A propósito de la segunda vuelta presidencial

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Colombia en la encrucijada de la decadencia a la banalidad

(Lea también: Decadencia institucional)

Para decirlo breve y pronto: la academia debe estar en las antípodas del poder. No obstante, la simplificación de la política entre los nuestros hace que, al referirnos de manera crítica acerca de personajes políticos se gradué de inmediato a la academia de X o Y. Las pasadas elecciones instalaron el país en una encrucijada terrible. En este portal en el mes de abril titulada: De vuelta al 2018. Hoy, considero que me quedé corto. En tal sentido, quedamos ante un marcado sentimiento anti-Petro y/o anti izquierda. Desde hace bastante se vota en contra de, y no por programas y demás.

Es fundamental apuntar que, el que Petro y/o la izquierda no sean “viables” para Colombia ya sea por la ideología o por la razón que sea, eso no convierte a Rodolfo Hernández en un buen candidato. No tiene las capacidades para ser jefe de Estado. En tal sentido, podría preguntarse: ¿acaso no aprendimos con la experiencia de Duque? Con Iván Duque las manzanas quedaron bajitas al punto de tener multiplicidad de candidatos que con poca experiencia y conocimiento en lo público, creen que pueden llegar al cargo más importante del país. De esta manera el país abre la puerta a un fenómeno visto en Ecuador con Abdala Bucaram y recientemente, en Perú con Pedro Castillo, ahora en cabeza del señor Hernández, de tal manera que, esto no es nada nuevo.

Rodolfo Hernández capitaliza para sí el sentimiento anti izquierda que gracias al largo conflicto armado interno tiene bastantes adeptos en todos aquellos que no logran desligar la izquierda democrática de la lucha armada, debido a la construcción de la figura del enemigo interno. Asimismo, la Venezuela y su tragedia que también ha sido capitalizado por el discurso que alega sus consecuencias en caso de que se modifique nuestro modelo; no obstante, habrá que recordar las cifras del DANE para la vigencia 2021 donde advirtió que en Colombia la pobreza monetaria extrema llegó a 12,2 % a nivel nacional.

Nuestra clase política es bastante hábil en el malabarismo argumentativo cuando de justificar alianzas y respaldos se trata. Y ni hablar del relativismo moral, sin embargo, el rechazo de frente o velado a la izquierda y al mismo Petro, tiene a muchos justificando hasta la eliminación del debate público en democracia y, al mismo momento, convirtiendo la política en banalidad. Eso de cualquiera menos X, demuestra que el espectro político sigue siendo muy limitado. Presentando de paso una especie de democracia de ideología única, cosa que habrá que señalar con todas sus letras es: antidemocrática.

(Texto relacionado: De vuelta al 2018)

La preocupación se instala no solo por el carácter antidemocrático antes apuntado, también por la banalidad. Al fenómeno de las manzanas bajitas vía Iván Duque, ahora se le suma los alcances de la precarización del debate público que, vende una idea peligrosa como aquella que exponer las ideas no es necesario. Vaya y mire el programa o, revise mis entrevistas. La banalidad quedó instalada cuando la política quedó en manos del marketing político que vende lo que sea. Que un candidato a punta de videos y demás, aspire al primer cargo del Estado, es lamentable. Aquí hay una inconsistencia insoslayable. Se vende por estos días nuevamente la idea del empresario presidente y/o la idea del hombre próspero en el poder, no obstante, aquellos apóstoles que pregonan la necesidad que el Estado se comporte como lo privado, no estarían de acuerdo en escoger el presidente de una multinacional por la “calidad de sus videos en Tiktok”, de ahí la pregunta es ¿Por qué el Estado sí?

Nuevamente para decirlo breve y pronto, de no mediar la profunda crisis institucional de la cual no escapan los partidos políticos (convertidos hoy en ejércitos de contratistas) Rodolfo Hernández no sería una opción viable. La derecha postuló cuantos candidatos pudo, los infló, los puso en los grandes medios y bueno, llegó Hernández que, para ser francos, tampoco creyó que pasaba. De ahí que, salieron a “perfeccionar sus propuestas” y para ello, la primera medida fue no dejarlo asistir a debates.

Finalmente, no estamos ante un escenario ideal. Esta columna no tiene como propósito lavarle la cara nadie ni hacerle proselitismo al candidato de la izquierda con el cual tengo profundas diferencias y dudas. El problema es más profundo que el mero acto de tener que escoger un candidato, me refiero a que estamos relativizando la democracia con tal de “parar a la izquierda”. Eso de la figura del administrador outsider perdió el factor sorpresa. Al Estado no se llega a “ahorrarle plata”, al contrario, se espera que haga un buen manejo de los dineros del público y no, que ahorre el dinero cuando las cifras de pobreza son tan alarmantes, por citar un ejemplo. Lastimosamente, tanto el sentimiento anti–izquierda, como la ideología o el miedo a la izquierda nos tiene defendiendo lo indefendible. Espero que nos saldrá muy caro esta vez.

Adenda 1: Ojalá los señores del Pacto Histórico modulen la grandilocuencia y aterricen sus propuestas económicas las cuales solo funcionan en el Excel de Petro. Es urgente recordar que en Colombia la gente le toma la palabra de forma literal a los políticos.

Adenda 2: Es una lástima que el proyecto del centro político se haya desvanecido. Eso de construir el ciudadano virtuoso y depender de aquel, hasta Habermas lo ha criticado. Ojalá se den los debates respectivos porque como bien apuntó Alejandro Gaviria, puede quedar huérfano.

(Le puede interesar: Ires y venires, a propósito de la campaña presidencial)

*Juan Carlos Lozano Cuervo, abogado, con estudios de maestría en filosofía. Es profesor de ética y ciudadanía en el Instituto Departamental de Bellas Artes y profesor de cátedra de derecho constitucional en la Universidad Santiago de Cali. @juanlozanocuerv

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