Con referencia a “Jacobo el Fatalista”, la obra clásica de Diderot, Juan Alfredo Pinto formula hipótesis sobre los rumbos de los sistemas políticos y económicos en pospandemia.

A medida que corren los días de aislamiento, los intelectuales de la economía, la filosofía, la política, la historia y la sociología entre otras, comienzan a lanzar sus hipótesis acerca de las transformaciones que traerá consigo el coronavirus y de la forma en la cual tomarán curso tales cambios de magnitud luego de la devastación. El debate ha sido planteado especialmente por pensadores occidentales y por algunos profesores asiáticos, buena parte de ellos influidos por las visiones dualistas del ideologismo, desde la dialéctica neomarxista que vaticina el fin del capitalismo, hasta los expertos que construyen su prédica sobre los pares dialécticos como el yin yang de la filosofía china o aquellos que hablan de un reencuentro con el neoliberalismo a escala global.

Penosamente, ante la dificultad para descifrar el porvenir, la mayoría de los apostadores prospectivos no pueden desprenderse de una perspectiva que trasluce la nostalgia por un pasado que determinó su postura política vital. Como si quisieran dejar a salvo pedazos de su biografía, caen en lo que Zigmount Bauman define como la retrotopía. Esperamos ansiosos los planteamientos de visionarios surasiáticos como Amartya Sen o acaso de pensadores hispanoamericanos, que nos saquen de la tendencia heredada de la guerra fría consistente en observar al mundo como una bipolaridad, como si no estuviera bastante claro que centrarse en las dos caras de un problema conduce a menudo al error, pues un problema, para que merezca así catalogarse, tiene mucho más que dos caras.

El más preclaro entre los visualizadores generales en boga, Yuval Noah Harari, nos habla, a partir del proceso presente, del dilema entre la anulación de la libertad individual por efecto de las tecnologías como el big data, la inteligencia artificial y los algoritmos relacionales que anticipan la conducta humana en nombre de la seguridad y una sociedad donde la individualidad imponga su resistencia a través de la solidaridad, la participación y la cooperación. Probablemente, mientras los teóricos no superen el dualismo, la realidad nos vaya mostrando opciones alternativas tipo blended como quiera que otra ruta ligada a cualquier linealidad supremacista sería catastrófica.

A la sombra de las discusiones sobre la génesis de esta pandemia, su esparcimiento menor hacia las regiones en China y mayor hacia regiones o países en el mundo, sobre las ventajas que generan en términos políticos las restricciones de movilidad y lugar de residencia en países como la propia China o Corea del Norte, o sobre los rastreos digitales de información geográfica e interacción personal en países como Corea del Sur o Taiwán, han surgido discusiones sobre los sistemas económicos y las supuestas matrices orientales de sus estructuras sociales disciplinadas, jerárquicas, de colectivismo obediente que estarían mejor acondicionadas para la contención de una pandemia y la rehabilitación del tejido económico en el ciclo de la post virosis, versus las hipótesis de alto grado de libertad individual, libertad empresarial, protección de datos y el modelo capitalista que soporta el sistema político en occidente con sus tendencias arrítmicas y cíclicas que tornarían muy difícil el manejo de fenómenos como las pandemias y sus devastadoras consecuencias en materia económica y social.

Las crónicas descalificantes sin admitir ni un logro al socialismo real, la crítica despiadada contra el capitalismo y la consagración del capitalismo de Estado monopartidista como el orden político que, gracias al confucianismo readaptado, facilitaría un desarrrollo ilimitado de las fuerzas productivas dentro de un ambiente compasivo y de sereno acatamietno, son todas variantes de discursos justificatorios desde el ámbito político a cargo de los gobiernos de países poderosos. Pasan de largo sobre la depredación ambiental causada por las potencias de todo tipo; de manera simplista, quieren reducir a formas comportamentales de Oriente u Occidente la emulación de todas las potencias en torno al desarrollo de las fuerzas productivas y provocan arrebatados liderazgos unipersonales y nacionalistas que profundizan la descompensación y descomposición universales.

