Pequeño país
Gaël Faye
Salamandra
217 páginas

Pequeño país, el libro que hoy dejo en la Biblioteca de La Línea del Medio, está construido como uno de esos cristales que permiten observar el infierno solar sin despedazarse los ojos: en la vida como en la literatura, yo aprecio que la luz impacte mi retina, no que me deje ciego. Lo digo porque, con esta pequeña obra maestra, Gaël Faye permite mirar de frente el infierno, pero no intenta dejarnos muertos o con la sensibilidad adormecida.

¿Cómo hizo Gaël Faye para narrar con tanta poesía, y a la vez sin concesiones, un horror como el genocidio tutsi de 1996, en el que por tres meses fueron asesinadas a machetazos entre quinientas mil y un millón de personas, además de ser violadas unas quinientas mil mujeres y niñas? ¿Cómo logró hablar de la guerra civil burundesa, de familias destruidas, de mentes irremediablemente perdidas en los laberintos de la locura y, sin embargo, dejar una luz de esperanza en el lector?

Siempre me pregunto de dónde sacan tantas fuerzas los autores que han sido testigos de semejantes horrores para mirarle la cara a la historia personal, enfrentar fantasmas que nunca quedan del todo en el pasado y salir vivos de semejante exorcismo. Tal vez la respuesta está no tanto en la fuerza interior para asumir este tipo de retos, sino en darse cuenta de que no hay alternativa: para poder seguir viviendo y es necesario ventilar los demonios, ya que es bien sabido que hacen más daño adentro que afuera.

Como sea, Gaël Faye escogió el testimonio semiautobiográfico para reconstruir su historia. Nos presenta a un personaje llamado Gabriel – evidente alter ego de Gaël –, un niño burundés que, al igual que el autor, era hijo de una mujer ruandesa exiliada y de un empresario francés. Como Gaël, Gabriel vivía una infancia estable y privilegiada: él y su hermana tenían a su disposición un personal que se encargaba de todo y unos amigos cómplices con los que pasar el verano, robar mangos y bañarse en el río. Su padre hacía lo posible por protegerlos del mundo exterior: en su casa tenían prohibido hablar de política, la comida estaba asegurada y las puertas quedaban bien cerradas cuando era necesario resguardarse.

Pero la guerra no respeta refugios y sus vientos empiezan a colarse por entre las rendijas. El mundo idílico de Gabriel se agrieta de un momento a otro: sus padres se separan, su madre va tras su familia a Ruanda para intentar rescatarlos del horror, mientras la guerra civil burundesa golpea cada vez más cerca. En Burundi, al igual que en la vecina Ruanda, nadie está a salvo. El viejo callejón de juegos se convierte en un fortín de guerra al que hay que defender con la vida y los amigos te exigen que te decidas por un bando. Cuando la rabia, la sinrazón y locura rodean tu casa, llega el inevitable momento en que tumban tu puerta. A partir de ahí nadie puede ser neutral. Nadie es del todo responsable de sus actos. Muere la inocencia.

Faye nació en Burundi. A sus trece años tuvo que huir a Francia. Hoy es uno de los músicos jóvenes más interesantes de la escena rapera francófona. Con ésta, su primera y hasta ahora única novela, demostró la calidad y el alcance de su arte. Por ella recibió galardones como el Prix du Roman FNAC, Prix du Premier Roman Français y el Goncourt de Lycéens 2016, entre otros. La novela ha sido traducida a una treintena de idiomas y también fue adaptada al cine por el director Éric Barbier.

Pequeño país es un testimonio de honestidad y amor por las raíces. No busca culpables, porque culpable es toda la humanidad por lo que sucedió en Ruanda, no sólo países como Francia o EEUU, sino también organismos internacionales que, por acción u omisión, dejaron que semejante cosa pasara en los años finales del siglo XX. Gaël Faye publicó su novela en 2016, un año después de haberse establecido en Kigali, la tierra de su madre, y donde a pesar de todo el horror vivido aún quedan mangos para que las pandillas de niños roben de los solares vecinos.

*Mauricio Arroyave, periodista, lector caprichoso y frustrado librero, @mauroarroyave. Canal de Youtube El Ojo Nuclear.

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