Caracterización de las tribus ocultas

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Según los hallazgos de una encuesta nacional realizada en 2018 por “More in common”, el paisaje polarizado de la cotidianidad cívica de Estados Unidos se clasifica en dimensiones de creencias y en tribus ocultas que predicen las opiniones de los individuos sobre cuestiones sociales y políticas.

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El informe público Hidden Tribes: A Study of America’s Polarized Landscape revela los segmentos de estadounidenses que se distinguen por sus diferencias frente a creencias y a actitudes, con base en respuestas individuales a 58 preguntas fundamentales sobre comportamiento social. Los datos son notablemente predecibles a pesar de que las preguntas no se relacionaron con cuestiones políticas actuales ni las respuestas se tabularon con base en indicadores demográficos, ideológicos y bipartidistas.

Desglosado, se obtienen las siguientes cinco dimensiones de creencias primordiales de los estadounidenses con las que se conjeturan mejor las discrepancias de las opiniones y, a la vez, facilitan clasificar siete grupos segmentados en un tribalismo político del tipo “nosotros vs ellos”, debido a que tienen un conjunto común compartido de sentido de pertenencia, comportamiento político y consideraciones fundamentales que dan forma a su modelo mental de mundo.

1) Identidad de las tribus ocultas segmentadas en el espectro ideológico: activistas progresistas (jóvenes muy comprometidos, seculares, cosmopolitas, enojados); conservadores devotos (blancos, jubilados, muy comprometidos, intransigentes, patrióticos); conservadores tradicionales (religiosos, de clase media, patrióticos, moralistas); liberales pasivos (infelices, inseguros, desconfiados, desilusionados); liberales tradicionales (jubilados, abiertos al compromiso, racionales, cautelosos); moderados (comprometidos, cívicos, intermedios, pesimistas, protestantes) y no comprometidos (jóvenes de bajos ingresos, desconfiados, distantes, patrióticos, conspiradores).

2) Miedo y percepción de amenazas externas, que difieren según la tribu. Si en promedio 14% de los estadounidenses considera que el mundo es generalmente seguro y no amenazante, 40% de los activistas progresistas y 8% de los conservadores devotos sostienen esa opinión. Las percepciones más altas de amenaza externa se relacionan con la insuficientemente estricta evaluación a los refugiados (67%), cuyo promedio es 63%, y el apoyo a la prohibición de viajar a los musulmanes 63%, siendo el promedio 60%.

3) Estilo de crianza y disposición autoritaria, siendo el hallazgo más valioso las filosofías de crianza de las personas que el autoritarismo. No obstante, las tribus reflejan marcadas diferencias sobre el tema. Así, por ejemplo, las personas con estilos estrictos de crianza tienen doble probabilidad de apoyar la prohibición de viajar a los musulmanes que aquellas con estilos permisivos, y las personas con opiniones estrictas sobre paternidad tienen 50% más de posibilidad de oponerse al matrimonio entre personas del mismo sexo, debido a que provoca disminución en los valores familiares.

4) Gestión personal y responsabilidad como importancia relativa para la configuración de los resultados de la vida. Algunas personas enfatizaron en la independencia, la responsabilidad y la autosuficiencia, otras en las injusticias sistémicas y las responsabilidades colectivas. En conjunto, los dos segmentos liberales tienden a enfatizar en el trabajo duro, aun cuando reconocen que ciertas condiciones de origen son relevantes, mientras que 82% de las personas, que se identifican como muy conservadoras, creen que quienes trabajan duro pueden encontrar el éxito sin importar en qué situación hayan nacido. Por tribus, 95% de los activistas progresistas dice que hay ciertas personas a quienes ningún trabajo duro les permitirá alcanzar el éxito y 92% de los conservadores devotos y 83% de los conservadores tradicionales cree que quien trabaje duro puede encontrar éxito.

5) Fundamentos morales del tipo equidad/trampa, cuidado/daño, autoridad/subversión, pureza/disgusto y lealtad/traición subyacen a los juicios morales de las personas y subrayan una conclusión crítica: las creencias fundamentales sostienen la división política en Estados Unidos. Aquellos principios se obtuvieron al evaluar la confianza de las personas por separado. En consecuencia, los activistas progresistas están profundamente preocupados por las cuestiones daño y equidad mientras los conservadores devotos valoran mucho los fundamentos autoridad, pureza y lealtad.

