Lo paradójico es que Colombia es el único país del mundo que pareciera querer realizar el experimento en humanos. Somos el único país del mundo cuyo Estado ha asperjado este herbicida de manera deliberada, no sólo sobre cultivos ilícitos, sino también sobre hombres, mujeres, niños y niñas y también sobre ríos, lagos y animales.

Recientemente ha vuelto a la agenda pública el tema de las aspersiones aéreas con glifosato por cuenta del pronunciamiento del Presidente Iván Duque, en el marco de su gira internacional, en el sentido de que en cuestión de semanas volverían las fumigaciones aéreas con el herbicida.  También se reavivó la discusión luego de que la periodista María Isabel Rueda publicara en su columna semanal del diario El Tiempo la pieza titulada “Glifosato: ¡pongámosle sensatez!”, donde expone una serie de argumentos, al parecer extraídos de investigaciones científicas, sobre la conveniencia de las fumigaciones y la inocuidad del glifosato en la salud humana.

Por mi parte, como Representante a la Cámara del Putumayo, una de las regiones más afectadas por los cultivos de uso ilícito y por las fumigaciones aéreas, quisiera responder a varias imprecisiones de la periodista, también con argumentos extraídos de investigaciones científicas con las que he apoyado mis debates de control político e intervenciones en la Corte Constitucional, y quisiera elaborar una pequeña reflexión acerca del uso de las ciencias por parte de opinadores y formuladores de política pública. No somos científicos, pero buscamos apoyarnos en la evidencia para tomar mejores decisiones.

Así, adentrándonos en los argumentos problemáticos de María Isabel Rueda, uno de ellos consistió en desestimar el estudio de la IARC[1] – Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer – que catalogó al glifosato dentro del grupo 2A de sustancias carcinógenas, dando a entender que ese era tan sólo un estudio, mientras citaba cuatro agencias que descartan el riesgo y otras cuatro que, aunque no lo descartan, consideran que es poco probable.

El argumento de Rueda es problemático porque el estudio de la IARC no es tan sólo un estudio o un estudio más entre tantos. Se trata en realidad de un metaestudio, es decir, un estudio que realiza un barrido completo sobre la literatura y compila cientos de estudios científicos relevantes, para luego arrojar las siguientes conclusiones en su página 78:  1) “existe suficiente evidencia en animales experimentales sobre la carcinogenicidad del glifosato”. 2) “existe evidencia limitada sobre la carcinogenicidad del glifosato en  humanos”. 3) “Se ha observado una asociación positiva para el linfoma non-Hodgkin” 4) “El glifosato es probablemente carcinogénico (grupo 2A)

La pregunta que debemos hacernos es ¿por qué existe suficiente evidencia de la carcinogenicidad del glifosato en animales y, en humanos, la evidencia es limitada? La respuesta es muy sencilla: porque no está permitido realizar en humanos los mismos experimentos que se realizan en animales para determinar la carcinogenicidad de un agente. Mientras a un grupo de ratas le aplican el glifosato y observan los resultados en condiciones controladas, no se puede hacer lo mismo con las personas. Los científicos están limitados a ver las diversas “exposiciones espontáneas” para así tratar de determinar, en condiciones no controladas, si el agente es o no cancerígeno. Es por esta razón que no se ha “comprobado” el riesgo de cáncer que podría tener el glifosato en humanos, pero es suficiente para aplicar el principio de precaución.

Lo paradójico es que Colombia es el único país del mundo que pareciera querer realizar el experimento en humanos. Somos el único país del mundo cuyo Estado ha asperjado este herbicida de manera deliberada, no sólo sobre cultivos ilícitos, sino también sobre hombres, mujeres, niños y niñas y también sobre ríos, lagos, animales y cultivos lícitos. Dice la columnista que en ningún país del mundo está prohibido el glifosato. Pero en ningún otro está permitido asperjarlo desde el cielo a la población. Los que nos oponemos al glifosato nos oponemos, principalmente, a que el Estado lo rocíe a las personas y al medio ambiente de manera indiscriminada, mas no a su uso controlado con fines agrícolas. De cualquier modo, países como Alemania, Austria, Francia e Italia, están considerando su prohibición total y otros como Holanda, Bélgica, Arabia Saudita, Omán y algunas ciudades de Argentina ya lo han prohibido total o parcialmente[2]

