Oct. 20 de 2020
Alfonso Lourdui está con Sonia Esteves y 12.000 personas más
De las verdades

Resulta fatuo, quizás, para los no dolientes de aquellos años, hermosos años 60, que la muerte de Federico Alejandro Paéz esté sin aclararse hasta hoy. En el 90, me encontré con Clementina, su hija oculta, y me ha comentado que un buen día el paramilitar Jacob la secuestró tres horas para hablar con ella. El olor a almizcle de ese lugar la precipitó a mirar a su interlocutor con ojos de piedad. El maldito se paraba y caminaba alrededor de ella desviando la mirada directa de su rostro, caminaba serpentino y hablaba observando al horizonte; el ominoso le ofreció un café supremamente amargo. A Clementina, el olor y el sabor se le mezclaron en una especie de náusea que ella evitó, se puso las manos en la boca y el asesino de inmediato le ripostó con una pregunta: ¿qué le pasa?, ¿se va a morir?  La pobre, simplemente, le dijo: no, dígame a qué me trajo.  No fui yo, ni mis hombres… a su papá lo mató la guerrilla…o si lo prefiere, los comunistas se me adelantaron. Le digo esto de forma directa para que los medios no sigan hablando mierda en sus editoriales sobre nuestra organización.

Cuando Clementina me narró esto que para ustedes puede ser “el apéndice de un obituario”, yo prendí el siguiente cigarrillo y ella me pidió otro.  Ella, que sabía que el maldito decía la verdad, solo atinó a contestarle que hablaría con los medios para que enmudecieran el asunto y, en el peor de los casos, les aconsejaría decir que el homicidio seguía investigándose.

Amigos, nunca había vivido esto que denomino con el nombre de “el espectáculo de una incertidumbre”; con razón dicen los expertos que es más fácil hacer la guerra que suspenderla, pues la verdad de su origen y de los culpables se esgrime como condición indispensable para salir de ella. A propósito de la verdad, su teorética va desde las definiciones vinculadas a la coherencia, pasando por la adecuación, la regularidad manifiesta, la evidencia, la utilidad, hasta el consenso. Agreguemos que los griegos definieron a la verdad como “Aletheia” (luz), que el latín habla de “Veritas” para referir al rigor en el decir y, finalmente, fue el cristianismo el que puso el poder de la verdad en la palabra.

Pero, ¿quién es que pide la verdad? ¿La justicia, esa invención civilizatoria? ¿O es una petición del alma humana victimizada? Sencillo, me dijo el otro día Margot González, una antropóloga, muy querida docente de la universidad de Oxford: “La verdad es lo que satisface al alma”, y se requiere porque es lo que permite el perdón, y sin ello no hay paz.

Pensé para mis adentros que, si bien el mundo jurídico, sociológico y político exigen que se diga la verdad y se otorgue el perdón como adherentes para construir Nación, existiría entonces un lado sombrío del perdón – individual – que, aunque se acepte, no alcanza a liberar a la víctima del sufrimiento y el dolor profundos.  Esto para un autor como Dérrida es la imposibilidad del perdón por el hecho de no ser absoluto.  Sin embargo, he observado que esta imposibilidad queda resuelta, de antemano, en lo que San Pablo denominó el “Lumen Fei” (cristiano), o debilidad y sufrimiento que condiciona al rebaño y que hace papable el poder de Dios, por lo cual es solo él quien tiene el perdón absoluto.  Pareciera que a la incompletud del perdón político la precede el absoluto perdón divino.

Conocí a Clementina Paéz en la Universidad Nacional, dos años después de fundada la Asociación Colombiana de Sociología por Camilo Torres y por Fals Borda. Estudiábamos en esa facultad y ella era la extraña de allí, así como era la extraña de su familia.  Una especie de disidente y paria a la vez, muchos quisieron lincharla porque se llegó a saber que era la nieta de quizá uno de los más sanguinarios presidentes que tuvo Colombia y, a su vez, la hija de un personaje siniestro como Federico Paéz.  Se cambió a filosofía y, finalmente, le tocó largarse para la Universidad Javeriana, … ¡Su lugar natural! le gritaron una vez en una marcha estudiantil.

