Juan Alfredo Pinto discute los efectos perdurables de la pandemia.

Las relaciones entre la pandemia del coronavirus y la vida en sociedad continúan copando nuestra atención. Mientras surgen mitos y rumores en torno a la pandemia en materias como divorcio, traumas de variada índole en las esferas individual y colectiva, transformaciones profundas de la vida afectiva y modificaciones en la práctica de la medicina, lo que conocemos es una multitud de puntos de vista, formas de lo que se denomina doxa, esa opinión que no ofrece certeza.

Un vecino, con alta formación en medicina, así como un hermano con fina especialidad y larga experiencia, me dejan saber de la angustia y del estrés que viven los médicos ante la ausencia de evidencia y la evidencia de la ausencia, la ausencia de episteme como dirían los filósofos, para darle una respuesta real a las preguntas de la gente sobre Covid – 19. Ustedes no se imaginan, me dicen con tristeza, la angustia y la nostalgia de descender varios peldaños en el estatus ante la sociedad en una profesión diezmada y venida a menos, injustamente tratada y con una inmensa cuota de víctimas en esta tragedia, donde las personas descargan su rabia y atribuyen la culpa a médicos y paramédicos mientras evitan cuestionar la equivocada priorización de la ciencia a menudo subordinada a los intereses económicos o las equivocaciones de la política pública en las esferas de la anticipación y prevención o, peor aún, la impunidad en el ámbito internacional y el papel casi decorativo de la esfera multilateral ante la epidemia. Ellos me aportan un excelente artículo publicado por the New England ournal of Medicine bajo el título The Stress of Bayesian Medicine – Uncomfortable Uncertainty in the Face of Covid-19, escrito por J. Niels Rosenquist, M.D., Ph.D.

Próxima pandemia zoonótica

Vanda Felbab – Brown es una experta norteamericana del Centro de Seguridad, Estrategia y Tecnología en Brookings Institution, donde estudia, entre otras, las amenazas no tradicionales a la seguridad. Afirmó en artículo publicado el pasado 6 de octubre que el coronovirus fue el resultado de la negligencia en nuestra conservación, la cual es urgente y necesario corregir. Ahora, cuando hemos sido testigos de la devastación causada por el virus, sería inadmisible no actuar con anticipación para minimizar los riesgos de otra pandemia zoonótica. Y ello implica un cambio radical en la manera como los humanos interactuamos con la vida salvaje y sus hábitats, preservando ecosistemas, protegiendo la biodiversidad y reconvirtiendo segmentos de la producción alimentaria. Si no lo hacemos, advierte Vanda Felbab, caeremos en un nuevo círculo vicioso: menos recursos para la conservación, mayor presión sobre los hábitats naturales, más contacto de humanos con la vida salvaje y mayor frecuencia de nuevos brotes.

Aunque subyacen dudas sobre todo lo ocurrido en Wuhan y en sus laboratorios, el esparcimiento, desde un mercado de alimentos en esa ciudad del Covid-19, surgió como el resultado predecible del comercio y tráfico de la carne de animales salvajes. Afirma la científica: “la epidemia china del síndrome respiratorio agudo y severo SARS en 2003, comenzó de la misma manera. Tanto en el este como en el sureste asiático, los mercados venden carne de animales salvajes ilegalmente capturados, la mayoría mantenidos en pésimas y antihigiénicas condiciones que actúan como verdaderos caldos de cultivo para pandemias zoogénicas”. Tales problemas pueden ser también resultado de una convivencia entre animales domésticos y salvajes así como de fallas veterinarias, lo cual demuestra las carencias regulatorias en casi todo el mundo, incluidos los Estados Unidos. Según el artículo en comento, el H1N1, la gripe porcina que, produjo la muerte a diez mil personas en ese país en 2009, provino de piaras norteamericanas.

El primer hecho lamentable que ha traído consigo un gran escándalo noticioso se ha producido por cuenta de los visones daneses. La Primera Ministra de Dinamarca y su ministro de salud comentaron en público que el virus causante de la actual pandemia podría haber sufrido cierta mutación en los visones y ello afectaría una adecuada respuesta del sistema humano de defensa, y podría interferir el proceso hacia una futura vacuna. Aunque no se ha dado ninguna información científica al respecto, lo cual ha suscitado severas críticas al gobierno danés, las decisiones no se han hecho esperar. Voceros del gobierno han manifestado que se dispone a sacrificar sus 17 millones de visones y el Reino Unido cerró sus fronteras a los viajeros daneses. Las escenas conocidas son dantescas; las medidas al parecer han entrado en revisión. Hasta el presente sólo se han detectado 214 casos en Dinamarca.

El visón es un mamífero pequeño cuya piel es demandada por los compradores de prendas finas, así como el aceite que produce el animal, el cual es utilizado en la industria de cosméticos. Los países fuertes en este renglón son China, Dinamarca, Países Bajos, Estados Unidos y España.

Queda claro. Estamos ante un riesgo inminente y sólo una estrategia internacional profunda puede evitarlo y controlarlo. La denominada nueva normalidad pasa por la consideración y construcción de una coexistencia respetuosa con el reino animal y sus hábitats, por una práctica vital mucho más consciente de la especie humana. No hay justificación posible: sobre nuestra memoria pesa ahora de manera indeleble la certidumbre acerca de que el Ébola, el Sars, el Mers y el Zica son enfermedades zoonóticas.

