Al otro lado de la esperanza, compasión y desconsuelo

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Crítica de cine

“Al otro lado de la esperanza es un canto de desadaptados, pero particularmente de ese epítome del desarraigo y la desolación que es el inmigrante.”

No es fácil encontrar en el menú cinematográfico de estos territorios en donde crece la mata de plátano un buen plato de cine finlandés. Uno como Al otro lado de la esperanza, la más reciente obra de Aki Kaurismäki. Quien no haya visto algo de la obra de este particular autor escandinavo, uno de los más respetados cineastas de ese país, aquí tiene un buen aperitivo.

Kaurismäki no es un autor que se traicione a sí mismo; al contrario, es tan él que cada película suya exhibe su ADN estampado en cada secuencia. Todo elemento incorporado en su cine es como una marca de nacimiento imposible de disimular. El tipo hace lo suyo porque le gusta y como le gusta, no más. Lleva más de 35 años denunciando la indolencia de un sistema que se alimenta del sacrificio de los más vulnerables y explorando la última defensa de los despojados: la solidaridad.

Al otro lado de la esperanza es Kaurismäki en todo su esplendor: un nihilista que abomina tanto la parafernalia del sistema que se regodea desnudándolo hasta dejarlo en sus huesos. De ahí la composición de sus planos, tan secos y directos, los colores tan caricaturescos y lo desangelado de los espacios en los que se desarrolla la trama. No quiere concesiones, distracciones; no le permite a sus personajes dramas innecesarios, pataletas barrocas o palabras que nos distraigan. No han pasado tres minutos en Al otro lado de la esperanza y ya podemos reconocer los genes de la obra del director finlandés: personajes inexpresivos pero cuyas obras los delatan en su más profunda humanidad, humor corrosivo como el ácido, sujetos atrapados en la rutina y en el sinsentido, y músicos callejeros que tocan en vivo un bluegrass áspero y doloroso, el grito de desagarro de los desadaptados.

Khaled en la estación de policía

Al otro lado de la esperanza es un canto de desadaptados, pero particularmente de ese epítome del desarraigo y la desolación que es el inmigrante que, en el contexto europeo, asiático o colombiano, siempre es el mismo: un ser desolado, asustado, que sacará lo mejor o lo peor de sí mismo para sobrevivir, y cuyos prejuicios contrastarán con los de sus anfitriones, en muchos casos abrumados por una ignorancia rampante que se manifiesta en falta de empatía o en el odio irracional de los nacionalismos.

La historia de esta película gira alrededor de Khaled, un muchacho sirio que llega por accidente a Helsinki en busca de refugio y quien hará hasta lo imposible para reunirse con su hermana, separada de él en el camino. Kahled, ya atrapado en un Estado burócrata y tan poco solidario como el sonido de una máquina de escribir mientras llena un expediente, se encuentra con otro refugiado iraquí y, sobre todo, con un hombre finlandés de 50 años. Y es ese último sujeto, un ser áspero y decadente de nombre Wikhström, que simbolizará la ternura que salva: al querer él mismo cambiar la vida miserable que lleva con su esposa alcohólica —un problema tan denunciado en los países bálticos—, logra reunir un dinero jugando póker y decide montar un restaurante. En ese camino asumirá la suerte de Kahled, dos meseros, un cocinero y un adorable perrito, todos colgando del hilo de ese local moribundo.

Por esta película, Kaurismäki recibió el Oso de Oro como Mejor director del Festival de cine de Berlín. Así que prepárense para esta película: personajes vulnerables encerrados en una máscara de dureza, extranjeros cada uno a su manera en un sistema arcaico, en un Estado rico representado con máquinas de escribir, teléfonos de disco y una estética setentera, como sugiriendo que hay cosas que aún no han sido resueltas por los estados modernos. Disfruten ese plato exótico que es Al otro lado de la esperanza, saboreen no sólo la belleza sedosa y tosca de la lengua finesa, sino un película espejo de lo que somos hoy en día: inmigrantes en un nuevo estado de cosas en donde cada vez nos sentimos más irrelevantes.

1 COMENTARIO

  1. Hola
    Los leo por primera vez y les cuento que me identifico con la frase enunciada por mi profesor de cirugía que nos mencionaba “lo mejor es el punto medio” y que yo he interpretado en mi vida como “evitar extremos,excesos,etc”
    Les auguro éxitos por lo menos conmigo si son fieles a esta filosofia

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