Le dije a Clementina que ese secuestro nadie lo ha comentado, mucho menos que el paramilitar Jacob “confesara” que él no había sido el asesino de su padre. Clementina me confesó que el paramilitar decía la verdad: contó que ellos estaban rabiosos de que los insurgentes se les hubieran adelantado ya que Federico Paéz era un maldito que instigó a que los extraditaran a los Estados Unidos, tras un acuerdo de paz que, en secreto, casi firmaron hacía cuatro años. Y es verdad, dijo ella, ya que mi padre me mostró documentos que argumentaban esa extradición, pero yo no comprendía esos asuntos.  Yo tengo esos documentos – me confirmó -, ya que mi padre me los dio a guardar en una maleta que, luego, cuando lo mataron yo escondí para mis recuerdos, pues mi padre, valga la paradoja, me tenía mucha confianza y amor. … Clementina me rogó guardar ese secreto hasta hoy y treinta años después lo hago viral por esta red – Facebook –  ¿Por qué? Porque con esta confesión se podrá contribuir a dar credibilidad a la segunda confesión de quien sí ha aceptado que lo mató.  La de la exguerrilla RAC, que tal parece sí dicen la verdad pues, ella, además, se ha acogido a la verdad, la refrendó en un acuerdo de paz y viene pidiendo el perdón; no tendría por qué mentir.   Y Clementina tampoco, les aseguro.  Las dos versiones coinciden.

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Más relevantes comentarios
Reyes María García

Alfonso Lourdui Hace 10 años, conocí a Clementina Paéz en Francia, en un curso de París II. Ella llevaba 20 años, caminamos por Montparnasse y terminamos en su pequeño apartamento donde me contó que había preferido la soledad, esa que se acompaña con vino, tardes, libros, museos, amigos, paseos, pues le parecía que el matrimonio producía melancolía en la gente, sobre todo en las mujeres. Como yo sabía que era hija de Federico Paéz, le dije que su padre se seguía recordando en Colombia y me respondió: ¡Merde!  Luego susurró en alemán: ¡Mein Vater hat einen Stroharsch!  Como no conozco este idioma, no contesté nada, pero su rostro se estremeció.

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Pablo Ranieri.

Alfonso Lourdui Estupenda tu elucubración, aunque siniestra. Te conozco y sé de tu anarquismo melodramático, aquí lo único que se sabe es que esa guerrilla está mintiendo para salvarle el pellejo quién sabe a quién…  

20 min.       200 Me gusta          

Leslie Ronderos

Reyes María García Yo sí sé que Federico Paéz tiene rabo de paja y sé que el alemán es un idioma que no miente.   

10 min.           345 Me gusta        

Alberto Lineros

Alfonso Lourdui Acuérdateque tú y yo pasamos los 70 de edad, que fuimos muchas veces a “Aloe”, el bar del loco Bermúdez a escuchar a James Brown y a Tracy Chapman, al calor de unos rones cubanos. ¿Acaso no estuvimos en ese deleite casi 10 años? ¿Te acuerdas que yo era tu mejor amigo? Nunca me hablaste de la tal Clementina. Ahora sé de ti, después de 20 años, en este 2020, de pandemia y demonios para el país y, sin embargo, no sé aun de la tal Clementina Paéz. Los noticieros ni las biografías del viejo Paéz han dicho algo sobre esa hija.  Lo único que he escuchado es que a Federico Paéz lo mató una asociación entre militares y mafia, no la insurgencia.

