Los jóvenes son presente y futuro de una sociedad. Colombia, de forma literal, está desperdiciando y sofocando las inmensas potencialidades de los jóvenes al no ofrecerles oportunidades laborales decorosas. A los políticos no parece importarles.

El eterno retorno: el DANE publica, de forma regular, las estadísticas de empleo. Los resultados son, consistentemente, desastrosos. Algo más del 10% de individuos que forman parte de la fuerza laboral, que buscan trabajo, no lo encuentran; se repite un porcentaje alto de lo que podría llamarse “subempleo”, inmerso en unas categorías que el DANE califica de “subempleo objetivo” y “subempleo subjetivo”. Proporción de informalidad en ciudades colombianas descomunal (alrededor del 47%), ciudades que tienen que ser invivibles, como Quibdó, con tasa de desempleo abierto superior al 18%, o Cúcuta (16%).

Vía Bogota.gov.co

Lo más alarmante, sin embargo, vuelve y juega, son las cifras del desempleo juvenil. Para las personas entre 14 y 28 años que están dentro del mercado laboral, la tasa es mayor al 17%. En Armenia, Florencia, Cúcuta, la proporción es brutal, superior al 25%. Para las mujeres jóvenes el castigo es peor.

Más grave que las estadísticas, que se repiten hace años, es el desinterés de la dirigencia colombiana en reflexionar y actuar, desde ya y con visión estratégica, en beneficio del futuro laboral de niños y jóvenes.

Los debates que nos absorben en las redes sobre temas de interés público no incluyen el tema del desempleo juvenil en su agenda, mientras en las calles de las ciudades colombianas los jóvenes sufren la frustración del desempleo y, con razón, ingresan de forma masiva en el estado de ánimo del “no futuro”. Desde el punto de vista político la indiferencia es universal: derecha e izquierda.

La preocupación acerca del tipo de mercado laboral que los jóvenes deberán afrontar en unos pocos años, es de escala planetaria en un sentido crucial: ¿Cómo cambiará? ¿Las nuevas ocupaciones que surgirán cubrirán las que desaparecen?  ¿Cómo debemos prepararnos para las nuevas condiciones laborales?

El cuento se está discutiendo con profundidad en distintos escenarios, aunque en Colombia el eco es bastante reducido.

Lo primero que hay que decir es que estamos viviendo unos cambios vertiginosos como nunca en la historia de la humanidad, tan rápidos que la posibilidad de adaptarse a ellos se difumina si no les prestamos la atención que requieren.

Hay al menos tres fuerzas que convergen, en forma de trenza, en el cambio: la globalización de los mercados, el cambio tecnológico y el cambio climático. A diario estamos presenciando sus manifestaciones. Sean los daños incuantificados del efecto de los huracanes en las Bahamas o en Puerto Rico, las quemas del Amazonas, la desaparición de modelos empresariales tradicionales y su remplazo por unos que no imaginábamos, el desempleo de los jóvenes o la obsolescencia de los modelos educativos formales, son evidencia de algo que se mueve en profundiadad… y rápidamente.

Hace unos meses Thomas Friedman (El autor de la Tierra es plana y Gracias por llegar tarde) y James Manyica (Director del Instituto Global McKinsey) sostuvieron un breve diálogo acerca de lo que se viene para los jóvenes en materia laboral.

Algunas pautas de análisis que vale la pena contemplar:

  • El cambio tecnológico hizo que la tierra se empequeñeciera, que fuera plana (2003). Fue la etapa de un salto inmenso en conectividad, pese a que amplias regiones del mundo aún no estaban conectadas a internet. Luego, en una segunda etapa (hacia 2007) no sólo aumenta el porcentaje de la población intercomunicada, sino que la velocidad y los anchos de banda se multiplicaron. Ni más ni menos que las redes, el IPhone y sus émulos, estandartes del internet móvil, son los característicos. El individuo adquiere el poder de comunicarse cómo, cuándo y dónde quiera. Ahora el cambio ha entrado en una etapa de profundidad en la que interactuarán la inteligencia artificial, la robótica, la biotecnología, nanotecnología, etc.  ¿Cómo afectan el mercado laboral en países como Colombia?
  • Los mercados laborales han cambiado y cambiarán de forma más radical aún. Múltiples ocupaciones de hoy perderán su lugar en el mercado en pocos años. Y las que las sustituyan, también perderán vigencia luego. La pregunta correcta para un niño o un joven no es la tradicional de “¿Qué quieres ser tú cuando grande?”. Lo apropiado es: “¿Cómo actuarás frente a los vertiginosos cambios”? La respuesta está en la capacidad de adaptación a las nuevas situaciones: el aprendizaje de toda una vida, lo cual desde luego requiere el desarrollo de unas competencias escasas: la de aprender a aprender, la del autoaprendizaje, la del trabajo colaborativo y la empatía. Las carreras tradicionales que ofrece la educación superior no son, como lo ha dicho Bill Gates, el gancho para el trabajo del futuro.
  • Como individuos somos parte de familias, comunidades, empresas, organizaciones, de la ciudadanía. Friedman y Manyica proponen, de cara al fracaso de los políticos, las coaliciones adaptativas, que sólo pueden darse en el nivel local.  Empresarios, maestros, estudiantes, gente de las comunidades, deben unirse en municipios y regiones para hacer frente a los cambios exponenciales mencionados.
  • El uso de las tecnologías de la información no sólo involucra el aspecto técnico, es decir, el asociado a la destreza en su manejo; la dimensión ética cobra un valor indispensable. El abanico de temas es inmenso: desde la privacidad de la información personal hasta la desprotección del “nuevo proletariado” tipo Rappi (modelo interesantísimo que, no obstante, ha eludido el tema de cómo, de forma creativa y original, hacer frente a la seguridad pensional y social de los rappitenderos, o la forma en que conducen sus bicicletas y motos).

O nos subimos al tren haciendo frente a tales retos, o seguiremos sacrificando el futuro de centenares de miles de niños y jóvenes.

*Rafael Orduz, académico y analista económico, Doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de Gottingen en Alemania, exsenador de la República, @rafaordm

1 COMENTARIO

  1. Si son hijos de empresarios, politicos, militares y jueces; pues ya tienen palanca en las maquinarias para conseguir un puesto sin necesidad de presentar un examen que dictamine sus conocimientos. El resto de los jovenes que pertenecen a los estratos bajos la oligarquia colombiana los quiere mandar a la guerra, como en el pasado.

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