Nos quedan muchas ganas de seguir leyendo libros como este para ver si algún día entendemos qué debemos hacer para dar el giro hacia la ponderación y la empatía que parecen haberse esfumado del territorio colombiano.” 

Dice Luis Luna Maldonado autor de esta deliciosa novela “yo escribo como hablo y no para que me traduzcan”, aseveración que se vuelca en la narración, en una sola noche, de un rebuscador nortesantandereano en un bar barcelonés regentado por un chino y que, a punta de cañas y tapas, trenza la historia de su poco venturosa vida.

Premios Clarin Novela 2017 Foto: Mario Quinteros 31/10/17

Y es que lo que consigue Luna con esta forma narrativa es una frescura y un ritmo muy afortunados. Dentro de la más clásica tradición de la picaresca, el personaje cuyo nombre ya nos despierta una sonrisa, Abilio, encarna una tipología de colombiano – el vivo por antonomasia, que termina convertido en truhan – cuya condición social lo condenaría a una vida miserable si decidiera seguir el camino de su padre,  abarrotero de una plaza de mercado de una pequeña ciudad. Pero como el “rebusque” es un camino que se ha convertido en una práctica nacional, Abilio decide aprovechar la situación fronteriza con Venezuela  para entrar en el negocio del contrabando por allá en los años noventa. Lo único que quiere este personaje es alejarse lo máximo posible de su condición de pobretón, de pueblerino, de ciudadano de segunda clase y, para ello, se fija como meta irse con sus ahorros de trapicheo para la madre patria.

Muy bien armada la novela, atrapa con imágenes y descripciones hechas con mucha gracia, salpicadas de dichos y refranes del lenguaje coloquial. Aquí hay una lengua viva, que recoge un sinfín de expresiones que usamos los colombianos en el día a día y que marca una forma de ser que refleja, sin duda, una actitud moral.  Desde España, a donde logra finalmente llegar, el narrador le cuenta a su interlocutor: “Allá para mamarle gallo a la rutina violenta, por ejemplo, practicamos el mamagallismo” o “es que no todos los de mi país somos traficantes, pero la mayoría somos copietas y tramposos”; “las cosas allá se mueven con plata o con miedo”, “y no le cuento de mi tierra, que se debate entre riadas de sangre y aguardiente”. Nada más exacto. Aunque el aguardiente se puede cambiar por whisky según los personajes, el alcohol y la sangre están presentes en todo el territorio nacional.

Entre chiste y chanza, el narrador deja al descubierto lo que se ha convertido en una enseña del ser colombiano: la inmoralidad como un derecho. Como la inequidad, el odio y la injusticia llevan instalados varios siglos, se deben y pueden combatir sin contemplaciones de método; hay licencia para traspasar cualquier barrera y es válido el engaño, la violencia, el atajo, la mentira y más odio. Aquí los dichos se convierten en modelos de conducta: ‘sálvese quien pueda’, ‘es mejor que digan que uno es un hijueputa a que uno es un huevón’ y la clásica fórmula de acusación ‘por eso estamos como estamos’. En Colombia la culpa siempre la tienen el gobierno o los otros… somos especialistas en inculpar a los demás de una conducta endémica y en responsabilizarlos de los problemas que nos dominan.

Con gran agilidad prosística y un humor que nos mantiene sonrientes durante casi toda la lectura, paradójicamente, Luna sumerge al lector en una época de enormes atrocidades – la de los secuestros masivos, encarcelamiento de parlamentarios, florecimiento del narcotráfico, enfrentamientos entre paramilitares y guerrilla – (¿pasado?) pero a través de las emociones de un personaje que resulta tan cercano y precario que no podemos ser indiferentes a su suerte.

La novela nos deja con una sonrisa melancólica. Nos sentimos hermanados por el lenguaje y el humor con este soñador fracasado y con este país tan golpeado y ciego y nos quedan muchas ganas de seguir leyendo libros como este para ver si algún día entendemos qué debemos hacer para dar el giro hacia la ponderación y la empatía que parecen haberse esfumado del territorio colombiano. 

*Consuelo Gaitán, exdirectora de la Bibilioteca Nacional

Aquí solo regalan perejil
Luis Luna Maldonado
Editorial Alfaguara
Premio Ñ BaPro – Clarín de Novela 2017

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Consuelo Gaitán
Consuelo Gaitán
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