Hace 5 min             6 Me gusta

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Alfonso Lourdui

Querido y recordado Alberto Lineros por el interno te comento con fidelidad lo ocurrido; la historia de Clementina y esos documentos en la maleta ya son reserva del sumario para la justicia transicional. Con esto se define la certeza de que al dirigente político lo mató la RAC.  Yo solo quiero mostrar que una historia existe porque se compone de otras tantas, que no solo se anteponen, o son el reflejo, o la continuidad; son historias paralelas, yuxtapuestas y superpuestas a las oficiales.  La historia no es lineal, tú lo sabes Alberto.     

Hace 10 min                 180 Me gusta             

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Juanita Acevedo

Alfonso Lourdui Díganos todo lo que sabe de Clementina y esos documentos, falta un pedazo de esa historia, qué más da. ¿No dijo al comienzo que quería ayudar a esclarecer esto de forma viral? ¡Adelante!

Hace 3 min                         400 Me gusta

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Aurelio Rojas

Juanita Acevedo A mí me consta lo de la maleta, yo acompañé al maestro Lourdui a la justicia. Allí hay una verdad que no les gustará a los demonios.

Hace 2 min            110 me gusta

Antonio Paéz

Alfonso Lourdui Mi padre no fue asesinado por la RAC, no hay más que agregar, Clementina, mi hermana lejana, supe que murió hace tres años, y la maleta, ¿cuál maleta?  Mi padre nunca usó maletas, las odiaba…

Hace 4 min.                     Me gusta

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Álvaro Trujillo

Antonio Paéz No se haga ilusiones; acaban de pasar la noticia por el canal UNE – canal independiente -, según dicen encontraron 11 carpetas con 400 folios donde se hallan las primeras investigaciones de la policía y de la fiscalía sobre el asesinato de su padre, que contiene las tres hipótesis sobre el mismo. Una de esas hipótesis es la de considerar a la RAC como posible responsable de ese crimen, lo cual han ocultado durante todo este tiempo. Eso, más los documentos de Clementina, su hermana, los cuales ya están en justicia transicional, despejarán el camino a la verdad de una parte de los actores del conflicto y se exigirá lo mismo a los contrarios, los que financiaron y fueron autores intelectuales por parte del Estado, el ejército y los terceros –  empresarios y políticos – .

Hace 3 min.                136 me gusta

Vicky Anguila

Antonio Paéz ¡Última noticia! Lo siento mucho… dice EFE (Paris, 20 de octubre), que:

«… Clementina Paéz, fille du dirigeant colombien assassiné – dans les années 90 -, a été retrouvée morte dans son appartement de cette ville, apparemment d’une overdose d’arsenic, un métal qui se classe 33e sur le tableau périodique. Lent mais énergique. Une biographie de Locusta (homard), l’empoisonneur de Néron, a été retrouvée dans ses bras, la première femme tueuse en série qui a failli mettre fin à la première Rome (tué environ 400 personnes) …. “Le texte était ouvert à la page 22, le jour qui correspond à la menace où un homme sanguinaire, pire que Locusta, est arrivé au pouvoir, l’a capturée, l’a condamnée à mort et a agressé des citoyens qui n’étaient pas d’accord avec les pires armes.».”.  

“…Clementina Paéz, hija del asesinado dirigente colombiano – en los años 90 -, la encontraron muerta en su apartamento de esta ciudad, al parecer por una sobredosis de arsénico, un metal que ocupa el puesto 33 de la tabla periódica. Lento pero contundente. Se encontró en sus brazos una biografía de Locusta (langosta), envenenadora de Nerón, primera mujer asesina en serie que casi acaba con la primera Roma (mato cerca de 400 personas) …. “El texto estaba abierto en la página 22, día que corresponde a la amenaza en que un sanguinario, peor que Locusta, subió al poder, la capturó, la condenó a muerte, y asaltó con las peores armas a los ciudadanos que no estuvieron de acuerdo”.  

Hace 60 min.               0 Me gusta      

*Luis Alberto Rojas, filósofo, docente universitario en Medellin, escritor e investigador social.

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