Está en el poder de Jerónimo redefinir su apellido, como lo han hecho Pizarro, Tovar y Leyva. La nueva generación requiere que los jóvenes, de todos los sectores, nos atrevamos a cambiar.

Cortesía www.vanguardia.com

Hay que decirlo claramente: Colombia es una democracia liberal y, en un Estado social de derecho, uno solo es responsable por su actuar personal. No se puede aceptar o vetar a alguien solo por su parentesco, ni por acciones que no cometió.

Tras el arresto del ex-Presidente Álvaro Uribe, su hijo Tomás llegó a las altas esferas del Partido Centro Democrático, suena como el remplazo de su padre en el Senado para el 2022 e incluso hay aquellos que lo llaman Presidente. Es una movida que ha causado mucha polémica. Desde los Lleras, a los Galán, López, Gómez, Chaux, hasta los Valencia y Laserna, Colombia no es ajena a las dinastías. Con varios apellidos re-usados en la política nacional y regional, hemos visto cómo Simón Gaviria, por ejemplo, el ex-congresista que estuvo ocho años en el congreso y dejó como un único aporte significativo el voto por una reforma a la justicia que ni siquiera leyó, se convirtió en Director Nacional de Planeación aparentemente por palanca de su papá. Está mal que, como pasó con los Gaviria, se promueva la carrera de alguien solo por su apellido, pero tampoco eso puede volverse un veto para nadie. Aunque Jerónimo no sea culpable por los crímenes de su padre, sí es válido criticarlo por las formas que él y su hermano han utilizado el poder implícito de ser Uribe para beneficiarse personalmente y atacar a sus críticos y enemigos.

No se puede negar las diferentes formas en que las siguientes generaciones han redefinido sus legados. El mejor ejemplo de esto es Álvaro Leyva; el ex-constituyente es hijo de Jorge Leyva, un ex-ministro de esos cercanos a Misael Pastrana que, por años, impulsaron la llama del conflicto armado en Colombia. En los finales de los 80s, Álvaro se volvió el ícono de la búsqueda por la paz volviéndose un canal de comunicación de confianza entre los gobiernos de Betancourt, Gaviria y Pastrana y los grupos del M-19 y las FARC. María José Pizarro, hija del ex-guerrillero Carlos Pizarro, hoy es un pilar de la reconciliación y el feminismo desde el Congreso de la República, e incluso el controversial Jorge Tovar, hijo del infame paramilitar Jorge 40, recibió el apoyo y la bendición del mismo Timoleón Jiménez para ser Director de Víctimas en el Ministerio del Interior, citando su continuado apoyo a las víctimas del conflicto. Hoy, hay miles de jóvenes hijos de la paz que, en vez de estar condenados desde el nacimiento al conflicto, por primera vez definen ellos mismos su futuro.

Jerónimo no ha sido ningún Leyva o Pizarro o Tovar y no se le pueden perdonar la falta de respuestas sobre su rol en la ‘ñeñepolítica’, las zonas francas que lo han beneficiado a él y a su hermano y sus negocios curiosamente tan exitosos. Pero está en el poder de Jerónimo redefinir su apellido, como lo han hecho Pizarro, Tovar y Leyva. La nueva generación es la generación del cambio y esto solo requiere que los jóvenes, de todos los sectores, nos atrevamos a cambiar.

*Sergio Villarreal, estudiante del Colegio Anglo Colombiano, miembro de Defendamos la Paz Jóvenes y parte del comité organizador de la marcha por la vida del 26 de Julio, @sergiolideres

1 COMENTARIO

  1. Si esa nueva generación, que horror, me imagino que viene con nuevas formas y fórmulas para desangrar este país, no olvidemos el viejo dicho.
    ” Hijo de tigre sale pintado y más avispado”

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