Cierre de fronteras

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Cada vez el mundo se nos hace  más pequeño  y ello no se lo podemos reclamar a terceros pues es el producto de nuestros 23 años de errores.

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Ha decidido el Gobierno del señor Presidente Biden cerrar sus fronteras a la migración irregular venezolana y esa decisión impactará a los países del hemisferio que han servido de paso para su llegada al Río Grande y, quizás muy en especial a México y Colombia. El primero por ser el país de tránsito final al lugar de destino y el segundo, por el contrario, por ser el punto de inicio y el que, adicionalmente, ha dado mayores muestras de amplitud y generosidad en materia de recepción, a pesar de las dificultades existentes.

Como no lo escuchamos respecto de las oleadas anteriores, los  migrantes hacia el país del norte liquidaron activos en Venezuela, invirtieron buena parte de su capital –sino todo- en el pago del viaje correspondiente y ahora, a diferencia de la mayoría que decidió tomar otro destino. Se encuentran donde no pensaban estar, a la buena de Dios, dado que el dinero se gastó en el viaje y adicionalmente los recursos internacionales para atenderlos escasos son, al igual que lo es la disposición anímica para recibirlos  de los países en los cuales se encuentran de tránsito.

Lo cierto es que, guste o no, los países –todos ellos- son soberanos en su decisión de admitir o no a extranjeros y más aún, de aceptar su permanencia después de haberlos recibido. De manera que la circunstancia de haber llegado allí y haber atravesado la frontera no garantiza permanencia.

Los Estados Unidos se han caracterizado siempre por acoger migrantes. Pero la sola circunstancia de llegar a su territorio no da derecho a su permanencia salvo -que recuerde- la política de pies mojados/pies secos aplicada a los cubanos según la cual, luego de ellos atravesar el océano y llegar a sus costas sin ser detenido, podían permanecer en ese país.

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Debe saberse que, conforme a las convenciones internacionales en materia de refugio,  aún el refugiado puede ser conminado a salir del Estado que aceptó recibirlo con la característica  que no puede ser devuelto al país que motivó su solicitud o enviado a un tercero que pueda remitirlo a él. De allí que sea un error creer que, inclusive estando en esa circunstancia especialísima,  existe una suerte de inamovilidad territorial para quien ha llegado a una tierra  que no es la propia.

Los venezolanos que están saliendo o se encuentran en tránsito,  deberían recordar que, si bien tienen derechos más que estos, tienen obligaciones con el país que les permite su permanencia, temporal o definitiva en su territorio. Que son ellos los verdaderos embajadores de la venezolanidad y que por tanto su comportamiento debería ser ejemplar. No como el que han evidenciado algunos de estos nuevos migrantes en videos que hemos visto, quienes si bien no representan a la mayoría, si a todos perjudican.

Desconozco si las limitaciones establecidas por el Gobierno norteamericano son la consecuencia de experiencias previas. En cualquier caso, reitero,  es ejercicio de soberanía.

A todo evento, la decisión adoptada debería servirnos de acicate a los venezolanos para aprovechar la circunstancia de la próxima elección presidencial, la cual se realizará, en cualquier momento -puesto que la ley no establece fecha cierta para ello-  para tratar de cambiar lo que ha producido este estado de cosas.  Así, guste a algunos o no, será solo en esa elección, que por cierto se realizará cuando quienes ocupan Miraflores quieran, nadie lo dude,  que con votos– pues solo militares y malandros armas tienen – podremos tratar de cambiar el estado de cosas que nos tiene a más de siete millones fuera de las fronteras y a las familias visitándose por plataformas de internet.    

La lección para los venezolanos es obvia: cada vez el mundo se nos hace  más pequeño  y ello no se lo podemos reclamar a terceros pues es el producto de nuestros 23 años de errores.

Quizás si la mayoría decidiere remar en el mismo sentido y con similar unidad  de propósito en la búsqueda del cambio posible, pudiéremos celebrar  el retorno de la democracia y la libertad al país, la salida de las cárceles  de los presos políticos, el regreso de los exilados y el reencuentro de la familia dentro de las fronteras patrias.

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*Gonzalo Oliveros Navarro, Magistrado del Tribunal Supremo de Justicia. Director de Fundación2Países @barraplural

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