Animatrónica para los extinguidos

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En Colombia, hay 1.203 especies en riesgo de extinción, 407 de ellas animales, entre las cuales se cuentan el oso de anteojos, el jaguar, el delfín rosado, las tortugas carey, el águila solitaria y el tití cabeciblanco, Los ambientalistas, también.

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En Chía hay un dinosaurio; uno que abanica su larga y pesada cola a diestro y siniestro, mueve su cabeza arriba abajo, ruge e intimida con sus 60 dientes filosos, como si estuviera a punto de echar a andar sus siete toneladas para cazar algún curioso impertinente. Sin embargo, si se mira con atención, hay un detalle que delata su falta de vida, a pesar de haber sido cuidadosamente fabricado y programado para simular la biomecánica del más famoso de los dinosaurios: el tiranosaurio rex de Chía no parpadea.

Este robot, tataranieto lejano de aquel león autómata que Leonardo Da Vinci construyó para el rey Francisco I, recrea mediante la animatrónica un animal que se extinguió hace más de 60 millones de años junto con otras especies de plantas y animales, entre los cuales aún no se contaban los humanos. Entonces, según la hipótesis Álvarez, un meteorito golpeó la superficie de la Tierra y desencadenó una serie de eventos que sometieron al planeta a circunstancias de estrés incompatibles con la vida de la mayoría de las formas de vida existentes.

Así como en su día lo estuvieron los dinosaurios, un millón de especies en el mundo están sometidas hoy a condiciones de extinción, provocadas no por un meteorito, sino por la acción del humano, que se ha encargado de crear esas circunstancias incompatibles para la vida de otras especies, vía el tráfico y la tenencia ilegal de flora y fauna, la destrucción de los hábitats naturales y la reacción errática a la tragedia del cambio climático.

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En Colombia, hay 1.203 especies en riesgo de extinción, 407 de ellas animales, entre las cuales se cuentan el oso de anteojos, el jaguar, el delfín rosado, las tortugas carey, el águila solitaria y el tití cabeciblanco, según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés).

Los ambientalistas también están en peligro de extinción. Según el informe “Defender el Mañana” de la ONG Global Witness, Colombia ocupó el ignominioso primer lugar de los países con más personas defensoras de la tierra y el medio ambiente asesinadas durante 2019: 64. A ellos habría que sumar los 44 que fueron asesinados entre el 20 de julio de 2020 y el 30 de abril de 2021, de acuerdo con las cifras que presentó el periodista Forero Rueda en su artículo Los defensores ambientales asesinados mientras se hundía el Acuerdo de Escazú. Seis días después de que este artículo fue publicado en El Espectador, Fernando Vela Lozada, médico y ambientalista, fue asesinado a tiros en Florencia, Caquetá.

Así, no habrá que esperar tanto para que el único recuerdo de aquellos seres de otros cielos sean unos robots que quieran devolverles la vida remedándolos: el batir de alas de un águila solitaria, el aleteo cansino de una tortuga carey, el paso raudo del jaguar o la voz de todas aquellas personas que denunciaron el ecocidio que por acción y omisión estamos cometiendo. Se parecerán mucho a los seres cuya biomecánica imitarán casi perfectamente, pero no serán más que artificios de la melancolía, robots inanimados que no parpadean.

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*Daniel Poveda Quintero, economista. Ha sido profesor universitario y asesor en el Ministerio de Defensa Nacional. Consultor asociado en Teknidata Consultores, y forma parte del movimiento Defendamos la Paz.

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