Civilización

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La civilización de la que hoy se dice que trajo a América la libertad fue la que generó, incentivó y participó en una empresa multinacional, dirigida por los más “civilizados” hombres de negocios europeos, animados por una lógica mercantil que no podría haber existido sin la clasificación humana entre “superiores e inferiores”.

Como cada octubre, la polémica de este año en torno a la conquista de América, la protagonizaron, entre otros, los presidentes de Estados Unidos y de México Joe Biden y Manuel López Obrador, lamentando las atrocidades cometidas y exigiendo perdones, respectivamente. También la presidenta de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, lo hizo en respuesta a una misiva de desagravio por los pecados de la iglesia, que el papa Francisco envió a su representante en México, con motivo del bicentenario de su independencia. En respuesta a la exigencia de AMLO, el partido ultraconservador español Vox contraatacó solicitando a México que garantice un sepulcro decente para el conquistador Hernán Cortés en una de las iglesias de su capital. Por su parte, la señora Díaz salió en defensa del legado español en estas tierras, pues gracias a éste llegó la libertad y la civilización.

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La defensa de Díaz Ayuso se alinea con una versión de la historia que últimamente ha tomado cierta fuerza sobre el papel de España durante la conquista de América. Sus principales voceros son, como ella y Vox, militantes del espectro político de derecha, no solo en España sino en América. Se trata de comparar la caída de Tenochtitlan a manos de Hernán Cortés, en alianza con pueblos mesoamericano, en 1521 con la que los aliados propinaron al Tercer Reich en 1945.

La comparación se basa en la liberación de pueblos oprimidos por los  imperios vencidos: los precolombinos mesoamericanos por los mexicas y euroccidentales y los judíos por los nazis. Salvajes antropófagos, los unos; genocidas, los otros.

La “civilización” a la que se refiere la señora Díaz Ayuso, equivale a un término con una carga positiva. Pero la complejidad del tema que nos ocupa da para sumergirse en otras interpretaciones. La civilización que venció a los mexicas y de la que hoy se dice que trajo a América la libertad fue la que generó, incentivó y participó en una empresa multinacional, dirigida por los más “civilizados” hombres de negocios europeos, animados por una lógica mercantil que no podría haber existido sin la clasificación humana entre “superiores e inferiores”. Me refiero a la esclavitud, empresa que traficaba y comerciaba con una particular mercancía: el ser humano.

Igualmente, podríamos hablar de la avanzada y tecnificada civilización occidental comandada por los estadounidenses: llevó a cabo el desarrollo de la ciencia a unos niveles nunca antes vistos, estableció las técnicas más avanzadas y dotó con los mejores materiales a reputados científicos del mundo. Todo lo hizo para crear una industria militar que, en unos segundos, produjo la eliminación, el exterminio y la desaparición de cientos de miles de civiles en Hiroshima y Nagasaki y puso a la humanidad al borde de la extinción.

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Quienes vencieron a los “salvajes” y a los genocidas se comportaron, casi de inmediato, como salvajes y genocidas.

¿Cómo abordar ese debate? Cómo no caer en el simple discurso de blanco o negro cuando se está comprometido o parcializado por algún lado de esa historia y cuando, en la mayoría de los casos, el discurso no es tan importante por lo que dice como por lo que oculta. Si bien es cierto que fundaron universidades, lo hicieron casi exclusivamente para que españoles y sus hijos aprendieran a administrar y a reproducir el sistema de dominio y explotación colonial; también lo es que en el genocidio del 95% de la población local tuvo más responsabilidad la viruela, el sarampión y el tifus que los abusos, privaciones y malos tratos, que el idioma, que el cristianismo, que sin la ilustración europea…

Más allá de injusticias, bondades, errores o aciertos, el proceso colonizador no únicamente se justificó en la clasificación entre seres humanos superiores e inferiores, sino que estuvo circunscrito en la expansión de un sistema económico que se edificó en la explotación de una clase social por otra.

¿Qué tipo de civilización se puede construir partiendo de estos cimientos? Tal vez una que condena al hambre a continentes enteros cuando es capaz de producir los alimentos para dar de comer a dos mundos, una que en medio de una pandemia acapara la cura con el fin de facturar y especular y no para sanar, una que da valor a la madera, el petróleo y el oro por sobre los bosques, el aire y el agua, una que privilegia la muerte sobre la vida.

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*Javier Eduardo Lasso Muñoz, politólogo de la Universidad del Cauca y magíster en Estudios Latinoamericanos con mención en Relaciones internacionales de la Universidad Andina Simón Bolívar, con sede en Quito, Ecuador. Su vida laboral ha transcurrido entre la docencia y el servicio público. @javierlassom

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