Con base en cada énfasis, el fundamento de equidad se erige en la necesidad de garantizar que las personas sean tratadas de manera igualitaria y justa de acuerdo con reglas compartidas. Se vincula más estrechamente con la preocupación de la brecha salarial de género y con la creencia que se debe proteger a las personas del discurso hostil.

El fundamento de cuidado se relaciona parcialmente con la necesidad de proteger a débiles y vulnerables, lo que sugiere asociación para apoyar causas que protejan o dignifiquen a los grupos marginados históricamente. Una mayor priorización se correlaciona más fuertemente con opiniones positivas hacia las feministas, con creencias que el racismo en Estados Unidos sigue siendo grave y con preocupaciones por el discurso hostil.

La tercera llave de autoridad está estrechamente ligada a respetar el liderazgo y la jerarquía, y a ayudar con las políticas que enfatizan la aplicación y la protección de la ley. La preferencia más fuerte se relaciona con la afinidad hacia la policía que con los manifestantes del movimiento “Black Lives Matter”, con el sentimiento de orgullo por la bandera estadounidense y con el apoyo de prohibir viajar a los musulmanes.

El principio moral de pureza se construye con cuestiones de limpieza y asco tanto en asuntos físicos como espirituales, por ello rastrea las opiniones sobre comportamiento sexual y religión ─por ejemplo, el matrimonio entre personas del mismo sexo─ y enlaza la creencia que Estados Unidos necesita más fe y religión antes que razón y ciencia.

Finalmente, el fundamento de lealtad se enlaza al sentido del deber hacia el propio país y hacia la comunidad. En consecuencia, la prioridad fuerte se centra en exigir a los atletas estar de pie y no acuclillados escuchando el himno nacional, como actitud de protesta por la muerte del afroestadounidense George Floyd, durante un arresto público de un agente blanco de policía en Minneapolis el 25 de mayo de 2020. La siguiente lealtad se correlaciona con la creencia que Estados Unidos es un país mejor que la mayoría de los demás y su americanidad ciudadana es núcleo de la identidad nacional.

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La coherencia tribal

El informesostiene que “La pertenencia a una tribu muestra gran fiabilidad al momento de predecir las opiniones sobre diferentes temas políticos”. En consecuencia, se enfrentan en los extremos del espectro político estadounidense el ala de izquierda, compuesta por activistas progresistas ─que consiguen 8% de seguidores─, y los conservadores devotos del ala de derecha, que obtienen 6% de seguidores.

Entre las demás tribus, la llamada ‘mayoría exhausta’ 86% ─compuesta por liberales tradicionales 11% y liberales pasivos 15%, conservadores tradicionales 19%, moderados 15% y no comprometidos 26%─ no se ajusta a ninguna de las ideologías bipartidistas, evidencia distintos grados de comprensión política y activismo, comparte sensación de fatiga por la conversación nacional polarizada, exterioriza voluntad de ser flexible en sus puntos de vista políticos y expresa ausencia de voces en la conversación nacional.

El tribalismo en los activistas progresistas manifiesta fuertes puntos de vista ideológico y altos niveles de compromiso con las cuestiones políticas, con la educación y con el estatus socioeconómico. Al otro lado, siendo los conservadores devotos el grupo con mayores ingresos, su identidad tribal sospecha de las influencias liberales en la sociedad estadounidense. Aun así, estas dos tribus se sienten más felices y seguras que la mayoría de los demás estadounidenses, pero con sutiles diferencias: los activistas progresistas por asumir libertad ante cuestiones de justicia social más amplias y los conservadores devotos por estar muy comprometidos con el aborto, contra el terrorismo y la libertad religiosa.

Otras brechas que los separan son el énfasis sobre las estructuras existentes de poder que lleva a los activistas progresistas a ser muy pesimistas acerca de la justicia y la equidad en la sociedad de Estados Unidos, particularmente en lo que respecta a raza, género y grupos minoritarios. Los conservadores devotos ven que el valor del patriotismo, la lealtad a la bandera y los demás valores tradicionales están siendo atacados por lo que se obligan a aceptar las creencias liberales sobre inmigración, desigualdad racial, islam y el rol de la mujer. El conservador devoto además cree que es necesario educar a las personas para que sean obedientes, se porten bien y trabajen duro, y que los valores tradicionales pueden transformar a personas con defectos en personas con autodisciplina, carácter y responsabilidad. En el opuesto, el activista progresista se muestra escéptico respecto de la autoridad y de las normas tradicionales al considerar que esos valores han sido establecidos por grupos socialmente dominantes (hombres blancos heterosexuales) para su propio beneficio.

