Un simple voyeur de la historia nunca se hubiese esperado este premio. Pasó de pensar que, más allá de presenciar unos conflictos sociales y el calentamiento global, no le sucedería nada relevante.

Llegó nada menos que una pandemia a cerrar el inicio de un siglo –  su siglo – con todo lo impresionante que esto ha podido ser. Y él está parado en un orificio dónde puede poner su ojo no solo para leer sino para vivir el momento justo.

Un lector, un observador de lo que pasa, siempre se siente ínfimo como sujeto en medio del amor que desarrolla por el conocimiento. Es esto lo que descubre después de abstraerse por tanto tiempo en libros y aventuras sobre lo que ha tenido que pasar el hombre para llegar a dónde está. Que ese sujeto esté situado en una esquina privilegiada del tiempo es un premio irremediablemente difícil de saborear porque las esquinas del tiempo no son remansos de paz. Hoy está en uno de los párrafos de la Historia.

Detrás de ese premio, o mejor, delante del orificio de la cerradura, hay una enfermedad generalizada en el planeta, diagnosticada en China, de la cual su gobierno informó inicialmente el 31 de diciembre de 2019 y que, según declaración de la Organización Mundial de la Salud del 11 de marzo de 2020, provocó una pandemia. Las organizaciones de las cosas humanas se empezaron a pronunciar entre el 17 y el 24 de marzo – la Organización Mundial del Comercio, la Organización Internacional del Trabajo, la Organización Mundial del Turismo y la Asociación Internacional del Transporte Aéreo – , es decir, los representantes del comercio humano, del trabajo humano, del turismo humano y de la aviación humana. Aclaro que todo esto es humano porque un día no habrá actividades como éstas sólo entre humanos, pero eso es aterrador y no estamos listos para esta conversación y menos ahora. Después de eso y hasta hoy, todo ha tendido a repetirse, tanto en hechos como en información disponible, y ha sido una nube que cubre del tema a todo el universo. Pero acaso, ¿qué queríamos? Somos muchísimos y esto iba a tardar, como en el mejor tingo-tango que hayamos jugado jamás, en pasar por todas las manos del mundo.    

Si uno habla de su premio histórico-voyeur en público, con familiares o amigos, que están confinados igual que yo como parte de la solución mundial para contrarrestar al virus, que si han salido a la calle tienen el factor de estrés de haber estado cerca del contagio y padecen, entonces, incertidumbre en el encierro, cuando finalmente los proyectos de todos quedaron en la lista de pendientes, ya que todo ser humano cuando empieza un nuevo año tiene su inventario de promesas a desarrollar – ricos y pobres todos teníamos planes y no eran éstos – , en todo éste ámbito emocional, se puede pasar por desconsiderado. ¿Cómo se le ocurre pensar en esto con fascinación y, mientras lo reprenden, usted estará pensando si habrá otro humano en alguna otra época al que le habrán dicho lo mismo? Entonces, mejor no lo dice; lo escribe, porque sabe que allá afuera habrán algunos pensando como usted.

Se supone que estábamos preparados para esto y más; las crisis que hemos leído han sido mucho más duras que todo esto. Si mañana resultara en una unidad de cuidado intensivo, o muriendo en casa o en la calle, eso mismo justificaría el nano-punto que soy en la gigantesca recta numérica de los acontecimientos que cuentan la historia. Sí…nos tenemos a nosotros mismos y a otros pocos seres, en realidad muy pocos y hasta producto de la casualidad de donde fue tomada su instantánea pandémica, sin haber hecho lo pendiente y esperando, porque, si en general en la vida, la costumbre era tener un par de certezas, ahora ni siquiera es posible determinar esto con gran seguridad. Si a la muerte le mentíamos con tanto, parece que ha venido con su disfraz de nariz larga y cuerpo cubierto para recordarnos que, detrás del arquetipo al que sonreír en Halloween, estaba ella. Finalmente, estábamos ahí dentro, haciendo parte de todo esto, un acontecimiento que puso a la humanidad en el mismo punto de partida, millares de puntos entendiendo que, en verdad, estaban dependiendo unos de otros, que la historia de la mariposita aleteando y cambiando cosas era verdad, que podemos seguir divididos en incluidos y marginados y esto jamás hará que dejemos de depender unos de los otros, esos otros que todos en sus extremos se niegan a identificar.

