Septiembre 14 y 15 de 1977, septiembre 10 de 2020

Lo más nocivo es la situación de olla de presión sin perspectivas. Es la hora de restaurar la lógica que hizo posible el 21 N de 2019. Solo un movimiento de masas puede hacer posible una salida fecunda al presente, agobiante malestar.

Relación de fechas y épocas

Son fechas trágicas y al tiempo exaltantes en la historia contemporánea de Colombia. Están separadas por 43 años. El Paro Cívico Nacional (PCN) de 1977 ha sido objeto de estudios sociológicos e históricos. Sus consecuencias a corto y largo plazo han sido evaluadas. En este septiembre estamos bajo el agobio de la sorpresa, sumergidos en las corrientes profundas de la indignación, desatada primero por el cobarde, brutal y gratuito asesinato de Javier Ordóñez a manos de la Policía Nacional y luego por la precipitación en serie de los asesinatos de los jóvenes ocasionados por las balas de la misma fuerza frente a las airadas manifestaciones populares.

Las miserables declaraciones de felicitación a los generales expresadas por Duque, el presidente-vicario, y las provocaciones y amenazas a la ciudadanía del torpe y perverso ministro de Defensa Carlos Holmes Trujillo han operado como nutriente adicional y poderoso de la indignación y la ira colectivas.  La pregunta – ¿hacia dónde puede ir el país? – puede hacerse objeto de conjeturas.  Para formularlas con mayor garantía de acierto, ayuda el estudio del PCN de 1977 de sus características constitutivas y de sus consecuencias a corto y largo plazo que, de forma muy sucinta, paso a señalar.

Septiembre de 1977

Se impone de entrada para el PCN la distinción entre la huelga de los trabajadores y la explosión social espontánea de grandes sectores de la población en los barrios populares de Bogotá, principalmente, y también de otra ciudades capitales.

EL PCN se produjo en la parte final de un decenio de crecimiento moderado que presentaba tasas de crecimiento del PIB de cerca del 4% anual, de buen desempeño industrial, de aumento de las exportaciones y de las reservas internacionales. Sin embargo, la evolución de la situación material de los trabajadores experimentaba notable empeoramiento. Se redujo en seis puntos porcentuales la participación del trabajo en el ingreso nacional. El fenómeno que se presentaba como una novedad era el de una creciente inflación. El alto costo de la vida incidía en el deterioro del salario real. Por eso, la protesta contra el alto costo de la vida fue el factor más general que agrupó a los grandes sectores que respondieron de manera afirmativa a la convocatoria de paro cívico.

Jugaron un papel decisivo en el respaldo al PCN las motivaciones de orden político. En 1974, había llegado a su término el régimen político del Frente Nacional. En el ambiente del país, florecieron esperanzas de que se abriría un proceso de democratización. El candidato a la presidencia de la República que parecía encarnar esas aspiraciones era Alfonso López Michelsen tanto por las promesas electorales como por su trayectoria de disidente por haber sido creador y dirigente del Movimiento Revolucionario Liberal. Obtuvo el triunfo sobre los otros candidatos con una mayoría clara en un debate electoral que derrotó la abstención que había sido la constante de las elecciones durante el Frente Nacional. La consigna central era la de cerrar la brecha social mediante programas destinados a favorecer al 50% más pobre de la población.

Llegado a la presidencia López, puso en marcha una política económica que yo califiqué de protoneoliberal. El presidente decretó una emergencia económica y, si bien hizo parte de ella una reforma tributaria con elementos progresivos, bien pronto desde el mismo gabinete se desmontó esa reforma.

Se produjeron medidas de otra orientación: elevación del impuesto a las ventas, autofinanciación de las empresa públicas, lo que condujo a la elevación de las tarifas, eliminación del subsidio al trigo que llevó al cambio de los precios del pan. El presidente nombró para las universidades públicas a rectores progresistas pero al mismo tiempo puso en la cartera de educación a un político de derecha y de talante muy autoritario, Hernando Durán Duzán. Muy pronto esa contradicción llevó a las universidades a una crisis muy profunda.

Lo político-emocional

Este ambiente de descontento contribuyó a la generación de un factor político – emocional: La gente se sintió cobrando una traición y acogió el paro como ocasión de castigo y revancha moral dirigidos contra presidente.

La preparación del paro no requirió mucho tiempo desde la primera vez cuando en el Concejo de Bogotá Mario Upegui y Teófilo Forero presentaron el 19 de abril de 1977 una proposición de apoyo a un paro cívico: “(…) que contenga la carrera de mayor miseria y carestía para el pueblo bogotano”. Una a una, las cuatro centrales sindicales fueron entrando en el torrente. Primero la Confederación Sindical de Trabajadores de Colombia (CSTC) y la Confederación General del Trabajo (CGT), luego Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC) y, por último, la más renuente, la Unión de Trabajadores de Colombia (UTC). Esta última, todavía el 30 de agosto concurrió a una reunión con el presidente. El primero de septiembre se selló en una gran movilización convocada por las cuatro centrales la decisión de parar. El Consejo Nacional Sindical, organismo dirigente del paro se conformó por los presidentes y los secretarios de las cuatro centrales.

