16 millones no votamos

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Me parece que no es bueno olvidarse de aquellos que no hayan encontrado importante acercarse más al poder y a la riqueza; tal vez tengan razón.

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Confieso que no vote el 19. Creo que nunca había dejado de hacerlo desde que vote Si a favor del Frente Nacional. Tal vez no me acerqué a las urnas porque percibí demasiado amor y confianza en el poder en un lado y, algo parecido, demasiada confianza y amor en el dinero en el otro.

No es que no crea en la eficacia de cada posición, sino que estoy convencido de que es mucho más importante tener amor y confianza en el cumplimiento de otros objetivos humanos, como los de carácter ético, cognitivo, estético y ecológico, objetivos que son cada día más escasos en Colombia.

Sé que me arriesgo a que me llamen inútil, incapaz, ingenuo, ingrato, indigno, hasta inmaduro, pero lo que pienso es que hoy lo que hace falta en nuestro país es gentes indisciplinadas, independientes, inconformes; solo esa clase de ciudadanos pueden ser capaces de disminuir nuestra dependencia de las ideologías extremas de la derecha y la izquierda y generar nuestras propias soluciones, acordes con nuestra historia y con la complejidad de nuestros ecosistemas. Por eso me alegro de que todavía el 40% de la población votante dude de las ideologías de derecha y de izquierda que son las que han impedido el buen vivir en nuestro país. Los seculares fracasos de esos dogmas son los que fomentan la pobreza, la inequidad y la violencia y todavía sus seguidores no son capaces de explicar porque no hay suficientes empresas después de 30 años de neoliberalismo ni porque cincuenta años de violencia marxista no lograron construir una nueva sociedad. Simplemente nos piden que esperemos unos años más.

Poco se habla de esa mayoría, 16 millones de abstencionistas que ya se cansaron de esperar frente a 11 millones que confían en que ahora su poder lo logre y a 10 millones que están dispuestos a colaborar siempre y cuando no se afecte su riqueza. Los columnistas prefieren ignorarlos, como si no fuera muy diciente que solo el 60% de la población participe en las elecciones – ¿Quiénes somos?  

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Es posible que sea posible identificar a esos independientes e indisciplinados si se parte, como lo aconseja Ernesto Guhl en su libro Antropoceno, de lo territorial local, de cada uno de esos conjuntos de ecosistemas que generan nuestra complejidad y que hoy parecen ir hacia la insostenibilidad. ¿Quiénes y cuantos votaron en Bogotá y Medellín? ¿Quiénes y Cuantos votaron en el Choco y en Barranquilla? ¿Será que los que no votan no son los ricos ni los poderosos sino los que han logrado vivir mejor sin dinero y sin poder? ¿Será que la mayoría de los que no votaron el 19 son aquellos que viven en los ecosistemas mas competitivos? ¿Quiénes no votan son también los que no consideran necesario formalizarse?

Ojalá si se logra el gran acuerdo no ignoren a esos millones que parecen ser felices sin tener que comprometerse con ideologías fracasadas, esos que es probable que tengan en sus mentes y en sus experiencias las recetas alternativas necesarias en Colombia. Reflexionen acerca de lo que significa que 16 millones de personas compartan una decisión casi vital, la de apartarse de lo que piensa la mayoría de sus compatriotas. En Europa hay 12 países cuya población es inferior a 16 millones, y hay un país, muy importante en la historia de la humanidad, Holanda, cuya población es apenas un millón más de lo que suman todos los abstencionistas colombianos. Me parece que no es bueno olvidarse de aquellos que no hayan encontrado importante acercarse más al poder y a la riqueza; tal vez tengan razón.

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*Julio Carrizosa Umaña, ingeniero, ambientalista, miembro honorario de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

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