Así son los migrantes que están llegando a Colombia procedentes de nuestro país. Las condiciones inhumanas de vida que el señor Maduro les ha impuesto a ello los ha conducido. 

No solo llegan ellos en tal situación sino que, adicionalmente, como lo ha reiterado en su comunicado de esta semana la Conferencia Episcopal Venezolana, lo hacen luego de una travesía a pie, desde cualquier lugar de Venezuela, en la cual han tenido que enfrentar la saña de las fuerzas policiales y militares venezolanas que, en lugar de protegerlos, les desvalijan de sus pocos haberes. 

Una parte de quienes hoy están llegando ya estuvieron en Colombia; conocen su problemática, su idiosincrasia  y también sus bondades. Los otros llegan en absoluta orfandad de conocimiento, quizás pensando que las prácticas asistencialistas o clientelares  venezolanas se replican en este país y, tal como ocurrió con quienes les antecedieron en similar circunstancia, aprenderán tipo ensayo y error, pero lo harán.

Meses atrás dijimos que Colombia debía prepararse para esta circunstancia; preveíamos un agravamiento de la crisis interna venezolana y, lamentablemente, el tiempo nos dio la razón. Eso está ocurriendo y pareciere no tener solución a muy corto plazo.

El país al cual esos nuevos migrantes llegan no es el mismo que conocimos hace tres años a nuestra llegada; las  circunstancias económicas derivadas de la pandemia lo hacen diferente. El campo de trabajo es supremamente más restringido y las posibilidades fiscales han mermado. A eso se enfrenta esa nueva migración, con la particularidad que lo hará, adicionalmente, en condición desventajosa derivada de su irregularidad migratoria pues, al estar cerradas las fronteras, no habrá posibilidad de que su estancia en el país sea, por lo pronto, de otra manera, aun teniendo pasaporte. 

Lo que ocurre con la migración venezolana  al país que más impactará será a Colombia. Ello nos obliga a todos los interesados en este lado de la frontera, a que la crisis venezolana se resuelva, a afinar estrategias tendentes a lograr ese objetivo. Todos los actores políticos colombianos, cualesquiera sea su tendencia, y los venezolanos preocupados porque se resuelva nuestro conflicto deberíamos coordinar esfuerzos en aras de ese objetivo. Alguna institución colombiana debería interesarse en ello y fungir como coordinador de esfuerzos.

Mientras eso ocurre, sin embargo, Colombia debería aprovechar para conocer mucho más nuestras instituciones pues serán ellas y sus ciudadanos – aparte de los venezolanos – los más directos beneficiarios del proceso de reconstrucción que en algún momento se iniciará en nuestro país, en el cual se requerirá personal y capital excedentario que, por las experiencias pasadas antes de la llegada del chavismo, se saben altamente redituables en nuestra tierra. 

Los migrantes que hoy llegan, como lo hicimos los que les precedimos, se ajustarán a Colombia, sus leyes y costumbres. Esa es la experiencia que el país ya conoce pues ha aprendido a ser receptor de aquellos.    

*Gonzalo Oliveros Navarro, Magistrado del Tribunal Supremo de Justicia. @barraplural

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