Mientras tanto, el gobierno emitió decretos de estado de sitio dirigidos a abortar el movimiento; siguieron arrestos, censura de radio y prensa. El 29 de agosto, equipos antimotines, agentes del DAS y del F2 asaltaron brutalmente las carpas de los trabajadores del cemento que estaban en huelga. Pero se siguió adelante hasta las 11:45 de la noche del 13 de septiembre cuando los voladores lanzados desde las azoteas de 10 edificios de Bogotá anunciaron con el estruendo jubiloso de la pólvora que llegaba la hora cero.

El día del PCN

Desde la madrugada del 14 de septiembre, gente de las organizaciones políticas – no todas participaron, el MOIR, por ejemplo, se negó – y sindicalistas, cubrieron las avenidas más concurridas de Bogotá en la operación tachuela que fue muy efectiva. En las comunicaciones entre centrales de policía pudo seguirse el inútil combate por mantener el tráfico en la capital y el transporte intermunicipal. A las 8 de la mañana, la policía aceptaba que la parálisis era total. El paro del transporte, según Oscar Delgado, fue del 90% en Bogotá, en Barranquilla del 70%, en Santa Marta del 80%, en Medellín del 30% y en Barrancabermeja del 100%.

 Las vertientes del PCN

Álvaro Delgado estimó que 1. 300.000 personas no concurrieron a sus lugares de trabajo, por decisión o por el bloqueo al transporte. Es una suma igual al número de huelguistas de los 15 años anteriores.

La unidad de las centrales creó el espacio del PCN pero en él tomaron parte muchos sectores de desempleados o del sector informal que ya era numeroso.  Es decir, lo laboral fue una huelga de brazos caídos. La movilización fue mucho más amplia. Al PCN lo integraron dos vertientes relacionadas pero también diferenciadas: lo laboral sindical y lo cívico popular. La sigla PCN se hizo real. A los barrios fueron llevadas tanquetas. Desde las 10 de la mañana, empezaron los enfrentamientos con la fuerza pública que no cesarían sino hasta la noche.  En una contabilidad muy imperfecta, yo conté cuatro asaltos a estaciones de policía y, en diversos barrios, se produjeron 20 enfrentamientos prolongados con la fuerza pública. Las tanquetas no disuadieron a los manifestantes.

Los muertos el 14 de septiembre en Bogotá fueron 19 con un promedio de edad de 21 años. Hubo también 11 saqueos de supermercados. Si bien hubo rechazo a los saqueos y si El Tiempo se permitió señalar al paro como un pequeño 9 de abril, a nadie se le ocurrió erigir los saqueos como el prisma de observación de aquellas jornadas memorables.

Resultados positivos

El PCN generó en lo inmediato consecuencias muy positivas para los trabajadores. En el curso de los ocho meses siguientes, el salario mínimo nominal registró incrementos en tres ocasiones. Para 1978, el salario real promedio de la industria registró un aumento del 16.1 %. En 1978 se unieron en una única organización los dos sectores que agrupaban a los sectores del Estado. En diciembre de 1977, el gobierno convocaría a una Constituyente. Es cierto que no prosperó.

Consecuencias no necesarias

A largo plazo por la interpretación que del PCN hicieron tanto el gobierno como los sectores armados, se afianzaron las tendencias a la guerra. Turbay Ayala y el general Camacho Leiva impusieron mediante decreto de estado de sitio el 16 de septiembre de 1978 el Estatuto de Seguridad que ante todo se fijó objetivos de persecución e incluso tortura a sectores urbanos tanto de estudiantes como trabajadores. En el establecimiento, se había concluido que el PCN había sido una insurrección y que, por sobre todo, había que evitar un nuevo intento.

En los sectores radicales de la izquierda, particularmente en las organizaciones insurgentes, se impuso también la interpretación del PCN en clave insurreccional. En diciembre de 1978, el M-19 llevó a cabo el robo de 5000 armas en el Cantón Norte. Jacobo Arenas dirigente de de las FARC sentenció que al nuevo paro había que ponerle los fierros. El país se deslizaría por la pendiente de la escalada del conflicto interno y de las diversas guerras sucias que se precipitaron sobre Colombia en los dos decenios finales del siglo XX. El movimiento popular de masas no alcanzó la suficiente fuerza como para imponer un lógica política y social capaz de absorber la irresistible tendencia a la confrontación armada.