En los cinco continentes cunde la certidumbre acerca de que después del coronavirus el mundo no será igual. Sin embargo, los rumbos de los cambios en ciernes, su profundidad y los senderos hacia la forja de los paradigmas no están definidos, en primer término, porque estamos en medio del proceso y, en segundo lugar, porque la intensidad y extensión tanto de la pandemia como de sus consecuencias van determinando la escenografía socio económica, ambiental, de las formas de vida y de las relaciones internacionales. La construcción de las macrotendencias será un proceso orgánico dentro del cual habrá beneficios para naciones y agrupamientos como también dificultades e impactos negativos para todos. Puede decirse que la pandemia es un enemigo común pero su superación y la convalescencia concomitante, así como la arquitectura y configuración del futuro inciden en tantos planos de los órdenes polītico, económico y antropológico que, contrario a las predicciones dualistas, las próximas décadas no dibujarán un cuadro de vencedores y vencidos sino un podio múltiple e interdependiente que consagrará sistemas socio económicos flexibles y modelos de síntesis dentro de lo que podemos avizorar como variados caminos y pliegues hacia una renovada Economía Social y Ecológica de Mercado.

La economía social y ecológica de mercado ya no es simplemente la adopción del modelo adoptado por Alemania en la posguerra, un orden que reconoce el papel del mercado mas también comprende que las fuerzas productivas libradas a la suerte de la acumulación tienden a autoliquidarse, por lo cual introdujo la solidaridad y la subsidiariedad como los instrumentos de balance. Ahora ha de ser un sistema complejo que prioriza la consideración ética del progreso económico y tecnológico, trabaja consistentemente en la sostenibilidad y agencia activamente la modificación matricial del uso de los elementos con énfasis en agua y energía, se ocupa del bienestar global reduciendo la vulnerabilidad, asignando protagonismo a lo femenino, a la infancia y a los mayores, profundizando la participación ciudadana con independencia del orden político. Un sistema que acoge y admite la complejidad reconoce como asunto esencial la diversidad, pero no acepta como su expresión legítima la abrumadora diferencia en aspectos vitales de la existencia, afronta el cambio climático sin ambages y desborda los ámbitos nacionales desde una oxigenada estructura multilateral objeto de cambios significativos que revelen el peso en términos de recursos, patrimonio natural y población del sur de Asia, África y América Latina, detenga el rearme y entienda el desarrollo global como un asunto de límites.

En la obra “Jacobo el Fatalista y su Maestro”, aquella pieza superior de la literatura de la Ilustración, en la cual Denis Diderot utiliza la sátira para recrear el juego de nunca acabar entre la libertad y el orden autoritario, el contrapunto sicológico entre el determinismo y el libre albedrío. Bajo el título en español “Don Jacobo y su Amo”, Milan Kundera llevó al teatro la novela manejando el mismo método de diálogos que se interrumpen por medio de preguntas o situaciones inesperadas. Hay incluso un personaje – un lector en la novela y el público en la pieza teatral -, que también interrumpe con preguntas a los actores acerca de su destino. ¿Para dónde vamos, amo?, dice Jacobo y se dirige al público, ¿saben ustedes para dónde vamos? El auditorio queda mudo…el amo contesta: vamos para adelante. Y Jacobo replica, amo, ¿dónde es adelante? Pues adelante, adelante es en todas partes.

Ni los absolutismos del caudillismo postmoderno, ni el libertinaje en materias socio económica o ambiental son desiderátums en sí mismos. La libertad, ese objetivo superior e incesante de la historia humana, no es infinita. Tiene un seguro, la responsabilidad que implica la otredad, la alteridad, el tratar de comprender a los demás, de incluirl, en este caso, a más de cuatro mil millones de seres humanos que no están bajo la carpa impositiva de las naciones poderosas.

* Juan Alfredo Pinto, economista y exembajador en India y Turquía @juanalfredopin1  

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