Cuando salía de Caracas para iniciar este exilio, me propuse ayudar a Colombia, tal como durante toda mi vida lo he hecho con mi país.

Una de las vías que desarrollé para cumplir lo propuesto fue informarle a quienes me leen, especialmente a quienes no son mis compatriotas, lo que nos ha pasado – la Venezuela que fuimos, la que pudimos ser y en la que el “proceso revolucionario” nos ha convertido – para que así eviten que, en su tierra, se repita nuestra tragedia.

Otra tarea que me propuse fue la de auxiliar desde el punto de vista jurídico a los migrantes venezolanos.

Una adicional – que no la última – fue la de estudiar los sistemas jurídicos de ambos países para proponer en el nuestro alternativas cuando la democracia retorne. En todas estimo haber cumplido.

Sin contar los trabajos que, por razones laborales o de estudio, he presentado o desarrollado, desde mi llegada a Colombia he escrito, al dia de hoy, 602 columnas que por mis redes transmito, buena parte de las cuales han sido publicadas en medios de distintos países. Adicionalmente, otras 90, escritas en Venezuela hasta julio del 17, han sido publicadas en la revista Nueva Epoca de la Universidad Libre. En ellas, prioritariamente, he tratado el tema de mi país, así como el de migración y refugio, los cuales por mi condición, me son muy cercanos.

Respecto de los dos últimos, he planteado problemas y alternativas de solución a la situación migratoria venezolana que a Colombia impacta, así como propuestas de políticas públicas que reconozcan que la migración, más que un problema, es una oportunidad, todo con la finalidad de ayudar a construir el mejor sistema migratorio del siglo 21, lo que pudiere servirnos de ejemplo mañana a nosotros cuando, por razón de la reconstrucción venezolana, el ciclo se invierta.

Es lo cierto, sin embargo, que el trabajo en materia de migración y refugio no solo se ha limitado a escribir y proponer políticas públicas.

Desde noviembre del 17, buena parte de nuestro tiempo ha estado dedicado a atender de manera gratuita a ese contingente humano que la Corte Constitucional colombiana denominó “personas en extrema condición de vulnerabilidad”. Ese venezolano que de nuestra tierra salió, generalmente con una mano adelante y otra atrás, y a Colombia llega con una desorientación jurídica y emocional absoluta. A él hemos dedicado profunda atención y lo continuaremos haciendo.

Respecto de nuestras legislaciones – quizás por deformación profesional- los temas procedimentales y constitucionales han sido mi foco central de atención; respecto de los mismos, trabajo tengo para presentar cuando corresponda.

Otras tareas adicionales referidas a la situación de nuestro país y las maneras de resolverla, han ocupado mi atención. Ya llegará el tiempo de contar sobre ellas.

Cumplo hoy tres años de haber llegado a Colombia. Al país, a su gobierno y su gente, a las universidades que me han acogido como profesor y estudiante, a quienes me han permitido escribir en sus medios digitales, a mis compañeros de estudio y a los amigos que aquí he conseguido, al igual que a los venezolanos que con gestos y palabras han hecho más llevadera esta bogotana estancia, el agradecimiento eterno de mi familia y el mío personal.

*Gonzalo Oliveros Navarro, Magistrado del Tribunal Supremo de Justicia. @barraplural

Nota de la directora: Como ciudadana colombiana nacionalizada, me honra dar cabida en La Línea del Medio a una voz venezolana que ha elegido construir desde el exilio. Eres bienvenido cuanto tiempo sea necesario en este terruño digital y, por fuera de él, estoy convencida de que la gente de la tierra que hemos hecho nuestra seguirá rodeando a la población venezolana por difíciles que sean las circunstancias.

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