Leo en un medio venezolano unas declaraciones del doctor Felipe Muñoz, asesor presidencial para la crisis migratoria venezolana y gerente de fronteras quien esta semana ha informado que da un paso al costado en sus responsabilidades en Colombia para asumir una posición internacional en el Banco Interamericano de Desarrollo, también vinculada al tema migratorio.

Afirmó él en una entrevista concedida a una agencia española de noticias que es menester fortalecer la vinculación económica de los migrantes a Colombia, lo cual “pasa por regularizar, convalidar los títulos, certificar sus competencias técnicas y lograr que puedan desarrollar alguna actividad, incluso algunos como emprendedores”.

Es inusual en nuestros países que, una vez producido un cambio de gobierno, funcionarios de primer nivel que a uno prestaron servicio, lo continúen haciendo con el nuevo gobierno.

En Venezuela, tuvimos buenos ejemplos de eso, como ocurrió con el caso del Metro de Caracas y su Presidente – el doctor José González Lander – por solo citar un ejemplo, quien por largos años en dicha organización laboró para convertirlo en un ejemplo emblemático de las cosas buenas que los venezolanos – y los latinoamericanos – podemos hacer cuando los gobiernos actúan correctamente.

En Colombia, en materia vinculada a la migración, eso ocurrió.

Quien fuere Director de Migración Colombia en el gobierno del Presidente Santos, Christian Krüger Sarmiento, continuó ocupando esa posición hasta el pasado diciembre luego de cinco años de ejercerla, de los cuales dieciséis meses correspondieron a la gestión del Presidente Duque. Igual situación ocurrió con el doctor Felipe Muñoz, quien ocupa el puesto que dejará libre desde febrero del 2018.

Colombia ha enfrentado desde el 2015 una situación que pocos países del mundo han experimentado. Una migración forzada y multitudinari, la segunda más importante del siglo, ha obligado a sus autoridades a diseñar políticas públicas destinadas a tratar de atender a más de un millón ochocientos mil connacionales que han decido cruzar la línea fronteriza desde Venezuela en búsqueda de lo que su país le niega y que esta tierra puede darle, que es cuando menos seguridad institucional.

La frase del doctor Muñoz que se recoge al principio de esta columna refleja lo que hemos venido predicando desde noviembre del 17 cuando empezamos a abordar el tema migratorio. La migración no es un problema sino una oportunidad en la cual Colombia tiene una gran ventaja, cual es el costo cero de haber formado al 20% de ese millón ochocientos mil venezolanos que, según reconoce el mismo doctor Muñoz, se encuentra en el país con estudios superiores, de maestría y doctorado, muchos con aptitud de emprendimiento.

Pierde este país que nos ha acogido una extraordinaria oportunidad cuando no define una política única de identificación a los migrantes, no resuelve con prontitud las situaciones de convalidación de títulos ni facilita la incorporación del migrante al mercado productivo, permitiendo que gente calificada labore como meseros en lugar de ocupar, en la parte del país que sea requerido, una posición acorde con su preparación.

Felipe Muñoz va ahora a un organismo internacional para afrontar desde allí el problema migratorio. Quienes como yo hemos propuesto convertir a Colombia en la referencia de políticas migratorias del siglo 21, nos alegramos y le deseamos éxito en su gestión. Seguramente la actividad que desde allí despliegue le dará prestigio personal, más seguro estoy que, a través de ella, buscará facilitarle al migrante la vida en el país de acogida para que éste aproveche los beneficios de la misma.

*Gonzalo Oliveros Navarro, Magistrado del Tribunal Supremo de Justicia. @barraplural

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