Venezuela ayer y hoy

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Cortesía de www.dailysignal.com

La evaluación de la herencia de Hugo Chávez no puede convertirse en una caricatura, ni la apuesta por la transición en una fórmula intervencionista,  argumenta el profesor Medófilo Medina.

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Análisis vs. propaganda

Poderosas razones demandan un seguimiento en la opinión pública colombiana de la evolución de la situación económica y política venezolana. Unos 2.219  kilómetros de frontera constituyen un hecho de entrada insoslayable. El escritor venezolano Uslar Pietri cubrió bajo la denominación de un tercer país a las regiones y los habitantes que viven y trabajan a uno y otro lado de las líneas de frontera. El intercambio comercial entre los dos países ha sido históricamente denso aunque cambiante. La posición estratégica entre el Caribe y el Océano Pacífico y el peso de las reservas petroleras de Venezuela dotan al conjunto de los dos países de especial significación geopolítica y alimentan el extraordinario interés de las superpotencias. Alguien en tono jocoso anotaba que Colombia, hoy, limita también con China y Rusia.

Colombia a la que se le nombraba en algunos comentarios como el Tíbet de Suramérica habría perdido esa condición por cuenta de la masiva migración venezolana de los últimos cinco años. En la actualidad, alcanza a 1.784.883 personas. Es evidente, que el análisis sobre Venezuela, tanto para el corto como el largo plazo, no puede sustituirse por la aplicación de epítetos.

Historia que no se inició ayer

En febrero de 1999, prestó juramento como presidente de Venezuela Hugo Chávez. Veintiún años que no es legítimo englobar bajo la representación de la crisis profunda que se precipitó sobre Venezuela desde el 2015. A quienes toman como objeto de análisis solamente el último quinquenio les asiste el propósito de presentar como fracaso a cualquier proyecto alternativo antineoliberal bajo el expediente de calificarlo de populista.

El primer año del chavismo lo absorbió la convocatoria, elaboración y aprobación de la Constitución Bolivariana. En lo tocante a la economía, durante los dos primeros años de su gobierno Chávez jugó a mantener los equilibrios macroeconómicos básicos. Las innovaciones tuvieron un alcance modesto. Los cambios empezaron en 2001 cuando mediante facultades extraordinarias fueron aprobadas el 13 de noviembre 49 leyes. Las más importantes fueron: la Ley de Hidrocarburos líquidos, La Ley de Tierras y la de Acuacultura y Pesca. Las reformas fueron rechazadas por el frente conformado por los comerciantes, algunos empresarios y dirigentes sindicales adecos de la Confederación de Trabadores de Venezuela. En tal frente, se alinearon los partidos, la Iglesia jerárquica y los propietarios de los medios de comunicación. Empezó la hostilidad de los Estados Unidos.

Luego del paro nacional de diciembre de 2001 que tuvo cierta acogida, la oposición se orientó hacia la preparación del golpe de Estado con la anuencia de los comandantes de las cuatro armas de las Fuerzas Armadas y con el apoyo de los medios de comunicación y de la jerarquía católica. El golpe contó con el apoyo público del gobierno de los Estados Unidos. Se efectuó el 11 de abril de 2002 y proclamó al dirigente de Fedecámaras, Pedro Carmona Estanga, como presidente de la República. El gobierno colombiano expresó su complacencia con el golpe que había roto el hilo constitucional.

El 13 de abril, se produjo en Caracas  un verdadero movimiento popular que a su vez animó la reacción de guarniciones militares leales, tanto en la capital como en algunos Estados. Chávez retornó al poder.

Luego se precipitó el segundo intento de golpe de Estado: la huelga insurreccional petrolera decretada por la alta gerencia de PDVSA que se prolongó por 63 días, de diciembre de 2002 a febrero de 2003, y que, en gran medida, destruyó la infraestructura de la producción y comercialización del petróleo en Venezuela. Las leyes de 2001 habían asegurado la nacionalización efectiva de los hidrocarburos y los elementos jurídicos y financieros para emprender las reformas sociales. La derrota de la huelga hizo posible al Estado la recuperación de PDVSA que la alta gerencia había convertido en un estado dentro del Estado. En el curso de la huelga, surgieron las misiones como mecanismos para atender diversas necesidades de la población: la educación, la provisión de alimentos a precios subsidiados (mercal, pdeval). Entre ellas tuvo gran importancia la Misión Médicos Barrio Adentro.

Chávez: ¿Sólo carisma?

El proceso bolivariano logró una redistribución radical de la renta petrolera y con ella el acceso a bienes y servicios de grandes contingentes de la población de Venezuela para los cuales los gobiernos anteriores habían dejado de ofrecer soluciones, al menos desde comienzos del decenio de 1980. Esos sectores populares fueron dotados de una personería política que los recuperó de los márgenes de la sociedad y del sistema. Eso es lo que va a permitir una larga serie triunfos electorales a lo largo de los años.

Hacia el año de 2007, maduró la necesidad de introducir desde el Estado algunas reformas encaminadas a garantizar la sostenibilidad de los cambios que avanzaban y la diversificación de la economía para cuando los precios del petróleo descendieran. Esos movimientos necesarios no se produjeron y de esa forma se dejaron en pie factores de la futura recesión económica. Un solo ejemplo: cuando a finales de 2003, el comandante Chávez introdujo el control de cambios esa medida aparecía como imprescindible para responder a la galopante salida de capitales. Esa medida no podía prolongarse más allá de un período razonable. Los diferenciales del precio de las divisas condujeron a que sectores de la burguesía importadora se comprometieran en compras ficticias, sobrefacturación, especulación y fuga de divisas. “La guerra económica” existió y el Estado no acertó a encontrar formas eficaces de controlarla.