Un segundo asunto conceptual del informe es “La pertenencia a una tribu predice mejor que las categorías estándar, cómo prioriza la gente las cuestiones que afectan su vida”. En cifras, 99% de los activistas progresistas responde que los inmigrantes indocumentados que llegaron siendo niños y los adultos deberían estar protegidos de la deportación y tener la oportunidad de obtener la ciudadanía; 97% confía en el proceso gubernamental de selección de refugiados; 96% dice estar de acuerdo con que las actuales feministas luchan por cuestiones importantes; 95% considera que la brutalidad de la policía suele ser más violenta contra los afroamericanos que contra otros grupos; 92% cree que muchos no se toman el racismo en serio.

Entretanto los conservadores devotos y los conservadores tradicionales identifican diferentes preocupaciones: inmigración, terrorismo (aproximadamente 60% en ambos casos) y empleo (ambos alrededor del 55%). En segunda línea ubican la fe judeocristiana (86% de los conservadores devotos) y la cultura estadounidense (91%).

A partir de una lista estándar sobre preocupaciones de actualidad, activistas progresistas, liberales pasivos, liberales tradicionales y moderados calificaron el liderazgo deficiente como el mayor problema del país, seguido en importancia por el empleo, la economía y la atención sanitaria. A pesar de lo anterior dos temas unen a todos los estadounidenses: la división política y la atención médica.

Los asuntos mediáticos y el discurso


En términos narrativos las tensiones entre las siete tribus se desbordan con mayor regularidad en la arena política y dentro de los medios de comunicación, que hace aflorar un sentimiento ciudadano de frustración y desconfianza por la información recibida. Cerca de dos tercios de los estadounidenses creen que “la mayoría de los principales medios de comunicación están sesgados en su cobertura” acerca de áreas urbanas (67%), sexismo (66%), musulmanes (65%), tiroteos policiales (65%), inmigrantes (64%) y agresiones sexuales (62%). Esta percepción del sesgo es consistentemente más baja en la tribu liberal tradicional y más alta en la conservadora devota.

La crítica de los estadounidenses por la información de los medios se lanza contra las redes de cable partidistas, como la conservadora Fox News y la liberal MSNBC. 87% de los conservadores devotos percibe que Fox News es algo o muy honesta. En contraste, 98% de los activistas progresistas cree que Fox News es deshonesta y 88% dice que es muy deshonesta. La calificación a la cadena MSNBC es equivalente: para 74% de los conservadores devotos es muy deshonesta mientras que para 72% de los liberales tradicionales y 67% de los activistas progresistas es algo honesta. Estas opiniones negativas emergen por la convicción que los contenidos “informan con historias falsas si les beneficia”.

Los medios sociales, en complemento de la esfera informativa, han contribuido a intensificar el ambiente tribal mediante la creación de filtros de burbuja y de cámaras de eco, con las que polarizan a quienes están más involucrados en debates públicos. Un argumento que ampara dicha intensidad se cimienta en la confianza disminuida por los medios tradicionales que, al dejar de ser “guardianes de la información”, favorecen la difusión amplia de información falsa micro-dirigida a audiencias específicas con base en los algoritmos. De modo que con la informática se priorizan ciertos tipos de contenidos para fomentar expresiones de indignación moral y atizar la polarización del debate.

Si el debate polarizante y la confrontación siguieran encapsulados dentro de los medios sociales el problema sería un sesgo del tipo virtual, pero compartir comentarios negativos y seguirlos con total emotividad trasciende el entorno digital al encuentro cara a cara, donde se fortalecen las normas del grupo y se erosionan las relaciones personales. El caso clásico fue el hostigamiento para asaltar el capitolio de Estados Unidos el 6 de enero de 2021, que emularon luego los brasileros dos años después en la Plaza de los Tres Poderes de Brasilia y en febrero de 2024 intentaron lo mismo algunos manifestantes ideologizados al bloquear las entradas del Palacio de Justicia en Bogotá.

Inmigración, terrorismo, división política y racismo son cruciales asuntos del discurso panfletario. El libreto predominante, inmigrantes y refugiados, se dinamiza por los medios sociales para intensificar el conflicto en el debate público y luego divulgar nuevas narrativas extremas.