De otro lado, el grupo 2A de la IARC[3], en donde está ubicado el glifosato, no es la categoría del tinte para el cabello como sugiere María Isabel, sino de la vocación ocupacional del peluquero, lo cual quiere decir que el glifosato no es tan tóxico como pintarse las canas, sino similar a trabajar 25 o 30 años en una peluquería exponiéndose diariamente a todos sus insumos. Otra comparación mucho más precisa sería decir que el glifosato es tan probablemente cancerígeno como el virus del papiloma humano, que también pertenece al grupo 2A y frente al cual el Ministerio de Salud no escatima esfuerzos de prevención al proporcionar vacunas gratuitas.

Además, el glifosato está lejos de ser el enemigo químico más eficaz de los cultivos de coca como sugiere Rueda. Un estudio de Mejía (2016)[4], que recoge varios hallazgos en la materia, muestra que por cada hectárea asperjada se eliminan entre 0,02 y 0,065 hectáreas. Es decir, se deben asperjar 32 hectáreas  de cultivos ilícitos para eliminar una sola. En el mismo estudio de Mejía se citan otros documentos en los que se estima que el coste de asperjar una hectárea, incluyendo aviones, herbicidas, etc., ronda los $2.400 dólares, con una efectividad del 4.2%. Esto significa que el costo final de erradicar una hectárea es de $57.150 USD, algo más de 177 millones de pesos a un cambio de 3.100 pesos por dólar. Otro estudio de Castillo, Restrepo y Mejía del año 2014[5] estima mediante evaluaciones estructurales y econométricas que el costo marginal de eliminar un kilogramo de cocaína del mercado con aspersiones de glifosato es de 240 mil dólares, convirtiéndose en uno de los métodos más costosos en la lucha contra las drogas.  Se trata de 744 millones de pesos al cambio de $3.100 para eliminar un kg de cocaína del mercado. Con ese dinero se podrían planear operaciones de incautación de varias toneladas de narcóticos, o bien vincular entre 186 y 248 familias a programas voluntarios, si se invirtiera en cada una de ellas entre tres y cuatro millones de pesos. A todo lo anterior agreguémosle que la tasa de resiembra llega a superar el 60% de las áreas asperjadas.

Con todo, aplaudo la intención de abordar las discusiones públicas con evidencia científica, pero debemos ser cuidadosos de no usar la ciencia como mera herramienta retórica que maquilla la discusión con interpretaciones que son funcionales a la agenda política que defendemos.  Por eso, es desafortunado que la periodista  haya extraído de sus fuentes únicamente las interpretaciones que le son favorables y desestimado las que no. Con ello nos alejamos de la discusión sensata que pide María Isabel Rueda y nos adentramos en el terreno del sofisma o la falacia argumentativa. La Ciencia, más que la “ciencia pop”, es la que debe orientar los debates públicos.

*Carlos Ardila, Representante a la Cámara por el departamento del Putumayo. Abogado. Especialista en derecho administrativo de la Universidad Externado de Colombia. @CarlosArdila10


[1] IARC, Metaestudio. monographs mono112-10.pdf. (s. f.). Recuperado de https://monographs.iarc.fr/wp-content/uploads/2018/06/mono112-10.pdf

[2] https://www.elcolombiano.com/internacional/el-mapa-del-uso-y-prohibicion-del-glifosato-en-el-mundo-NX9154528

[3] https://en.wikipedia.org/wiki/List_of_IARC_Group_2A_carcinogens

[4] Mejía, Daniel  (2016) Plan Colombia: An Analysis of Effectiveness and Costs. Brookings Institution. Disponible en: https://www.brookings.edu/wp-content/uploads/2016/07/Mejia-Colombia-final-2.pdf

[5] Scarcity Without Leviathan: The Violent Effects of Cocaine Supply Shortages in the Mexican Drug War by Juan Camilo Castillo, Daniel Mejia, Pascual Restrepo :: SSRN. (s. f.-a). Recuperado 4 de octubre de 2018, de https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=2409268

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