Con estos resultados la JEP demuestra que, aun con todos los ataques de los que ha sido víctima, está cumpliendo su labor tan ágil y eficientemente como se esperaba, dejando sin argumentos a sus detractores.

 “Ni trizas ni risas” fue la frase sonora pero vacía que usó el presidente Duque durante su campaña para referirse al Acuerdo de paz. Hoy sabemos que se han hecho más trizas que risas y que se ha dilatado la implementación. A pesar de esto, gracias al Acuerdo con las FARC, Colombia ha mejorado sustancialmente en temas como el turismo, el desminado y la disminución de homicidios y otros hechos violentos (se desocupó el Hospital Militar), tanto en términos generales como en coyunturas especiales (como las electorales).
 
Sin embargo, los grandes beneficios que desde un principio se esperaban del Acuerdo son de carácter inmaterial: el esclarecimiento de la verdad, la justicia y la construcción de memoria. El mejor ejemplo del avance en estos temas, además de las investigaciones que se adelantan, son los hallazgos sobre falsos positivos en Dabeiba. El descubrimiento no solo es importante porque las familias de los desaparecidos podrán saber qué pasó con sus seres queridos, sino también por el precedente que implica que la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) haya investigado los atroces hechos y descubierto la fosa común. Además, con estos resultados la JEP demuestra que, aun con todos los ataques de los que ha sido víctima, está cumpliendo su labor tan ágil y eficientemente como se esperaba, dejando sin argumentos a sus detractores.
 
Ignorando estos avances, por terquedad o miedo o por ambas cosas, ciertos sectores de la política y la sociedad civil han torpedeado la implementación de los Acuerdos y el Gobierno, que prometió sacar adelante este proceso, se ha negado a la ejecución y a la financiación de los proyectos que se habían contemplado. Incluso su estamento más “técnico”, el Ministerio de Hacienda, a la cabeza del turbio Carrasquilla ha impedido a su manera que se destinen los recursos necesarios para la paz. Así, según cálculos del profesor de la Universidad Nacional Andrés Felipe Mora, la desfinanciación de la implementación hasta el año pasado era del 40% y el déficit estructural, si no aumenta la financiación, será de por lo menos 1,7% del PIB anual hasta el 2031 (cuando debe finalizar la implementación). 
 
Pero, como si esto fuera poco, no solo no se está implementando el Acuerdo, estamos viviendo un retroceso que, aunque viene desde el 2019 con los asesinatos de líderes sociales, ambientalistas e indígenas, lo vemos de manera más tangible y directa en la toma de Bojayá por grupos armados, que hace patente que la guerra que queríamos acabar está tomando fuerza de nuevo. Además, destapa una dicotomía: por un lado, es innegable los beneficios que trae el Acuerdo de Paz en términos materiales e inmateriales y, por otro lado, la falta de su implementación puede hacer que volvamos a épocas más oscuras de nuestra historia.

Entonces, es evidente cuál es el camino que hay que tomar: la implementación nos permitirá tener un mejor país. Por esto, ante los retrocesos, no queda de otra que seguir avanzando y, para avanzar, hay que parar. Es necesario reactivar el paro que comenzó el pasado 21 de noviembre. Tenemos que volver a las calles pues no podemos ser indiferentes ante el eventual renacimiento de la guerra que puede llegar a ser igual o más intensa que en el pasado. En todo caso, se hace menester defender lo poco que se ha avanzado en el Acuerdo de Paz y exigir que se cumpla el resto del mismo.

Adenda. El equipo de la nueva alcaldesa de Bogotá, a primera vista al menos, parece producto de un buen proceso de selección, aunque alguno por ahí parece no haber tomado conciencia del cargo. Es evidente en este nuevo gabinete el tinte político de las diversas fuerzas que acompañaron la candidatura de Claudia López, pero no se puede ignorar las capacidades técnicas de los recién posesionados. Este equilibrio entre capacidad técnica y posibilidad política que, a mi parecer, es lo que ha faltado en el nivel nacional, le augura buenos resultados a la nueva alcaldesa.

Camilo Andrés Delgado Gómez, estudiante de ciencia política, Universidad Nacional de Colombia/sede Bogotá, @CamiloADelgadoG

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