Mientras que un par de “periodistas” se sacan los trapitos al sol ante los miles de colombianos que los escuchan, los verdaderos comunicadores sociales tienen que jugarse la vida para cumplir su función.

Así lo deja ver una conversación a la que tuve acceso entre un líder guerrillero del ELN y un reconocido periodista de la ciudad de Arauca. En ella, se escucha al guerrillero -al que el periodista se refiere como “don Marcos”- decir que “si no está dispuesto a someterse a nuestras órdenes; pues, le tocará que se atenga, compañero, para nosotros dejar un precedente”.

¿Cuáles son las órdenes que, de manera descarada y mediante amenazas, busca el ELN imponer en todo Arauca? “Don Marcos” lo dice claramente: “paralice la labor de su trabajo (…) [y] no asista a las reuniones”. Es decir, el ELN, arma en mano y tono de voz autoritaria, quiere que la población de la región los apoye deteniendo toda clase de actividad desde el 14 al 17 de febrero.

Ante las órdenes, y las subsecuentes amenazas, el periodista -al que el guerrillero le dice “Wilber”-, mostrando una valentía increíble (e incomprensible si se tiene en cuenta el contexto en el que vive), increpa al guerrillero: “mire Don Marcos, con el mayor respeto del mundo, yo soy un medio de comunicación, soy periodista, tengo mi medio de comunicación, hermano, en todo el departamento ¿cómo voy a paralizar? ¿dejo a la gente sin información por culpa suya? (…) no, no, no hermano, la verdad está equivocado, está equivocado”. Ante esto, el guerrillero responde muy ofuscado: “si no sale a las buenas lo sacamos a las malas, compañero, así de fácil (…) bueno, digamos que estoy equivocado, cuando le mande ahí [dice una dirección], no digas que estoy equivocado ¿oyó?”.

Ante esta amenaza directa a su vida, el periodista pregunta: “pero ¿qué estamos haciendo de malo?”. La respuesta, a mi juicio, es escalofriante: “compañero, lo único de malo que están haciendo ustedes es no cumplir la orden (…) ¡Escúcheme!, ya que tenemos un toque de queda directamente contra empresas, comerciantes, ganaderos, cultivadores, haciendados (sic) e cooperativas transportadoras, asociaciones. Los que no se someten a nuestra política, a nuestras órdenes, inmediatamente son declarados objetivo militar”.

Pero la gallardía del periodista se evidencia una vez más: “yo no voy a dejar a la comunidad sin información”. La conversación se acaba cuando el guerrillero responde esta negativa del periodista así: “a partir de este momento, Wilber, Wilber, queda declarado objetivo militar, y tiene una hora para que salga del departamento por su tipo de rebeldía y negativismo a nuestro llamado”.

Es claro que el periodismo no empieza a morir con la absurda pelea de dos protegidos de la élite, sino con el asesinato de quienes están dispuestos a pagar ese precio por hacer honradamente su labor.

También se hace evidente que el ELN, como en la peor época de nuestra historia, tiene amedrentada a buena parte de la sociedad civil en distintas regiones del país; en Arauca, todos están amenazados de muerte para que se cumplan las órdenes dadas. Es innegable que lo que se vive en las regiones es miedo.

El presidente calificó al paro armado como un “acto desesperado”. Lo sea o no, las acciones armadas que desarrolla el ELN representan un peligro incalculable para la sociedad colombiana. No solo por las vidas que se ponen en juego, sino también por lo que significa para un país con anhelos de salir de la guerra que lo ha desangrado por, al menos, 60 años.

Además, más allá de un acto directo contra la libertad de prensa, el hecho de que no se deje informar a la comunidad es parte de un entramado de actividades – en las que también está el desabastecimiento – que configuran un acto terrorista. No solo por el miedo que, de por sí, genera la presencia insurgente, sino también porque desde el gobierno, en vez de buscar garantizar un ambiente tranquilo, se militarizan las calles y, peor, la vida cotidiana de los habitantes de estas zonas.

Por último, en la conversación el guerrillero enfatiza en que el ELN quiere “dejar precedente”. ¿Será que no han entendido que su lucha está perdida, que ya no tienen sustento político y que el apoyo social desapareció? ¿Dejar precedente equivale a hacer matanzas como los paramilitares? Porque parece que hacia allá se dirigieran; el verdadero precedente sería mostrar intenciones de paz.

También me pregunto: ¿será que el gobierno piensa seguir gastando nuestros impuestos en cuestiones personales en vez de hacer con ellos lo que debe hacer? ¿Será que se puede comprometer con su mandato constitucional, político y electoral? ¿Cuándo comenzarán los “periodistas importantes” a hacer su trabajo como debe ser? ¿No será que, en vez de estar perdiendo el tiempo en riñas personales, deberían estar informando sobre lo mal que va el país?

¿Hasta cuándo tendremos que aguantar todo esto?

*Camilo Andrés Delgado Gómez, estudiante de ciencia política, Universidad Nacional de Colombia/sede Bogotá, @CamiloADelgadoG

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