Septiembre 2020

Hasta ahora, al presente mes de 2020, lo podemos llamar como el septiembre negro. Por un lado, ante la conciencia pública, parece imponerse el modelo mental de la brutalidad policial de cobertura nacional que no es sino la otra cara de un régimen de desgobierno soberbio, mafioso e inepto. Pero, por otro lado, campea la indignación y la ira de la mayoría de la juventud y de la ciudadanía. La concertación está en condiciones de abrirle campo y crear canales de manifestación positiva de la excitación colectiva. En este aspecto el Paro Cívico Nacional nos da lecciones.  Lo más nocivo es la situación de olla de presión sin perspectivas. Es la hora de restaurar la lógica que hizo posible el 21 N de 2019. Solo un movimiento de masas puede hacer posible una salida fecunda al presente, agobiante malestar.

El agobio de la pandemia y su manejo

A diferencia de 1977, la presente situación tiene antecedentes de duraciones diferentes. La crisis económica se había iniciado en 2019. La declaratoria de la pandemia en relación con el SARS-CoV-2 creó una situación dramática para la profundización de la crisis que ha elevado el desempleo al 20%. El confinamiento radical, de 158 días, uno de los más prolongados del mundo ejerció un impacto colosal económico social y psíquico. ¿Con cuántos códigos tuvo que enfrentarse el ciudadano corriente? Simulacro con confinamiento obligatorio, confinamiento preventivo, obligatorio, colaborativo e inteligente, cerco epidemiológico a la localidad de Kennedy con presencia militar, cuarentena estricta por localidades en Bogotá. Esas fórmulas se decretaban con duraciones fijas que luego se prolongaban sin explicaciones ciertas sino como decisiones alimentadas por ocurrencias erráticas. Lo peor de todo fue que, durante ese confinamiento las ciudades y pueblos de Colombia, se les dejó al arbitrio de la fuerza pública.

Todo esto se expresó también aparte del motivo inmediato en la presencia de muchedumbres en estos días. Referirse a ese fenómeno desde el código supuestamente omnicomprensivo de la  vandalización es renunciar al análisis de conjunto y a la necesidad de encontrar soluciones verdaderas.

Después del asesinato de Javier Ordóñez se ha producido un despliegue de vídeos sobre comportamientos criminales de la policía que han formado parte de una tendencia incrementada después de las innovaciones al Código de Policía en 2016. Este hecho ha llevado a la policía a convertir a los jóvenes en objeto particular de su encono. En materia de denuncias a los jóvenes o no se les escucha o se les oye con reservas nacidas del prejuicio.

Hoy se habla de la reformas estructurales a la policía y quizá a la necesidad de cursos de pedagogía sobre derechos humanos. Sí, ¡está bien!  Pero hay una reflexión más profunda que es necesario hacer y relacionar con la elaboración de propuestas concretas. Todo esto hunde sus raíces en un sistema político históricamente autoritario, represivo y acostumbrado al uso de la violencia tanto la estatal como la paraestatal. Las medidas ad-hoc con respecto a una u otra institución tienen que vincularse a un trabajo paciente por la democratización del país. Cuando el presidente o el ministro de la defensa se han pronunciado frente a los acontecimientos últimos, están reproduciendo los códigos del ADN autoritario y violento del sistema político colombiano.

Llaman algunos sectores a rodear a la alcaldesa de Bogotá en su denuncia por la insubordinación de la Policía. Es una proposición justa. Al tiempo es preciso preguntarle a Claudia López en qué estaba pensando cuando desde su megáfono decía: “Tenemos el apoyo de nuestra fuerza pública que nos va a ayudar no solo a hacer vigilancia y pedagogía, sino también a hacer la desinfección que necesitan los lugares públicos” Por sorprendentes caminos sale el ADN del sistema político colombiano.

*Medófilo Medina, Ph.D en Historia, profesor emérito y honorario de la Universidad Nacional.

1 COMENTARIO

  1. Profesor, debo decir que su análisis es justo lo que nos falta en este momento, he sido parte de este pueblo hastiado y repugnado, pensando en eso que se queda corto; “Una reforma estructural a la Policía”, he incluso en redes, he publicado esta idea… pero el análisis de la historia nos debe dejar la mayor de las lecciones, debemos aprender de lo que hemos vivido como pueblo. Tengo exactamente 43 años, nací en el año del Paro Cívico Nacional, y lo conocí por historias digamos que no en carne propia, pero no hay que vivirlo de esa forma para saber que se repite la misa formula, que la represión y señalamiento es la herramienta fundamental del estado opresor Colombiano a lo largo de la historia. Es momento de como usted expreso con sabiduría “Crear canales de manifestación positiva de la excitación colectiva” pero esto se logra es cuando esa indignación no se convierte en un estallido violento momentáneo si no, en el motor impulsor que genera verdaderos cambios y transformaciones. Soy Educador y uno de los pasos que hay que dar es enseñar la historia! Gracias Profesor ojala esta reflexión se disemine, así como se ha hecho con la furia contenida!

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