Colombia en los BRICS; ¿oportunidad o amenaza?

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No hay un argumento sólido que explique un supuesto debilitamiento de la posición de Colombia en la OTAN como aliado preferencial estratégico.

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Luego de la visita del presidente Lula a Colombia, se abrió un interesante espectro de trabajo conjunto binacional. Sin embargo, para algunos sectores políticos de oposición y medios adscritos al establecimiento, el interés no se centró en las propuestas para gestar espacios de cooperación tecnológica, el fortalecimiento de los acuerdos económicos, comerciales e inversión, la conservación de la Amazonía o el aprovechamiento del gran potencial turístico para los dos países. Exclusivamente, se enfocaron en torno a los BRICS y la posibilidad de un futuro ingreso de Colombia al grupo.

Uno de los pronunciamientos más leídos y replicados, fue el de la representante del Partido Verde, Katherine Miranda, quien afirmó en la red X: “¿Colombia pide entrar cuanto antes al BRICS? ¿Estaremos al lado de Rusia, Irán y Venezuela? ¿Dejará Colombia de ser socio global de la OTAN? No es menos la discusión, políticamente y de 180º y muy peligroso”.

Mucho por aclarar.

Primero, los BRIC no surgieron como una propuesta política e ideológica. Tampoco, nació como un grupo cuyo objetivo sería contraponerse a los EE. UU. y mucho menos a la OTAN. De hecho, su gestor fue Jim O’Neill, un británico, que se aventuró a crear un acrónimo basado en los nombres de unos países catalogados como mercados emergentes. Sin embargo, lo que comenzó como una propuesta, fue madurando e inició su consolidación en 2008, mediante la firma de comunicados conjuntos. Tres años más tarde ingresó Sudáfrica, lo que implicó una mayor representación del Sur Global.

Segundo, en su proceso de expansión, ingresaron; Irán, Egipto, Etiopía, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos (Venezuela no es miembro). Una interesante mezcla de actores, unidos por la producción de petróleo y gas, lo que le otorga un rol vital a la hora de fijar los precios.

Tercero, en el plano político e ideológico, los diez miembros divergen en su mirada e interacción con las potencias occidentales. Aunque China y Rusia coinciden en los cuestionamientos al orden global, sus propósitos son diferentes. Por su parte, China aspira a levantarse como la voz articuladora del Sur Global. Para ello, se ha posicionado estratégicamente en África y el Caribe, bajo la estrategia conocida como la “Teoría de la emergencia pacífica” o “Poder Blando”. Por otro lado, Rusia confronta abiertamente el poder occidental, que ciertamente lo ha golpeado como consecuencia de sus acciones militares en Crimea y Ucrania.

Aunque a priori se puede pensar que Irán le dará visos de fuerte confrontación con los aliados de EE. UU., es evidente que, Brasil, India y Suráfrica, tienen claro que, en un mundo interdependiente, esos choques serían un obstáculo para sus economías con sueños de expansión.

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Sin embargo, en el grupo primigenio de los BRICS, ni mucho menos con la anexión de los nuevos miembros, se ha consolidado y seguramente no se dará, un liderazgo avasallador que subordine a sus pares. Precisamente, es esa horizontalidad la que ha permitido su paulatina consolidación.   

Cuarto, desde la perspectiva económica, su avance es incuestionable. Con base en el FMI, para el 2027, representarán el 33,6% de la producción mundial, superando por 6 puntos al G7, icono de la dominancia global occidental. Así mismo, desde la óptica demográfica, con la llegada de nuevos socios, conformarán el 45% de la población mundial. Lo anterior, sumado a que el 44% del petróleo global lo producen sus miembros. Hablamos de un grupo que necesariamente debe estar en la mira económica y comercial de cualquier país en vía de desarrollo.

En ese orden de ideas, la aspiración de Colombia no solo es legítima, es necesaria para un país históricamente enmarcado en una visión parroquial y alineada irrestrictamente a los intereses de Washington.  La dependencia comercial hacia los norteamericanos sigue siendo una constante. En 2022 y 2023, las exportaciones hacia ese país doblaron a la Unión Europea, como segundo mercado y muy por encima de los otros destinos. Sin embargo, en ese top10, aparecen China (4º), India (5º) y Brasil (8º), miembros fundadores de los BRICS. Lo que confirma la necesidad de abrir la agenda de negociaciones con otros actores, destacando a todos los miembros del grupo al cual Colombia aspira a ingresar.

Por último, los BRICS, no prospectan escenarios de alianza grupal en defensa.  Es improbable. Sus intereses regionales o globales son diversos. En ese sentido, no hay un argumento sólido que explique un supuesto debilitamiento de la posición de Colombia en la OTAN como aliado preferencial estratégico.

En ese orden de ideas, el ingreso al grupo BRICS, permitiría a Colombia retomar la senda que dejó Santos Calderón, quien diversificó agendas, tanto temática, como en actores del sistema internacional. Abriría el camino para la aplicación de la doctrina respice omnia, lo que no implica alejarnos de los EEUU ni mucho menos de América Latina. Igualmente, compilaría en el ejercicio de nuestra política exterior, la verdadera operacionalización de esos valiosos documentos como son; Actuar en el mundo: La política exterior colombiana frente al siglo XXI y el Informe de Política Exterior 2010 de Fundesarrollo.

No obstante, para lograr ese propósito, se requiere un cambio drástico en la mentalidad de nuestros políticos. Un redireccionamiento orientado hacia el estudio y comprensión de las dinámicas globalizadoras y especialmente, despojarse de esa visión provinciana que prima en algunos líderes como la representante Miranda.

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*Héctor Galeano David, analista internacional. @hectorjgaleanod

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