La invariable apuesta

 A la oposición le ha resultado muy costosa su mantenida apuesta desde 2001 por el golpe de Estado que la ha llevado a la vacilación entre el boicot y la participación electoral y que le ha impedido atender con audacia e iniciativa los eventos de diálogo a los que ha concurrido. La apelación a la violencia la ha desgastado y le ha restado capacidad de mantener la movilización de sus bases y ha facilitado las respuestas violentas de parte del gobierno.

Una referencia importante de la negociación fue la mesa de diálogo en República Dominicana que se desarrolló entre finales de 2017 y comienzos del año siguiente con la asistencia del presidente de ese país y de Rodríguez Zapatero, expresidente del gobierno español. Se elaboró y acordó un documento denominado Acuerdo de Convivencia Democrática. Cuando el 7 de febrero de 2018 se reunieron los representantes de ambas partes, los de la oposición se negaron a firmar y presentaron el bosquejo de un nuevo documento. En ese desenlace había jugado su papel la presión de funcionarios del gobierno de los Estados Unidos.  Desde entonces, el alineamiento de la oposición con los Estados Unidos se hizo más fuerte. Se debilitaron las posibilidades del camino negociado.

En mayo de 2018, se produjeron las elecciones presidenciales. La oposición en la vertiente de la Mesa de Unidad Democrática se decidió por la abstención, no obstante que concurrieron tres candidatos  de la oposición, uno de ellos figura política reconocida. Vino otro paso: la autoproclamación el 23 de enero de 2019 de Juan Guaidó como presidente encargado. Se descartó la plana que, hasta entonces, había dirigido a la oposición. Con euforia, los países aliados o subordinados a los Estados Unidos en Europa y América Latina saludaron al presidente interino.

El presidente Duque ha ejercido a nombre de Trump como patrocinador de Guaidó. En tal calidad quiso ser el gran oficiante en Cúcuta de la entrada a Venezuela el 23 de febrero de 2019 de los camiones con  “ayuda humanitaria” que debería culminar en el derrocamiento de Maduro. Duque y el presidente de Chile Sebastián Piñera emularon por la grandeza histórica. Piñera se sentía replicando el desembarco en Normandía y Duque repitiendo en tierra caliente el derrumbe del Muro de Berlín. Todo terminó en clamorosa apología del ridículo. Las acciones de Guaidó bajaron en las filas de la oposición en los meses de febrero y marzo.

Tiempo, entonces, de nuevo intento de golpe de Estado. En la madrugada del 30 de abril de 2019, algunos militares liberaron a Leopoldo López y con Guaidó esperaron en la entrada de las instalaciones militares de La Carlota que se abrieran las puertas para iniciar el gobierno en propiedad. La acción culminó con los protagonistas refugiados en las embajadas de España, Brasil y Chile.

Desde finales de marzo de 2020, los movimientos políticos y militares de los Estados Unidos se han intensificado sobre el telón de fondo de las sanciones económicas, del bloqueo comercial, del manejo ilegal de recursos de propiedad de Venezuela en el extranjero, la confiscación de CITGO empresa filial de PDVSA en Estados Unidos.  Esa guerra económica se inició en 2015 en la administración de Barak Obama y se recrudeció desde 2017.

El 26 de marzo de 2020, el Departamento de Justicia ofreció una recompensa de 15 millones de dólares por la captura de Maduro, el 31 de marzo Elliot Abrams publicó un plan de transición para Venezuela pero al día siguiente Trump anunció la puesta en marcha de una operación naval hacia el Caribe. El 3 de mayo, desembarcó en las costas venezolanas una incursión mercenaria contratada por J.J. Rendón y Guaidó a la empresa de mercenarios Sivercorp. La operación Gedeón fue desarticulada por el gobierno venezolano.

Todas estas aventuras han sido apoyadas por el gobierno colombiano. Al tiempo, diversas fuerzas políticas así como periodistas denunciaron la llegada a Colombia en junio del presente año de una brigada de élite de los Estados Unidos supuestamente para asesorar a las fuerzas militares colombianas en la guerra contra el narcotráfico. Como distraídamente, se anota que esa brigada tiene tareas de “apoyo a la paz regional” Resulta a todas luces inconveniente para el país el juego del gobierno de Duque y el alineamiento obediente al modelo de los Estados Unidos con respecto a Venezuela y que se plasma en el enunciado de  Mike Pompeo: “ todas las opciones están abiertas”

Pandemia y esperanzas!

En medio de la pandemia, se han encendido en Venezuela ciertas luces que bien podrían fortalecerse. A comienzos de abril de 2020, en representación de algunos partidos y en nombre personal, 300 firmantes difundieron un llamado para aunar esfuerzos para la superación de la pandemia y para la creación de condiciones político-organizativas que permitan solicitar la ayuda Internacional. Figuraban opositores pero también chavistas alternativos.

El primero de junio, se firmó un acuerdo entre representantes del gobierno y de Juan Guaidó para que millones de dólares de la asistencia humanitaria se distribuyeran en Venezuela de manera apolítica a través de la Organización Panamericana de la Salud. Son precedentes que, de fortalecerse, podrían fijar el centro de gravedad en la búsqueda de soluciones entre los venezolanos y en el propio país. La cooperación con fórmulas intervencionistas no responde ni a los intereses de Venezuela ni de Colombia. Abandonar la situación a ese juego ha sido paralizante y hoy, ad portas de las elecciones en Estados Unidos, es muy peligroso.

*Medófilo Medina, Ph.D en Historia, profesor emérito y honorario de la Universidad Nacional.

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