es necesario que quienes están fuera del pacto social se integren con quienes han vivido la bondad en vez de la exclusión”. 

Durante su concierto en #MemorArteFest2020, César López narró algunas de las múltiples iniciativas de paz que se viven en muchas regiones colombianas: “el país lleva años haciendo la guerra, señaló, pero también lleva años haciendo la paz”. Su canción “Hasta que amemos la vida” nombra una a una las personas que han caído en esta absurda matanza, porque los violentos buscan borrar la identidad de sus víctimas. Agregó que “el ejercicio del arte permite que persevere la vida de violentos y no violentos, pues las víctimas son de todos los lados”.

Inspirador el concierto de Carolina Muñoz y los homenajes especiales, donde florecieron sentimientos, poemas, recuerdos… por ejemplo en el homenaje a Gabo, a Santiago García, a Teresita Gómez y a Enrique Vargas, quien acaba de publicar el libro “Todo ya está aquí, aunque no se vea”, de Ícono Editorial.

Chucho Abad Colorado, como periodista, ha recogido el testimonio escrito y gráfico de momentos claves de la historia reciente, tan opuestos como la atrocidad de las violencias o la humanidad de la paz. Maravillosa su evidencia en #MemorArteFest2020 de aquel excomandante de las Farc que conoció de fusil al hombro y pocos años después lo encontró de nuevo, desarmado y con guitarra en mano, dedicando una canción a su amada. De ahí la invitación a sus colegas: “que la prensa induzca a la reflexión, no al odio”.

Un grupo de catedráticas colombianas, María Emma Wills, Yolanda Sierra y Francesca Casafina, conmovieron a la audiencia del MemorArteFest 2020, sobre los daños que este conflicto ha producido y el papel de la memoria, del arte y de la cultura para restaurar confianzas que la guerra rompió. En todos estos procesos – afirmaron – la mujer es esencial como tejedora en la construcción y en la transmisión de memoria o narración de lo que ocurrió.

La condición del exilio colombiano en Europa ha experimentado un cambio asombroso: de ser invisible, ha pasado a construir lazos de solidaridad que logran rescatar la identidad y la autoestima fortaleciendo fuertes lazos con Colombia; de ser un acto individual, la diáspora colombiana, en muchas ciudades europeas, se ha convertido en un acto político, para construir identidad colectiva y aportar así al proceso de paz.

Esfuerzos como este homenaje a la memoria, sin retóricas, llenos de corazón, como así lo muestra el artista mexicano Mauricio Gómez, quien diseñó el poster de autor del festival, evidencian el corazón de un pueblo que palpita y la necesidad de hacer germinar la paz. Quizás todo ello conduce, realmente a la sentencia borgiana: “somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”.

*María Cristina Alvarado, periodista, comunicadora en proyectos de paz.

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