La política no es un estado de cosas; es un deseo de utopía, de transformación…no se pide, no se exige ni siquiera un mínimo estado de cosas; sería lo ideal dirían algunos… yo pienso que deberíamos pedir, exigir, sobre todo a nosotros mismos; lo contrario: un máximo de deseos, de transformaciones…quizá, por supuesto, no estemos de acuerdo: cuestión de principios, de énfasis, de matices, pero no hemos llegado a un punto de llorar, de velar a un muerto más, sino que el joven estudiante Dilan Cruz, asesinado por la policía colombiana el 23 de noviembre pasado en Bogotá, es un símbolo, un eslabón en una cadena de crímenes de Estado, por acción u omisión, con respecto a los líderes sociales que han sido asesinados sin tregua, especialmente en los últimos quince meses… como en el caso de muchas masacres, desapariciones forzadas, crímenes selectivos y demás figuras macabras son propias de las dictaduras, muy usados en buena parte de la pseudohistoria republicana colombiano.

La situación actual debería significar para nosotros un estado de cosas no solamente abiertamente inconstitucional sino algo más, un estado de cosas invivible en el que ya no se puede confiar en el Estado/gobierno actual ni en su política de la muerte.

¿Qué sucede cuando un gobernante se muestra incompetente para los deberes propios de su oficio? ¿Por qué no puede el pueblo, el constituyente primario, pronunciarse al respecto? ¿Por qué debe estar blindado el presidente en Colombia y con derecho a ejercer todo tipo de arbitrariedades? ¿Por qué no existe la revocatoria de mandato para el presidente?

Recordemos que cuando el congreso trató de hacerle un juicio político a Ospina Pérez luego del 9 de abril por su incapacidad para controlar la violencia, éste optó por cerrar el Congreso y luego Laureano Gómez “renunció” temporalmente y después hubo un “golpe de opinión” en 1953… Cuando se trata de estos temas, es evidente que se ponen en juego las instituciones establecidas, pero acaso ¿dichas instituciones trabajan en función del bien común? Hay muchas pruebas para demostrar que la mayoría del Congreso, el ejecutivo y las fuerzas militares no lo hacen. Este texto es un llamado a una nueva resolución política colectiva como punto de partida de una nueva, mejor democracia. 

*Alberto Bejarano, escritor y profesor universitario de artes y letras. Doctor en filosofía de la Universidad París 8. 

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