El discurso de paz y el discurso de guerra forman parte de la campaña electoral de Donald Trump sin importar la coherencia.

A raíz de la contienda electoral en Estados Unidos, que toma matices diversos, porque un día se inclina la balanza a un lado y otro día a otro, me permitiré hacer un comentario exclusivamente sobre los apoyos que busca el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien ha luchado arduamente por aferrarse al poder y no descansa por obtenerlo. Un ejemplo es la apresurada búsqueda del reemplazo de la jueza Ruth Bader Ginsburg, a quien posiblemente le sucederá la conservadora Amy Coney Barrett.

Poco debería importarnos hablar de un mandatario del primer mundo amigo de las redes sociales, que utiliza chivos expiatorios como China y Rusia. Lamentablemente, Colombia se ve afectada por cualquier determinación de Estados Unidos, más cuando los votos de los latinos están por conquistar tierra americana.

El discurso del Presidente americano sorprendió al relacionar a su contrincante Joe Biden con el socialismo y los narcoterroristas colombianos, pero en campaña presidencial todo tipo de estrategia es manejada para recoger seguidores. El irrespeto a nuestro país en boca de un mandatario no tiene presentación.“Las relaciones exteriores del Estado se fundamentan en la soberanía nacional, en el respeto a la autodeterminación de los pueblos y en el reconocimiento de los principios del derecho internacional aceptados por Colombia”. Así lo señala la Constitución Nacional de Colombia en su artículo 9.

Esta manifestación es parte del menosprecio por nuestra nación. Trump, no contento con estas duras declaraciones, afirmó también que el Acuerdo de Paz colombiano se rindió al narcoterrorismo. Tal vez nuestro país no es importante para la administración Trump, el conflicto no se viva a diario en la Casa Blanca, no se sepa cómo se desborda la violencia y la importancia que tiene para nuestra nación que cesen los asesinatos. ¡Cuánto daño hace a nuestro país con sus palabras! Pero la conquista de votos es lo que vale en este instante.

En contraste, escuchando las declaraciones de Bernard Aronson, en la WRadio el día lunes 28 de septiembre, quien fuera enviado especial del gobierno de Estados Unidos para las negociaciones de paz en Colombia, dijo al respecto: “es ridículo lo que piensa el presidente Donald Trump, porque la experiencia muestra que, si a los campesinos se les dan carreteras e infraestructura, pueden sustituir estos cultivos de coca por cultivos legales y el Acuerdo de Paz busca generar más desarrollo”. También señaló que Estados Unidos le ha brindado, durante 25 años, el apoyo bipartidista a Colombia, que ha conseguido avances con esta ayuda, y convertirlo en un asunto político es negativo porque pocos países lo han conseguido y pone en riesgo la relaciones bilaterales. Aronson también mencionó que Colombia debe continuar con la implementación del Acuerdo de Paz y no dañar las relaciones entre los países en razón a que el presidente americano selecciona un enemigo dentro de su discurso político.

En conclusión, Aronson no cree que el Acuerdo de Paz se haya podido implementar de forma correcta en Colombia y esto pone en riesgo la seguridad del país, lo que implica un gran retroceso.

Siempre que un mandatario hace declaraciones de este estilo, como las de Donald Trump, vale la pena buscar la coherencia. Si él es crítico de un proceso de paz, me pregunto por qué se jacta de la nominación al Premio Nobel de Paz. Christian Tybring-Gjedde, quien representa al Partido del Progreso, de corriente de derecha en el parlamento noruego, fue quien planteó esta nominación por la importancia que ha tenido la normalización de relaciones entre Israel y Emiratos Árabes Unidos, denominado como un acuerdo de paz o el acuerdo del siglo.

Evidentemente, sin entrar en detalles, lo que se busca por todos los medios es construir relaciones diplomáticas que le ayuden a consolidarse nuevamente. Es bueno mencionar que, a los mandatarios, hay dos cosas que los enceguecen: la primera es el dinero y la segunda el poder. Es éste último lo que le lleva a apoyar un proceso y otro no. El discurso de paz y el de guerra forman parte de la campaña electoral, sin importar la coherencia.

En su pensamiento, está… “Yo solo quiero el premio”.

*Sandra Castillo, abogada, @sandra_doly

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