Barco: ¿el determinador del exterminio de la Unión Patriótica?

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El proceso de exterminio de la izquierda ha sido tan prolongado, doloroso y criminal y concurren tantas fuentes de información que los investigadores deben poner todo su celo en un tratamiento minucioso y claro de la base factual de sus investigaciones.

El 10 de enero de 2021, Los Danieles publicó la columna de Alberto Donadio: Virgilio Barco y el exterminio de la UP. La entradilla al artículo sintetiza bien el contenido y objetivo, con cierto tono sensacionalista: “El célebre y premiado periodista investigativo revela un secreto que el Estado colombiano ha guardado celosamente durante 34 años: la propuesta de un agente israelí que condujo al exterminio de miles de militantes de izquierda y la aprobación que impartió el presidente Virgilio Barco al criminal proyecto”.

¡Declaraciones infames!

Pronto se desplegó una amplia controversia que presenta variados registros. Algunos (as) elogian sin reservas al columnista y otros atacan con vehemencia su versión y se adentran en la defensa del Presidente Barco. También es posible leer aproximaciones al fenómeno del exterminio de la izquierda. No faltaron las declaraciones de quien fuera ministro de defensa durante la mayor parte del gobierno de Virgilio Barco, general (r) Rafael Samudio Molina, quien se extendió en una paladina defensa del Presidente Barco. Cabría decirle: De te fabula narratur, ocúpese de su propia defensa que es usted uno de los principales impugnados. No insulte a Aida Avella por haberse salvado de su seguro asesinato gracias a su exilio. ¡Concurra a la JEP! ¡Cómo olvidar un comentario atroz de Samudio en sus tiempos de ministro cuando el Consejero de Paz Carlos Ossa Escobar le expresó su honda preocupación pues todos los días estaban matando a un integrante de la UP! La respuesta del general: “A ese ritmo, no van acabar nunca”. ¡Una verdadera contribución a la historia de la retórica universal de la infamia! (Declaración extraprocesal de Carlos Ossa Escobar, 2 de junio de 2011, Notaría III de Bogotá)

Una elaboración nacional

No entro en la controversia provocada por la columna de Donadio dado que demanda un análisis específico. Lo que salta a la vista y que el debate refleja es que el exterminio de la Unión Patriótica es un fenómeno que palpita como una herida abierta, pero que a la vez no se deja asumir únicamente como un evento de la memoria sino que sigue siendo hoy retroalimentado por el asesinato de los líderes sociales, los reclamantes de las tierras arrebatadas a campesinos y colonos y de los excombatientes que firmaron el Acuerdo de paz y que lo están cumpliendo. Colombia no podrá acceder a la condición de un país democrático si no se produce una elaboración nacional de lo que representó el exterminio de la Unión Patriótica y si no se para la cadena criminal que hasta hoy lo prolonga.

Donadio construye la secuencia que tiene como referencia central el desarrollo de dos reuniones cuyas fechas no se indican. De la primera se dice que “se produjo poco después del 7 de agosto de 1986”. Sobre la segunda se anota que “se celebró también en la presidencia unos meses después de la primera”. De los asistentes a la primera reunión solo se mencionan a Barco y al Secretario General de la Presidencia, Germán Montoya. El lector debe contentarse con una vaga alusión a “un muy reducido cónclave” al cual el presidente le señaló que quería traer al país a “su amigo Rafi Eitan” para el diagnóstico de cómo acabar con la guerrilla. Barco dispuso que Ecopetrol pagara los honorarios de Rafi Eitan. Donadio cierra comprimiendo tiempos : “ Y así se hizo”.

Los asistentes a la segunda reunión mencionados fueron el presidente Barco, Germán Montoya y un alto militar. Barco informó a ese círculo trinitario que Rafi Eitan aconsejaba eliminar a los miembros de la Unión Patriótica y que ofrecía encargarse de esa misión para lo cual debía firmar un segundo contrato de honorarios. Barco, según el informante anónimo de Donadio, no cuestionó la recomendación, ni formuló objeciones. Por su parte, el alto comandante militar manifestó su rotunda objeción a que un comando extranjero se encargara de esa misión que debía ejecutar el Ejército. La sorprendente narrativa sobre la reunión lacónicamente concluye: “Barco reculó y aceptó que así fuera”. Donadio cierra: “Así en pocos minutos, se decidió la suerte de los militantes de izquierda que habían firmado la paz”. El remate es impreciso como resulta al tiempo enigmática y simple la construcción de la secuencia de las dos reuniones.

