“Colombia, potencia mundial de la vida”: Petro

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La última guerra que esas élites, excluyentes, represivas y exterminadoras le declararon al pueblo lleva más de setenta años sin solución de continuidad.

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En la campaña presidencial de 2022, en distintos escenarios, Petro dice que su propósito es hacer de Colombia una potencia mundial de la vida. Lo expresó en una entrevista a El Heraldo de Barranquilla, lo reiteró  al presentar a  Francia Márquez como su fórmula vicepresidencial y lo ratificó en una entrevista posterior. En esta última precisó: «Queremos hacer de Colombia una potencia de la vida, porque la vida es el eje central de la lucha, porque la vida es el agua, la mujer, la niñez, el alimento del estómago, del cerebro y del espíritu». También lo repite Petro en las plazas públicas y en cuanta entrevista le hacen y lo reproduce un jingle de su campaña.

Colombia, para vergüenza nuestra, es potencia mundial de la muerte, porque las élites criollas que han gobernado, desde los primeros tiempos hasta nuestros días, lo han hecho con un hilo conductor aferrado a tres verbos: excluir, reprimir y exterminar. La última guerra que esas élites, excluyentes, represivas y exterminadoras le declararon al pueblo, lleva más de setenta años sin solución de continuidad, utilizando los procedimientos y métodos más terroríficos e inéditos en el mundo, como la motosierra y los falsos positivos.

El más reciente episodio de esa guerra contra el pueblo fue el asesinato de once personas, entre ellas un menor de edad y una mujer embarazada a manos del ejército, en la vereda de Alto Remanso de Puerto Leguizamo, Putumayo, cuando se encontraban en un bazar.

Los contendientes de Petro y algunos articulistas de prensa han caricaturizado la propuesta de «Colombia mundial de la vida», porque el hecho de ser nuestro país potencia universal de la guerra y de la muerte les ha insuflado en su alma el síndrome de la pequeñez política – La pequeña política de Uribe, 2005, del autor de esta nota – y les parece imposible que esta sociedad sea capaz de terminar con el baño de sangre, levantar vuelo y sembrar vida donde los gobiernos uribistas  enterraron cadáveres de falsos positivos y masacres. El síndrome de la pequeñez ha afectado  tanto el alma colectiva que los hijos de los líderes políticos y de defensores de derechos humanos asesinados prefieren apoyar campañas cercanas a la Oficina de Envigado, en vez de acoger opciones proclives a la vida y a la dignidad humanas.

(Texto relacionado: Las mafias asustadas desde La Picota)

Lo que desea Petro no es una utopía. Si se termina la guerra contra el pueblo, Colombia será una potencia mundial de la vida, no solo como una categoría de nación en la que no se asesinan a sus mejores cuadros sociales, comunales y políticos, sino una potencia en la más grande diversidad de cosas buenas. El solo hecho de no despilfarrar el dinero en asesinar al supuesto enemigo interno – jóvenes y líderes sociales – es ya una ganancia. Si, además, esos recursos financieros se invierten en turismo, educación, investigación científica y en producción de alimentos el plus se agiganta, porque se suma a lo que ya tenemos – agua, aire, sol, selvas, páramos y abundante tierra fértil -.

Algo más tiene este país: veinte o treinta mil años – los estudios aún no han concluido – de cultura, códigos de ciencia política, justicia y plantas medicinales atesoradas en más de setenta mil pinturas en los lienzos rocosos del Parque de Chiribiquete, al que las mafias del narcotráfico y de la parapolítica le mordisquean un pedazo cada día, con la anuencia de los gobiernos uribistas.

¿Por ventura los demás candidatos y los articulistas de prensa a quienes se les ha empequeñecido el alma lo sabrán? ¿Sabrán acaso que tenemos unos ciento quince pueblos ancestrales que hablan unas setenta lengua originarias? ¿Alguien les habrá contado que ya somos potencia  mundial en muchas cosas, como en páramos, pájaros y orquídeas? Si no lo saben, vean estos datos: tenemos el 50% de los páramos del mundo – 2`299.000 hectáreas -, 1.935 especies de aves de las 10.000 que hacen acrobacias en el aire y 4.270 especies de orquídeas de las 25.000 que embellecen en el mundo. En suma, Colombia es la segunda potencia mundial de la biodiversidad general, después de Brasil y por encima de Estados Unidos, India, China y Australia.

¿Con toda esta riqueza no será posible convertir a Colombia en una potencia, primero continental y luego mundial, no solo de la vida, sino de  ciencia política, medicina, turismo e investigación científica? Es hora de que los candidatos y articulistas de prensa que los apoyan y caricaturizan la propuesta de Petro hagan un cursito de geografía, historia, sociología, antropología y migraciones humanas de este país que pretenden gobernar y seguir robando.

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*Rafael Ballén. Profesor investigador de ciencias sociales. Ph.D en Derecho Público por la Universidad de Zaragoza – España

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