Bicentenario: nada para festejar en la frontera

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¿Quién paga los platos rotos? Como desde el principio de todo este juego de soldaditos de plomo, las víctimas somos los habitantes de los municipios fronterizos.

Duque viene a Cúcuta a conmemorar el Bicentenario con todos, menos con los habitantes de la frontera.

Se cumplen 200 años de la proclamación de la Constitución de 1821, una época que marcó el origen de Colombia como república independiente. “El lugar donde todo comenzó” reza un slogan conmemorativo en esta fecha que llena de orgullo patrio a quienes celebramos la importancia histórica de este acontecimiento.

Ésta es una época para celebrar la hermandad de los pueblos que se rebelaron contra la imposición de un sistema colonial y decidieron forjar su futuro por sí mismos. En Cúcuta y Villa del Rosario, se dio inicio a lo que hoy conocemos como país, gracias al modelo de gobierno republicano liderado por Bolívar y Santander, con base en sentimientos de unidad y cooperación.

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El centro de las miradas esta semana es la capital de Norte de Santander, debido a que abrió sus puertas a presidentes, dignatarios, embajadores, representantes y delegados de las naciones que conformaron la Gran Colombia.

Cabe preguntarse ante la trascendencia de esta fecha: ¿qué tenemos para festejar los habitantes de la frontera con Venezuela?

Gracias a la diplomacia de micrófono de Duque y Maduro y su juego permanente de provocaciones, en toda la región nos hemos quedado a la deriva. Más de cinco años con los pasos fronterizos cerrados nos tienen a merced de una de las peores crisis económica, social y humanitaria de las que tengamos recuerdo, un verdadero terremoto peor que el de 1875 que arrasó con Cúcuta.

Cuando éste tendría que ser un tiempo para integrar a dos países hermanos que están unidos por dinámicas de intercambio sociocultural compartidas en más de 2.000 kilómetros de frontera limítrofe, cuando el sentimiento de fraternidad debería hacerse notorio y cuando el mayor homenaje a esta tierra sería la normalización de las dinámicas propias de nuestro territorio, el gobierno Duque se empecina en empujarnos hacia un camino de confrontación, xenofobia, señalamiento y rechazo hacia nuestros vecinos y el gobierno Maduro reacciona de la misma manera. ¿Quién paga los platos rotos? Como desde el principio de todo este juego de soldaditos de plomo, las víctimas somos los habitantes de los municipios fronterizos.

(Texto relacionado: Señor presidente, le hablan desde Cúcuta)

No es posible que justo en este momento de la historia, cuando la integración aviva la necesidad de pensar en el bienestar de la gente, nuestro presidente siga en el juego de incitar el enfrentamiento con el vecino y no proponga una política a la altura de los retos y necesidades que tenemos. Para él, lo único que importa es resaltar la llamada “resistencia democrática” de Juan Guaidó, que no es más que una burbuja alejada de la realidad, con lo cual desconoce de un solo golpe los esfuerzos de los gremios y la sociedad civil para retornar a la normalidad para nuestras vidas.

Luego de que del lado venezolano decidieran retirar los contenedores que obstruían el paso del puente internacional Simón Bolívar, que conecta a Villa del Rosario con San Antonio del Táchira y posteriormente se dijera que las relaciones comerciales serían reestablecidas, el presidente Duque volvió a su discurso confrontacional que lo caracteriza y dijo que Colombia no se prestaría como “idiota útil en intereses electorales en Venezuela”. Irónicamente, eso es lo que ha venido haciendo con Cúcuta y su área metropolitana: usarla como estrategia electoral en Colombia.

Si nuestro mandatario sigue con actitud violenta y desconectada de la realidad, va a graduarse como el mandatario que tuvo la posibilidad de reactivar la economía de una frontera que clama a gritos ayuda para superar los índices de desempleo (20%) e informalidad (70%), con una crisis migratoria latente y un aumento en los niveles de pobreza. Con la torpeza de sus decisiones y la negación del ambiente negativo latente, abandonó una tierra que lo apoyó masivamente en 2018.

Si el presidente no actúa con la grandeza de su cargo, enviará un mensaje claro a todo el departamento sobre cómo prefirió condenar a la gente a recurrir a trochas y extorsiones de criminales, configurando una estructura delincuencial al servicio de economías ilegales, que restablecer el paso por los puentes internacionales y darle un marco de legalidad a esta tierra olvidada.

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Ojalá Duque rompa la burbuja y la respuesta del Gobierno sea un plan de choque donde el eje de la problemática sean los habitantes de frontera quienes hemos padecido y soportado esta crisis. Si no existe ese compromiso, viene siendo la hora de organizar a todos los sectores de la sociedad para que de buena vez se actúe con respeto hacia todos nosotros. Ya está probado que es posible. Por ahora, ésta será una celebración nacional realizada en una región que respira pobreza y desesperanza.

*Jesús Alberto Sepúlveda Bermonth, concejal de Cúcuta, ingeniero especialista en gerencia pública y de proyectos.

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