La desproporción

Mi reserva fundamental con respecto a la columna de Donadío en Los Danieles radica en que la consideración de que un fenómeno de la escala de la eliminación de todo un partido político mediante la violencia y la muerte no se puede originar de una manera puntual como la decisión personal de un presidente plasmada en una orden como si se tratara de un operativo de eliminación de una persona. No entro en el juicio sobre las condiciones políticas y morales del Presidente Virgilio Barco. No me asiste duda alguna de que Eitan pudiera haber propuesto lo que se le atribuye en esta historia. Pero otra cosa es que el exterminio de la UP hubiera respondido al Libreto Barco-Eitan presentado por Donadio.

Un proceso sistémico

El exterminio de la Unión Patriótica ha sido producto de la alianza de militares, terratenientes, ganaderos, caballistas, los narcotraficantes, gamonales de partidos políticos, que se empezó a articular en algunas regiones y avanzó a otras para terminar configurando un modelo nacional. Desde el principio, la participación del Estado y de varias de sus instituciones se hizo evidente. Me refiero al final del decenio de 1970 cuando la izquierda alcanzó una figuración notable en debates electorales. La primera coalición sometida al acoso letal fue la Unión Nacional de Oposición- UNO. Estuvo inicialmente integrada por el Partido Comunista, el MOIR y una pequeña agrupación de origen anapista. Es decir una coalición que remite a una matriz similar a aquella en la que se crearía la UP. Algunos hechos: el 14 de diciembre de 1975 fue asesinado por un agente del DAS José Romaña vicepresidente del Concejo de Cimitarra. En 1977, el 9 de enero, fue asesinado el presidente del Concejo de Cimitarra Josué Cavanzo. Las denuncias identificaron a un sicario a sueldo de la V Brigada como el autor del crimen. En otra región, en Yacopí, la Uno era sometida al mismo tratamiento prevaleciente en el Magdalena Medio; el 18 de octubre de 1975, fue muerto por militares Javier Baquero, vicepresidente del Consejo.

No se trataba de asesinatos aislados sino de crímenes que se producían en contextos de asesinatos de militantes de base y de torturas muy extendidas en esas regiones. Señalar, analizar y sistematizar todo el conocimiento de los diversos capítulos de exterminio de fuerzas de izquierda en Colombia permite precavernos contra las “revelaciones” inesperadas y al tiempo permite comprender la condición sistémica de la violencia contra la oposición. Es decir, la perpetuación de un sistema político que no se desarrolla sin proyectar al tiempo el uso sistemático de la violencia institucional y la violencia parainstitucional.

La arqueología del exterminio

En este ejercicio de arqueología del horror resulta pertinente recordar ciertas situaciones históricas aleccionadoras. El 18 de abril de 1976, se llevaron a cabo las elecciones de Mitaca. En Cimitarra, la Uno obtuvo seis de las diez curules para el Concejo Municipal con 2.528 votos frente a 1.550 del Partido Liberal y 71 del Partido Conservador. Pocos días después de estos comicios, el Comandante del Batallón Rafael Reyes, coronel Néstor Espitia, Sotelo reunió a la gente que estaba haciendo mercado y les dijo: “Como ustedes no quieren al gobierno y estamos en zona de guerra , vamos a terminar con los comunistas … el Concejo mayoritario de la UNO que eligieron no se lo vamos a dejar funcionar”. Al tiempo surgió el cuerpo paramilitar llamado: Movimiento Democrático Armado contra la Subversión, compuesto por personal del batallón y escuadras de autodefensa.

De las regiones al centro

Habrá lectores que pueden calificar estos hechos como una casuística regional de zonas de colonización. En el escenario nacional tenían lugar eventos que resultaban concordantes con lo que se desenvolvía en las comarcas. Ya en 1968 mediante la Ley 48 el gobierno nacional había reglamentado la formación de grupos de civiles bajo el control de las Fuerzas Armadas. Más tarde se inició la espantosa historia de las cooperativas de vigilancia y seguridad privada para la defensa agraria que se harían conocidas bajo el código de las Convivir y que bien pronto iniciarían su marcha criminal en Antioquia. Esas cooperativas fueron creadas por el presidente Cesar Gaviria con la eficiente participación de su ministro de Defensa Rafael Pardo Rueda mediante el Decreto Ley 356 de 1994.

En el repaso retrospectivo al que me ha llevado la columna de Alberto Donadio es posible encontrarse con un interesante ensayo oficial. A instancias del presidente de la Comisión de Paz, Otto Morales Benítez, el presidente Belisario Betancur le pidió a la Procuraduría General de la Nación realizar una investigación sobre la organización paramilitar creada por acuerdos entre grupos de narcotraficantes: el MAS (Muerte a Secuestradores). Se efectuó un acuerdo sobre la investigación entre el procurador Carlos Jiménez Gómez y los ministros de defensa, general Landazábal Reyes, de gobierno Rodrigo Escobar Navia y de justicia Bernardo Gaitán Mahecha. La Procuraduría conformó grupos que en forma separada asumieron la investigación para Arauca, Cimitarra, Puerto Boyacá, La Dorada, Puerto Triunfo, Medellín, Cali.