Fatiga de zoom

La revista National Geographic en español en su capítulo de ciencia ha dedicado un artículo a la denominada “fatiga de zoom”, un manera de llamar al cansancio proveniente de un uso excesivo de cualquiera de las plataformas para la interfase entre sistemas de videollamadas, acaso uno de los protocolos más fuertes en la extensión del teletrabajo y en la realización de reuniones virtuales a raíz de la pandemia del Covid – 19. Quienes muestran mayores manifestaciones del fenómeno de fatiga psíquica son los profesores en general. Muchos núcleos profesionales discuten actualmente sobre estas experiencias que han pasado a conocerse como “fatiga de zoom” aunque este cansancio también se aplica para usuarios de Google, Teams, Skype, FaceTime o cualquiera otra de las plataformas. Los contactos interpersonales son muy difíciles pues abundan en señales no verbales donde la calidad de la comunicación visual genera variadas interpretaciones. Cuando se trata de colectivos, la vista en galería supone una dificultad para la visión central del cerebro, afirma Andrew Franklin , profesor de ciberpsicología de la Universidad Estatal de Norfolk en Virginia. “Realizamos muchas actividades pero nunca nos dedicamos por completo a nada en particular, explica el profesor”. Hay muchas sensaciones e interpretaciones a la vez; puede pensarse lo difícil que sería leer y cocinar a la vez. Es lo que el cerebro intenta y no suele conseguir en una videollamada grupal.

Claro, las interpretaciones del fenómeno son variadas y a menudo contradictorias. El cambio hacia las videollamadas ha sido al parecer una bendición para aquellos con dificultades neurológicas para mantener conversaciones en persona, como los individuos con autismo. No todos reaccionamos de la misma manera ante las videollamadas y eso explica en parte que algunos prefieran apagar la cámara, otros encuentren más inspirador caminar y otros practiquen una cierta ausencia de la presencia.

Y otros, recomiendan evitar la “reunionitis” y variadas formas de adicción que están apareciendo. Desde Harvard Business Review, recomiendan evitar el “multitasking”; por ejemplo, en una videoconferencia, cerrar aplicaciones y programas que puedan interrumpir la concentración, como el correo o WhatsApp. Y reducir los estímulos visuales en las pantallas. En particular, ocultar el pequeño rectángulo donde la persona puede verse a sí misma mientras habla con otras.

Como sabemos, el teletrabajo llegó para quedarse y esa tendencia se instalará en la vida organizacional. Lo que va a ocurrir tanto por vía regulatoria como por aspectos prácticos relacionados con la calidad de la vida laboral y la productividad es que, una vez el asedio de la enfermedad sea más manejable gracias a las vacunas y a las mejoras en los tratamientos, las formas mixtas de trabajar cobrarán fuerza con una presencialidad inteligente y una deslocalización animadora y reconfortante. El teletrabajo no debería ser cohibido, ni tampoco sobre estimulado.

Los psicólogos tendrán palabras por pronunciar en esta materia. Cuánta distancia es necesaria y conveniente, cuánta lejanía es posible. Según el Centro de Neurociencia de Lyon, la pandemia ha provocado un aumento de un 35% en la rememoración onírica y, entre los participantes en el ejercicio investigativo, un 15% de todos ellos indica que los sueños negativos han aumentado. Los más cercanos a epicentros de la enfermedad y los trabajadores sanitarios son los más afectados. Algunos sin embargo opinan que los “sueños pandémicos” les han ayudado a superar recuerdos intensos.

Autoritarismo: la otra pandemia

En mi libro sobre la “Ádeiocracia” mencioné el riesgo de una política que no haga un balance nítido entre libertad y seguridad. Seguridad sin libertad es esclavitud, libertad sin seguridad es caos, escribí y pregunté: ¿cómo nutrirnos de la socialización digital y de la inteligencia artificial sin el maltrato consentido de nuestra libertad de pensamiento, palabra y obra?

Ha sido Amartya Sen, con su indiscutible autoridad moral, en su discurso de aceptación del Premio de Paz en the German Book Trade el pasado 18 de octubre, quien advirtió sobre los fenómenos que muestran mayor excitación política y exacerbación dentro del ciclo pandémico. El Nobel de Economía remarcó la importancia de poder disentir y discutir en la vida de las sociedades, llamó a defender la libertad de expresión y de discusión, prerrequisitos para la libertad, el progreso y la paz. “Nada puede ser tan importante como la oportunidad de argumentar acerca de aquellos asuntos sobre los cuales podemos posiblemente registrar desacuerdos”.

Coincido en alto grado con lo que Amartya Sen expresa: “la pandemia del autoritarismo, como también la del Covid – 19, debilita la vida humana en diferentes planos correlacionados”. Hay tendencias represivas en muchos países de los cinco continentes…donde se registran múltiples casos de supresión de la discrepancia y de confunsión de la movilización ciudadana pacífica con la sedición. Además del despotismo que ello implica, provoca una confusión tal que desata expresiones violentas en forma de subversión o rebelión, esas sí, condenables.

La pandemia ha sido aprovechada por la delincuencia internacional y nacional para expandir sus acciones, y aún por los gobiernos para tomar discutibles decisiones haciendo uso de condiciones excepcionales. En tales circunstancias, a los demócratas no queda otro recurso que hacer uso del instrumental cívico y democrático para procurar decisiones públicas y actuaciones privadas que redunden en un ejercicio solidario y de alto interés para el porvenir de todos.

*Juan Alfredo Pinto, economista y exembajador en India y Turquía @juanalfredopin1

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