En la vida cotidiana son diversas fuentes las que incentivan la polarización: inseguridad económica, desigualdad creciente, cambio cultural y demográfico, y debilitamiento de las comunidades locales. Pero sea cual fuere el relato divisorio, en toda esfera de la democracia se aceptan las diferencias, pero se deben evitar que las polarizaciones se salgan de control.

La libertad de expresión en EE.UU. oscila, entonces, entre “Las personas deberían poder decir lo que realmente piensan, incluso cuando eso las ofenda” (74%) y “Necesitamos proteger a las personas del discurso peligroso y hostil” (67%), según aceptan todas las tribus. Por tanto, ese derecho fundamental en la mayoría de los estadounidenses es muy consciente por el riesgo de ofender a otras personas y muchos expresan su ansiedad.

En el contenido del discurso en Estados Unidos “mucha gente siente pérdida de identidad y de pertenencia” pues populistas y extremistas explotan esas vulnerabilidades al promover discursos ideológicos del tipo “nosotros contra ellos”. Con base en aquella narrativa binaria, las luchas identitarias cubren otro conjunto de asuntos de conflicto que polarizan: el enfrentamiento hombres contra mujeres, ciudadanos estadounidenses contra ciudadanos inmigrantes, musulmanes contra cristianos, afroamericanos contra policías. El factor clave de este compuesto se fundamenta en las creencias esenciales de los individuos como equidad, justicia, privilegio y opresión.

Aunque los activistas progresistas representan una pequeña porción de la población total su arenga ideológica se enfoca en el cambio climático (47%) y la desigualdad y pobreza (42%). Para esa tribu, entonces, ni la corrección política ni el discurso hostil son problemas en Estados Unidos. Los antagónicos, por su parte, discursan que los valores estadounidenses se están erosionando rápidamente y se ven a sí mismos como sus defensores, en especial por las leves preocupaciones sobre inmigración, terrorismo y trabajo/economía.

La identidad americana

Este punto ha sido la fuerza unificadora de Estados Unidos durante mucho tiempo. Sin embargo, en la actualidad, dos temas ─ “America First” y la actitud de los jugadores de la NFL arrodillados escuchando el himno─ marcan la línea entre orgullo patriótico y nacionalismo xenófobo. Mientras que para lograr la identidad estadounidense se requiere más creer en la libertad y la igualdad ─que comparten todas las tribus (91%) ─ que menos poder hablar inglés, cuyo 73% de todas las tribus evidencia su desacuerdo.

En general, 81% de los estadounidenses está de acuerdo en que “Estados Unidos es mejor país que los demás” y sus sentimientos se expresan en términos de esperanza, emoción, enojo, susto, frustración y desilusión según sea la identidad tribal que responde. Este aspecto, para observadores, necesita saltarse los debates que caracterizan a unos de patriotas, a otros de desleales, a uno más de mente abierta y a los demás de intolerantes.

Si el elemento común identitario de la nacionalidad es la Constitución Política, en Estados Unidos es la identidad americana ya que permite que diversos subgrupos, en regiones diferentes, con orígenes muy diversos, prosperen dentro del demarcado territorio de este a oeste. Tal es así que 78% de los conservadores devotos siente que ser estadounidense es muy importante para su identidad y 15% de los activistas progresistas dice lo mismo.

Esta concepción de superioridad la extrapola una ligera mayoría (57%) que “el mundo estaría mejor si más personas de otros países fueran como los estadounidenses”. El afianzamiento se correlaciona entre tenerse confianza como pueblo estadounidense y expresar lealtad a los líderes, lo que proporciona una idea de la dinámica del populismo. Enlazando a las personas inmigrantes habitantes en Estados Unidos, 73% sigue valorando “perseguir el sueño americano”.

Finalmente, “More in Common” llevó a cabo estudios nacionales similares en Francia, Alemania, Países Bajos, Italia y Grecia donde encontraron que la política está cada vez más dominada por cuestiones de cultura, identidad e integración expresadas como soberanía nacional, inmigración, refugiados y papel del islam. El caduco binomio izquierda y derecha, basado en los roles del gobierno y de los mercados, está siendo sustituido por una polarización nueva de valores cosmopolitas abiertos y valores nacionalistas cerrados. Circunstancia que los populistas insurgentes aprovechan para perturbar muchos establishments políticos en el mundo.

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*Omar Villota Hurtado. Profesor universitario en sociología de los medios y comunicación para programas de pre-grado y post-grado. Creador de conocimiento para Inteligencias Colectivas. Master en comunicación digital. Especialista en redes de información documental.

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