Y después de esto qué

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La existencia de una era post-pandemia puede ser tomada por dos caminos: 1. recuperar el tiempo perdido y volver a la insensata normalidad o 2. avanzar en la consolidación de un pacto verde global.

“Todos estamos obligados a renegociar nuestra posición en el ecosistema, en el mundo”.

Brigitte Baptiste

Durante estas noches de cuarentena, me invade la incertidumbre sobre cómo será el mundo post-pandemia. Profundamente desearía que los seres humanos seamos tan valientes para enfrentar los retos ambientales que dejamos en deuda antes de enfrentarnos al coronavirus.

La crisis causada por el Covid-19 nos obligó a parar nuestro acelerado ritmo de vida y de crecimiento económico. Con ello vimos en las grandes urbes la presencia de animales (algunos que ya creíamos extintos), volvimos a ver cielo despejado como consecuencia de la purificación del aire, los mares recuperaron su tono azulado y los trámites para licencias “ambientales” se detuvieron para darle una segunda oportunidad a la conservación de la naturaleza. Pese a lo bueno y reconfortante que fue ver esas transformaciones, despertamos del sueño y comprendimos la existencia de una era post-pandemia que puede ser tomada por dos caminos: 1. recuperar el tiempo perdido y volver a la insensata normalidad o 2. avanzar en la consolidación de un pacto verde global.

Desde mi óptica y las largas reflexiones que han surgido en este tiempo de aislamiento, el segundo camino es la mejor opción. Llegó el momento de comprometernos con nuestra casa común para fijar metas con el objetivo de frenar la deforestación y mitigar sus efectos, cumplir los objetivos de desarrollo sostenible y, en especial, evitar el aumento de la temperatura de la tierra.

Sería un gran error, después de este virus zoonótico, buscar el desarrollo del hombre por encima de la naturaleza. Desconocer la interdependencia y relación de estos sería nuestra autodestrucción.

Llegó el momento en que los gobiernos demuestren verdadera voluntad con la gestión ambiental y que las organizaciones de la sociedad civil continúen con su tarea incesante de hacerse escuchar ante los sordos oídos de los líderes mundiales. La perseverancia de colectivos como el Comité Santandereano para la Defensa del Agua y el Páramo de Santurbán demuestra que la fuerza ciudadana contrarresta decisiones políticas. A finde de mayo, el Comité logró aprobar en la Asamblea Departamental de Santander y en el Concejo de Bucaramanga proposiciones para garantizar la protección de la alta montaña de Santurbán, incorporando metas concretas para la defensa intersectorial e intergubernamental de éste.  

El Comité lidera los esfuerzos para detener actividades extractivas en colindancia del Páramo Santurbán, ecosistema estratégico que se encuentra amenazado por las posibilidades de que se desarrollen actividades de megaminería. Una discusión que, pese a la pandemia, continúa más viva que nunca y exige que el colectivo ciudadano refuerce su lucha para lograr desde el plano local impactos en el orden nacional. Proteger el Páramo Santurbán es defender el agua, la vida y el territorio.

La pandemia le dio un respiro a la tierra. Pero no hay que confiarse. El gran reto es no volver a ser los mismos y que la reinvención perdure post-pandemia. No podemos caer en esa fría normalidad que nos llevó a olvidarnos que sin agua, sin árboles, sin montañas, sin planeta no hay vida.

Esperamos que los gobiernos, con el apoyo de la sociedad civil, formulen e implementen estrategias integrales para proteger el ambiente, sin caer en interpretaciones erróneas, ni disposiciones que permitan la tergiversación de lo acordado. En nuestras manos está presionar a los gobernantes para que se salden las deudas pendientes con el ambiente y construir un cambio global que transforme nuestra cotidianidad y nos lleve a asumir posturas responsables para salvar el soporte mismo de la vida, la tierra.

*Camila Rueda, abogada comprometida con la defensa y cuidado del medio ambiente. @camilaruedar

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