Presidente, Gobernadora, Alcalde, hagan que tenga sentido el tiempo en el encierro.

Pandemia: enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región.

Ésta es la realidad, definición y expectativa de la enfermedad: casi todos la sufriremos de una u otra manera, unos de forma asintomática, otros con terribles padecimientos y la totalidad de la ciudadanía, con algún grado de afectación en su psiquis.

Con base en lo anterior, es apenas lógico que los gobernantes enfoquen sus esfuerzos, principalmente, en la consolidación de una estructura médica que sea capaz de contener, en los diferentes escenarios, el impacto de la pandemia.

La cuarentena no se hizo para que el virus desaparezca. Su objetivo central era prevenir e interferir en la velocidad de expansión, dado que necesitamos ganarle tiempo para que nuestro sistema de salud no colapse. Repito, lo que cambia con la cuarentena es la concentración del número de pacientes afectados en el tiempo, lo que, en consecuencia, debería ayudar a que haya menos muertes en razón a la mayor capacidad de reacción médica.

Y, entonces, los meses pasan, el confinamiento continúa y la gente se nos sigue muriendo. No es para nada normal que llevemos, según cifras del Instituto Nacional de Salud, 1.943 personas fallecidas en el Atlántico y que, al compararnos con otras capitales, encontremos que Bogotá tenga 1.214, Valle del Cauca 585 y Antioquia 118 pérdidas humanas. Las quejas y súplicas de auxilio pululan. La capacidad de atención médica se mantiene igual de inoperante a cuando no había pandemia. Nada ha cambiado, lo que nos permite concluir, con tristeza, que el esfuerzo ciudadano ha sido en vano. Seguimos agazapados huyéndole a la enfermedad y pareciera que nuestras autoridades están en la misma condición, aterrorizadas y petrificadas, pues no se ve un plan de salud ordenado y dispuesto para atender los casos positivos.

Enfrentar con contundencia la ansiedad que produce la cercanía del virus es comenzar a ganar la batalla y no es retórica. El principal combustible para que el sistema inmunológico comience a fallar y se deje arropar por la enfermedad está compuesto de miedo y zozobra. El antídoto para esto es saber que no estamos solos, que hay una ruta médica que funciona y que tiene gente en sintonía, hablando el mismo lenguaje y comprometida en la tarea de salvaguardar la vida y la salud de todos.

Presidente, Gobernadora, Alcalde, piensen que la próxima persona fallecida puede ser alguien de su núcleo más cercano y pónganse en el lugar de los ciudadanos del común, esos que no tienen medicina prepagada y que dependen exclusivamente de la entrega, sensibilidad y liderazgo de ustedes. Va siendo hora de considerar la alerta roja. Es menester desarrollar de una vez por todas una armazón médica que no se escape de control y ofrezca la garantía al pueblo de que se está haciendo lo necesario para sanarlos y mantenerlos con vida.

Que no les corresponda pasar por el sufrimiento de Jaime o Pedro, que perdieron a su madre porque no fuimos capaces de ofrecerles una oportuna atención médica. Hagan que tenga sentido este tiempo en el encierro; no permitan que más vidas se apaguen. ¡Muevánse carajo!

*Rodney Castro Gullo, Gerente general de la Sociedad Portuaria Bocas de Ceniza S.A, abogado de la Universidad Libre de Colombia. @rodneycastrog

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here