11 de septiembre

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Eso es hoy, día de aniversarios luctuosos  en nuestra América producto de la intemperancia.  

En Chile -1973- Salvador Allende, quien dos días antes había convenido realizar un plebiscito a fin de consultarle al pueblo su gestión, fue derrocado, originando, por cierto, una diáspora de su dirigencia que buena parte recaló en Venezuela y que algunos en ese país, quizás por su mente selectiva, parecen haber olvidado.  

Los resultados de la gestión presidencial de esa época más la sobrada conducta de varios de los partidos y dirigentes que le acompañan en la misma, sumado a la actitud del gobierno Nixon, coadyuvado por la prensa del país y buena parte de la ciudadanía dieron al traste con un proceso. Este, aún diez años antes, ya tenía sus días contados, como lo recuerda Enrique Tejera París con ocasión de un mensaje enviado por Rómulo Betancourt, que le transmitió a Salvador Allende por los años 1963-1964, relativo a los efectos que traería su junta con el Partido Comunista.  

De ese hecho hoy se cumplen 49 años y todavía la presencia de Pinochet se encuentra presente en esa tierra austral gracias, nuevamente, a la intemperancia manifestada en el texto constitucional recién rechazado. Así, casi medio siglo atrás quienes gobernaban pensaban que podían hacerlo con medio país en contra, hoy quienes redactaron el proyecto constitucional creyeron lo mismo. Con la suerte de que, la solución llegó por los votos y no por las armas, manteniendo vivo el legado constitucional de Pinochet. 

Chile me sirve como punto de reflexión para Venezuela, que es en el fondo una de mis mayores preocupaciones como ciudadano, pues de allá soy. En mi país, la intemperancia que algunos manifiestan con respecto a sus adversarios preocupa y por cierto, no es la gubernamental pues la resistencia a esta ha sido obvia; es la de algunos en la acera del frente, quienes de llegar al poder se encontrarán -si no utilizan su mano izquierda- con una resistencia importante a su gestión, con posibilidad de salidas desconocidas. 

Hoy, cuando también conmemoramos la intolerancia político religiosa evidenciada en los sucesos norteamericanos del Pentágono y  de las Torres del World Trade Center en Nueva York, es buen momento para reflexionar respecto de nuestras posiciones irreductibles.

*Gonzalo Oliveros Navarro, Magistrado del Tribunal Supremo de Justicia. Director de Fundación2Países @barraplural

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