Esos distanciados sociales que vivimos en la lectura o en la investigación de los fenómenos, que no los vivimos tan apasionadamente como quisiéramos, en medio de vivir también y apasionarnos, podemos invitar a pensar sobre el futuro. Por ejemplo, podemos reflexionar si tenemos serios problemas con nuestras organizaciones internacionales que son necesarias y útiles, si deberían en el futuro estar distanciadas de ciertos poderes sí o sí o si, antes que super-pagar a quienes nos hacen felices, debemos mejor-pagar a quienes nos mantienen sanos. Queríamos tener el mundo a la mano y ahora lo tenemos. Pero, en una ocasión como ésta de pronto queremos dejarlo a un lado, porque también saber todo lo que pasa es agobiante.

¿Qué nos queda de esta vista histórica en primera fila? Nada por ahora, porque nada ha pasado, porque estamos parados en un presente un poco más lento que los tiempos a los que estamos acostumbrados a soportar un acontecimiento mundial, léase unos Juegos Olímpicos, unos Óscar de la Academia, un Mundial de Fútbol, un Súper Bowl…porque no lo estamos viendo con cerveza y helado o leyéndolo con apuntes y resaltadores. Lo estamos viviendo.     

*Carolina Castro, promotora de lectura, estudiante de Literatura y conocedora de la Colombia rural. @castro83carla

2 COMENTARIOS

  1. Más que un presente de “Rear Windo” (Alfred Hitchock, 1954) nos agarró un futuro semi Blade Runner en el que -para los privilegiados- casi todo se entrega a domicilio, ya sea virtualmente a través de la tecnología de transmisión y en la nube. O físicamente a través de un vehículo sin conductor o un avión no tripulado, y luego la pantalla “compartida” en una plataforma mediada.

    Es un presente/futuro que emplea muchos menos maestros, médicos y conductores. No acepta efectivo ni tarjetas de crédito (bajo el pretexto del control de virus) y tiene transporte público esquelético y mucho menos arte en vivo. Es un tiempo “ya-mañana” que afirma estar basado en la “inteligencia artificial”, pero en realidad se mantiene unido por decenas de millones de trabajadores anónimos escondidos en almacenes, centros de datos, fábricas de moderación de contenidos, talleres electrónicos, minas de litio, granjas industriales, plantas de procesamiento de carne, y las cárceles, donde quedan sin protección contra la enfermedad y la hiperexplotación.
    Es un now-tomorrow en el que cada uno de nuestros movimientos, nuestras palabras, nuestras relaciones pueden rastrearse y extraer datos mediante acuerdos sin precedentes entre el gobierno y los gigantes tecnológicos.

    Ahora: si algo o mucho de lo anterior suena familiar es porque, antes de la pandemia, este preciso futuro impulsado por aplicaciones y lleno de conciertos nos fue vendido en nombre de la “conveniencia”, la falta de fricción y la personalización. Sin embargo, abramos los ojos y revisemos el pasado reciente: muchos de nosotros teníamos preocupaciones sobr:
    (i) La seguridad, la calidad y la inequidad de la telesalud
    (ii) Las aulas en línea
    (iii) Sobre vehículos sin conductor que atropellan peatones y aviones no tripulados que destrozan paquetes (y personas)
    (iv) Sobre el rastreo de ubicación y el comercio sin efectivo que borra nuestra privacidad y afianza la discriminación racial y de género
    (v) Sobre plataformas de redes sociales sin escrúpulos que envenenan nuestra ecología de la información y la salud mental de nuestros hijos
    (vi) Sobre “ciudades inteligentes” llenas de sensores que suplantan al gobierno local
    (vii) Sobre los buenos trabajos que estas tecnologías eliminaron
    (viii) Sobre los malos trabajos que producían en masa.

  2. Es la utopía del apocalipsis, sin embargo no somos tan perpetuos para sobrevivir a enfermedades, y no somos tan dioses para soportar las muertes cercanas. Entre pandemias, plagas y catástrofes hemos vivido los seres vivos (no solo humanos), sólo que nosotros los ¿racionalizamos? ¿lo pensamos como únicos? que creemos o bien que es un castigo divino, o es un elemento que nos permite entender lo mal que hemos vivido… Las constantes contradiciciones de la OMS da cuenta que somo un total ensayo y error y que de esta saldremos, pero no necesariamente reinventados, reflexivos o coherentes. Saldremos como lo que somos, una especie que busca sobrevivir y permanecer.

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