Candidato Cronopio, Candidato Fama, Candidato Esperanza

2
397

WP Post Author

Cronopios, Famas y Esperanzas son prototipos creados por el novelista Cortázar.  ¿Cuál sería la fórmula exitosa, Cronopio, Fama o Esperanza? Si aplicáramos moldes a algunos candidatos, ¿cómo resultaría el ejercicio?                                     

(Lea también: Manual sobre coaliciones)

“Vino así, el nombre y la imagen, y es por eso que al principio cuando se los define, se busca  la definición en el mismo libro; empecé a escribir sin saber cómo eran y luego ya tomaron un aspecto humano… Relativamente humano, porque nunca son completamente seres humanos, con esas conductas especiales de los cronopios que son un poco la conducta del poeta, del asocial, del hombre que vive un poco al margen de las cosas; frente a los cuales se plantan los famas que son los grandes gerentes de los bancos, presidentes de las repúblicas, de la gente formal que defiende un orden… Las esperanzas son personajes intermedios, que están un poco a mitad de camino, sometidas a la influencia de los famas o de los cronopios, según las circunstancias». Julio Cortázar. Escritor argentino. (1914-1984).

Cronopios, Famas y Esperanzas son prototipos creados por el novelista Cortázar. Por eso escribió un libro-ficción sobre ellos. Este aporte metodológico de base ficcional y siguiendo a mi vez la metodología de Max Weber – uno de los padres de la sociología, sin querer queriendo – de los tipos ideales, me permite hacer una improvisada comprensión tipológica de la coyuntura del momento en nuestro país, en torno a candidatos presidenciales.

Los tipos ideales, según Weber, son instrumentos de análisis de la realidad que permiten organizar la comprensión de la misma. A partir de tipos que exageran o resaltan una característica, se permite la construcción conceptual. No son entonces la realidad sino una forma de organizar su comprensión. No sé si me salió bien esta explicación, pero veamos si al aplicarla sale mejor o, al menos, divierte.

El candidato-Cronopio es un outsider, o sea alguien que se ubica por fuera de lo convencional, de lo que la mayoría considera socialmente apropiado. Como candidato, entonces, plantea asuntos con propuestas disruptivas, o sea alguien que propicia salidas distintas, aventuradas o fuera de la lógica corriente.

El candidato-Fama es el candidato previsible, aconductado, que tiene respuestas precisas, que defiende un orden de las cosas o que promete devolverlas a su orden “natural”. Puede tener cara de joven, pero pensamiento de viejo conservador. Es el adalid del orden establecido.

El candidato-Esperanza, como lo señala Cortázar es intermedio entre uno y otro, entre Cronopio y Fama, que busca soluciones intermedias, que puede adaptarse a ideas de los Famas o a actitudes de los Cronopios. Algunos lo considerarán camaleónicco; otros, con gran capacidad de adaptación y la ventaja de inspirar confianza.

Aquí caben distinciones entre aspectos como fisonomía, vestuario, actitudes y asertividad. Entiendo esta última, la asertividad, como la habilidad que permite a las personas expresar de la manera adecuada, sin imposición o agresividad, sus mensajes frente a otra u otras personas, teniendo en cuenta un campo intermedio entre lo que quiere quien comunica y lo que quiere la audiencia. Asertividad no es la renuncia a transmitir las ideas o emociones propias, sino saberlas comunicar para que quienes la reciben puedan entenderlas como propias. La transmisión política es compleja porque tiene tanto de emocionalidad como de racionalidad. No se reduce simplemente a la emocionalidad, ni tampoco es pura racionalidad.

(Texto relacionado: Glosas y aporías, picos e impuestos, candidatos y pobreza)

Sobre esto hay fuerte controversia. Joe Mc Guinnis, un periodista norteamericano, escribió un libro titulado “Cómo se vende un presidente” (1968), que es una deliciosa y atrevida crónica sobre cómo se construye desde lo banal un artificio para ganar una elección presidencial. En este caso, el personaje era Richard Nixon. Desde el éxito de este libro. ha existido una fuerte polémica sobre el papel de la emocionalidad en las decisiones de los votantes en las democracias y si se trata sólo de vender imágenes construida, como dicen que fue Enrique Peña Nieto en México.

David Brooks, un columnista del New York Times, escribió un libro titulado el Animal Social (2012) en donde sostiene que la política es emocionalidad social y cultural: “La política afecta a cómo viven las personas. Pero su efecto es secundario. Las principales cosas que modelan nuestras vidas son sociales y culturales. Nuestra moral, nuestra psicología es mucho más importante que lo que haga un político. Si se quiere explicar la movilidad social, o cómo se estructura el matrimonio, o cómo se estructura la vida de una persona – si tiene éxito, o es feliz, o infeliz – un 10% es política y un 90% cultura, tradición, genética…”. (Entrevista Diario La Vanguardia. Barcelona. 2012).

Lo que podría quedar claro, sin cerrar el debate, es que la emocionalidad se construye desde bases sociales y culturales. Son los economistas quienes han insistido en una racionalidad dominante en las decisiones. Insisto: sin cerrar el debate. En la medida en que la política sea influenciada por la economía como disciplina habrá insistencia en la elección racional, el rational choice, y, si es influenciada por cierta corriente de la psicología cognitiva, el enfoque será básicamente emocional.

No hemos hecho alusión a las tesis de la filósofa estadounidense Martha Nussbaum, quien formula una teoría cognitiva-evaluativa de las emociones en el contexto de la política, porque merecería un comentario y desarrollo aparte.

¿Qué hacer entonces con nuestros prototipos de candidatos?

¿Cuál sería la fórmula exitosa, Cronopio, Fama o Esperanza? ¿Podría hacerse o construir un tipo que tuviera de los tres, o sería un Frankestein? Si aplicáramos moldes a algunos candidatos, ¿cómo resultaría el ejercicio? Por pura hipótesis, podríamos decir que Oscar Ivan Zuluaga es un Fama típico, igual que el candidato al senado Miguel Uribe. Petro sería un candidato Cronopio que pretende adquirir aspectos de Fama, Fajardo sería Esperanza con toques de Fama y vestimenta de Cronopio y Galán sería un equilibrado Cronopio con Esperanza, Gaviria un Esperanza con tintes de Fama.

Pero esto es solo divertimento. Lo que sí vale la pena es preguntarse qué le conviene al país. Y la respuesta la tienen los/las ciudadanos/as colombianos y colombianas y más pronto que tarde.

(Le puede interesar: Estrategias para blindar la corrupcion)

*Víctor Reyes Morris, sociólogo, doctor en sociología jurídica, exconcejal de Bogotá, exrepresentante a la Cámara, profesor pensionado Universidad Nacional de Colombia.

Autor

2 COMENTARIOS

  1. Interesante hacer ese ejercicio. Divertido. Será que un candidato cronopio, puede cambiar a media marcha a fama y luego mutar en esperanza? O al revés?

  2. Muy interesante el análisis, pero un poco complicado poder ubicar a los candidatos vigentes en estas definiciones o conceptos. La mayoría de los Colombianos votan por lo emocional, la izquierda con pocos argumentos han conquistado a muchos jóvenes para derrotar a Uribe y las ratas corruptas del congreso, y que por eso se requiere un cambio y el cambio son ellos. Y nosotros por no dejarnos cambiar de sistema debemos votar por los mas interesantes y menos corruptos, eso creo yo.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here