“Las manzanas podridas” con nombres y apellidos

El 4 de febrero de 1983 los medios divulgaron la primera parte del informe que Jiménez Gómez presentó al presidente Belisario Betancur: “Conclusiones de la investigación de la Procuraduría sobre el MAS”. El 20 de febrero, fue entregada al Presidente la segunda parte del informe: “El MAS: lista de integrantes y la conexión MAS – militares. Se puntualiza: “que a la luz de las pruebas recogidas hasta el momento , en los sumarios en cuestión existen cargos suficientes para vincular procesalmente a un número total de (163) personas; de ellas (59) son miembros en servicio activo de las Fuerzas Armadas”. De pronto, “las manzanas podridas” pasaban a tener nombre propio y ubicación precisa en batallones y brigadas. En el informe se aclara que solo fueron presentados los nombres de quienes en la investigación figuran con identidad y nombre completo. El Procurador cerraba la segunda parte del informe con la anotación siguiente: “Pasaré a solicitar a las autoridades competentes la prosecución de los correspondientes procesos penales” Se debe señalar que todo se detuvo. En toda la historia del exterminio se puede juzgar la participación de los más altos funcionario del Estado por acción y por omisión. Tal vez en esta coyuntura se perdió la posibilidad de un timonazo institucional para cortar la deriva sangrienta. El presidente Betancur no lo hizo.

En febrero de 1998, le pregunté al general Fernando Landazábal la razón que lo había llevado a rechazar el informe del procurador en lo atinente a los militares. Me contestó con un recurso de argumentación escolástico: “Porque eso repugna a la razón”. Tomás de Aquino comprendía ese instrumento argumentativo de manera completamente distinta a Landazábal.

Una anotación final. Donadio no reveló la identidad de su informante clave en la construcción de su narrativa. Los periodistas invocan el derecho a preservar la reserva de sus fuentes. Donadio, un historiador notable, debe hacer explícitas sus fuentes y, si no pudiera hacerlo, debería tomar el testimonio como un indicio que lo lleve a buscar otras fuentes sobre las que el lector pueda enterarse y juzgar. En verdad, el proceso de exterminio de la izquierda ha sido tan prolongado, doloroso y criminal y concurren tantas fuentes de información que los investigadores deben poner todo su celo en un tratamiento minucioso y claro de la base factual de sus investigaciones. Ni a las víctimas ni a la verdad les hace falta la laxitud con respecto al material factual sobre lo ocurrido.

*Medófilo Medina, Ph.D en Historia, profesor emérito y honorario de la Universidad Nacional.

4 COMENTARIOS

  1. Lo concreto es que Colombia ha sido convertida en un genocidio continuado desde hace siempre. Desde mediados del siglo pasado 1946-1953 con la disculpa liberal / conservadora, que de tanto repetirse se toma por cierta, cuando la verdad fue la manera de hacerse a la tierra de los valles interandinos para la producción con destino a Europa en reconstrucción. Y ahora, desde los años 80s y sigue, con la disculpa de guerrilla y paramilitares, para el despojo de tierras para narco y necrocultivos. Responsable, por acción u omisión, los mandos del Ejército Nacional.

  2. El Genocidio de la UP es una herida abierta, sangra y duele profundamente. Es irrespetuoso decir que este dolor fue una decisión tomada en un buró, con tres personas a lo sumo, es una trama superficial de Hollywood.
    Es la historia la que no permite superficialidades, y muestra claramente que el exterminio de la izquierda ha sido permanente, sin pausa hasta hoy.
    La baja rigurosidad de el artículo de Donadio solo abre más está herida. Gracias profesor por sus aclaraciones puntuales e históricas.

  3. Colombia padece la “tara cultural” de homenajear los méritos de las personas sólo cuando ya están muertas; lo mismo que atribuir responsabilidades penales de los crímenes de alto impacto social, cuando sus ejecutores materiales y determinadores (“autores intelectuales”) ya están “alimentando gladiolos”.

    Pero de los responsables del exterminio físico de los dirigentes de la UP muchos todavía van por ahí “muy orondos y muy campantes”, pues una mayoría de colombianos saben que aquel criminal baño de sangre se decidió desde sus agrupaciones políticas, de “los partidos históricos” y “sus congresos ideológicos de Sochagota”, desde concibieron recuperar el terreno perdido en 1986 “ a sangre y fuego” y en sus campañas electorales enarbolaron las consignas de “democracia con energía!” y otras similares.

    ¡Prohibido olvidar!

    Colombia también se merece y debe lograr un ¡Nunca más!

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