Barranquilla, el derrumbe de un espejismo

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La única tarea bien hecha por Pumarejo y su equipo ha sido la construcción de un espejismo, lo cual no habría sido posible sin la complicidad de los medios tradicionales y las encuestadoras.

La galardonada película Parásitos dejó entrever una realidad poco conocida en Occidente. Desde nuestra perspectiva, Corea del Sur, está ubicada entre las quince economías más grandes del mundo, tiene una inflación que solo alcanza el 3,6% y una privilegiada expectativa de vida entre las diez más altas del planeta. 

No obstante, visibilizó la realidad de muchas familias que viven en deplorables condiciones, lo que ha llevado a que el 80% de los jóvenes, de acuerdo con un estudio publicado por el diario The Hankyoreh, vean su país como un “infierno”. El filme coreano logró mostrar un fenómeno que Occidente poco o nada conocía, por lo que dejan muchas reflexiones frente a esos “paradigmas” que los gobiernos y medios aliados construyen para mantener la mejor imagen. 

Mirando hacia nuestra región, Chile se erigió como el ejemplo a seguir del neoliberalismo. Hoy se sigue hablando de los Chicago Boys como el punto de inflexión que sacó al país del Cono Sur, de la Escuela Cepalina y lo condujo al crecimiento y desarrollo. No obstante, el paro de estudiantes y profesores que inició en 2011 y se prolongó por más de un año, encendió las alarmas sobre la realidad chilena.  

De ese supuesto ejemplar modelo económico a seguir, los movimientos sociales sacaron a la luz una verdad irrefutable: Chile es un país desigual. De hecho, no obstante que pertenece al “club de los ricos” de la OCDE, su inequidad es superior a las de Argentina, Perú y Bolivia, de acuerdo con los números del Banco Mundial. Con ese escenario, no es difícil entender las motivaciones y resistencia que tuvieron los chilenos, hasta el punto de lograr la convocatoria a una Asamblea Constituyente como única alternativa para reorientar el rumbo de la nación. 

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Corea del Sur y Chile, tienen su homólogo en Colombia. Una ciudad que se presenta ante el país y el mundo como un dechado de virtudes. Las imágenes no daban para menos. Barranquilla viene sumergida en permanentes obras de infraestructura. Altísimas inversiones basadas en la “cultura del cemento”. Es decir, esa estrategia facilista que desarrollan los populistas para elevar sus niveles de aceptación, desamparando con ello, esos “intangibles” sobre los cuales se soporta el bienestar de las poblaciones. 

Sin embargo, las crisis hacen aflorar la realidad, igual que el deshielo permite que emerja lo que está oculto debajo de la capa congelada. La pandemia logró evidenciar que el supuesto desarrollo, se circunscribía al simple cemento.

La tasa de letalidad de la ciudad asciende a 2,5%, que, aunque ubicada un poco por debajo de la media nacional, que es de 2,6%, supera con creces a la ciudad más grande del país y todo el departamento de Antioquia, que, promedian un 2,0% y 1,9% respectivamente. 

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Sin embargo, la magnitud de la tragedia se visibiliza al analizar el promedio de fallecidos por cada mil habitantes, comparado con otras ciudades y regiones a los cuales, la prensa nacional e internacional, posicionaron en las portadas debido a la dimensión de la tragedia. Examinemos tres ejemplos: Nueva York, Guayas (Ecuador) y el Estado del Amazonas en Brasil.  

  • Nueva York: 2,67 
  • Provincia de Guayas: 0,52
  • Estado de Amazonas: 3,22
  • Barranquilla: 2,78

Se puede observar que en las estadísticas solamente Amazonas en Brasil, sobrepasa a la capital del Atlántico, por 0,44, lo que se puede entender por cuatro razones: la negligencia y desatención de Bolsonaro, la mayoritaria población indígena históricamente abandonada y vulnerable, la escasa infraestructura y la gran distancia geográfica de Manaos. 

En el comparativo colombiano, a Barranquilla le va peor:

  • Bogotá DC: 2,12
  • Antioquia: 1,40
  • Valle del Cauca: 1,57

En ese orden de ideas, se evidencia que la “Capital de Vida”, como la denomina pomposamente el alcalde, es una de las ciudades del mundo, con más fallecidos por cuenta de la pandemia.

Las otras pandemias…

El único recurso que Pumarejo y su funesto Secretario de Salud han encontrado para justificar su mediocridad e ineficiencia ha sido culpar única y exclusivamente a los ciudadanos. No obstante que lamentablemente se han presentado hechos de desorden, tampoco es menos cierto, que es un fenómeno nacional y global, por lo que las decisiones oportunas del gobierno se convierten en necesarias y determinantes. 

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Pumarejo no es consciente que, de las administraciones locales deben erigirse sobre un nuevo “contrato social”, cimentado en una cultura ciudadana que propugne por reconstruir la sociedad sobre pilares como el respeto, la solidaridad y la empatía. La pregunta es: ¿han desarrollado alguna estrategia en tal sentido?, No. Ni Pumarejo ni mucho menos su antecesor y jefe político. 

Además, el alcalde se niega a admitir una realidad irrefutable: Barranquilla es la ciudad de Colombia, en la que más ha crecido el empleo informal. Las cifras hablan por sí solas. De acuerdo con el DANE, el 60,7 de los trabajadores son informales. Dicho en otras palabras, si no trabajan no comen, lo que se refleja en la encuesta Pulso Social, que afirma que solo el 41% de los hogares encuestados acceden a tres comidas diarias. 

No es casual, que la mayor parte de fallecidos estén ubicados en los barrios El Bosque, Ciudadela 20 de Julio, Las Nieves, Carrizal, Rebolo, La Luz, estratificados como 1 y 2. 

Por otra parte, desde la alcaldía se hacen de oídos sordos a las voces de científicos y prestadores de servicios.  La Asociación Colombiana de Medicina Crítica y Cuidados Intensivos, liderada por el Doctor José Luis Accini, manifestó su preocupación por la situación y realizó una serie de propuestas, las cuales no fueron tenidas en cuenta. De hecho, aunque la ciudad colapsó en todo su sistema de salud y que las Clínicas Campbell, General del Norte, Universidad del Norte, Porto Azul, han comunicado reiteradamente que no tienen camas disponibles, el alcalde se niega rotundamente a declarar la alerta roja.

Con todo ello, se cierra el dramático círculo de la muerte, impulsado por otras tres pandemias: la ineficiencia, pobreza extrema y desprecio a la ciencia. 

En conclusión, la única tarea bien hecha por Pumarejo y su equipo ha sido la construcción de un espejismo, lo cual no habría sido posible sin la complicidad de los medios tradicionales y las encuestadoras. Una entelequia derrumbada como un castillo de naipes por un “enemigo” invisible, ante el cual, ni el dinero ni el oscurantismo informativo pueden hacer nada. 

*Héctor Galeano David, analista internacional. @hectorjgaleanod

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