Mientras en Colombia los oponentes del Acuerdo de Paz continúan atacando al Sistema Integral de Justicia, Verdad, Reparación y Garantía de No Repetición, el proceso de paz colombiano se sigue mostrando como ejemplar en el escenario internacional.

Este 20 de julio, el centro de pensamiento Atlantic Council organizó un encuentro sobre la participación de las víctimas en los procesos de paz. Sergio Jaramillo, el negociador del Acuerdo de Paz con las Farc, intervino junto a Hadi Marifat, director de la Organización para los Derechos Humanos y la Democracia en Afganistán, y Shaharzad Akbar, de la Comisión Independiente de Derechos Humanos de ese país.

El proceso de paz en Afganistán empezó con la ausencia del gobierno en la mesa. La Casa Blanca y los Talibanes pactaron un intercambio de prisioneros sin consideraciones por los derechos de las víctimas. La negociación, en realidad, ni siquiera ha comenzado en Afganistán. Según Jaramillo, éste es el momento para acordar un marco orientador que enfoque la negociación en la no repetición, tal como lo tuvo Colombia, y ponga como centro moral de un acuerdo los derechos de las víctimas.

Según Marifat, la preparación para incluir a las víctimas ha pasado por tres fases: consultas que culminaron con un plan de acción en el cual las víctimas pidieron una justicia transicional, el mapeo del conflicto realizado por la Comisión de Derechos Humanos y los encuentros simbólicos entre víctimas.

Las víctimas de Afganistán desean participación directa en las negociaciones. ¿Por qué? Marifat entregó tres factores explicativos. Son uno de los grupos más grandes, con más de 100,000 muertes desde 2001 y casi todo el país conformado por víctimas indirectas, tienen la autoridad y capacidad de explicar el sentido de la pérdida y la dimensión del dolor para cambiar la dinámica en la mesa y tienen una visión holística del proceso. Para Jaramillo, las víctimas no deberían pertenecer a una u otra delegación porque deben dirigirse a todas las partes.

Akbar señaló que la Comisión ha propuesto la presentación de testimonios, la continuación de las consultas y la asesoría técnica para recomendar la estructura de un sistema de justicia transicional y de reparación. Pidió, en particular, ayuda para metodología de selección de los casos.

Jaramillo describió la experiencia colombiana: los foros para discutir las propuestas, organizados por las Naciones Unidas y la Universidad Nacional; las cinco delegaciones de 12 víctimas en La Habana cuya conformación dependió de la Iglesia, las Naciones Unidas y la Universidad Nacional y el tratamiento de algunos territorios como victimizados por el conflicto.

Akbar advirtió que también en Afganistán el concepto de justicia se entiende reducido a lo punitivo. Anotó que la definición de “víctima” es tan divisiva allá como lo fue aquí. ¿Se incluirán las víctimas de las fuerzas internacionales? ¿Cómo se tratará a los atacantes suicidas?

Quedó claro que la sociedad civil afgana requiere de apoyo para administrar una política de inclusión de víctimas. Tal como van las cosas, Colombia terminará guiando a Afganistán y Jaramillo tendrá más para contar. Así es la vida: nadie es profeta en su tierra.

*Laura Gil, politóloga e internacionalista, directora de La Línea del Medio, @lauraggils

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