Colombia, ¿un Estado fallido?

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Falta todavía mucho para terminar el mandato, pero casi nada para convertirnos en un Estado fallido.

En la década del 90, cuando Colombia dejó de ser el peón de la Guerra Fría, la mirada desde los Estados Unidos se enfocó en el narcotráfico y específicamente en las Farc debido a las repercusiones que su accionar podría tener en la estabilidad del país.

El poder del grupo guerrillero proporcionó las bases para que, desde el congreso norteamericano, se comenzara a hablar de Colombia como un Estado fallido, un país en el cual se cumplían todas las condiciones que Chomsky expuso – falta de capacidad o voluntad para proteger a sus ciudadanos de la violencia, tendencia a considerarse más allá́ del alcance del derecho nacional o internacional y una democracia débil reflejada en sus instituciones -.

Todo ese dramático escenario solo llevó al gobierno de los Estados Unidos  a la aprobación y ejecución de  un plan cuyo énfasis se circunscribía a la lucha contra el narcotráfico y ,con ello, satisfacía el deseo de una guerra sin ningún límite moral o legal de la administración del imputado expresidente Uribe contra las Farc.

El Plan Colombia debía erigirse como un instrumento que sentara los cimientos para consolidar la democracia, sustituir cultivos ilícitos, impulsar programas sociales y la implementación de un marco jurídico en el cual se respetara el derecho internacional.

Luego de quince años de guerra sin cuartel contra las Farc y de envenenamiento de la naturaleza y los campesinos,  el Plan Colombia fue incapaz de exterminar al grupo guerrillero y al narcotráfico. Un fracaso total.

Al final, es claro que las Farc se acabaron por la vía negociada y, como consecuencia de la negligencia y desprecio al Acuerdo de Paz del desgobierno de Duque, se aceleró. el aumento desmesurado de los cultivos ilícitos. El abandono estatal permitió que otros grupos armados tomaran el control de las zonas que había dejado la guerrilla  firmante de la paz.

Bastaron solo cuatro años para que el funesto gobierno de quien hoy se consolida como el peor mandatario de la historia volviera a posicionar a Colombia en el escenario global de países considerados como peligrosos, desestabilizadores, incapaces de salvaguardar la vida de sus habitantes y violadorescde las más elementales normas que rigen el derecho humanitario.

La incapacidad del gobierno por garantizar la vida es evidente. Con base en la información de Indepaz, entre el 2020, 2021 y lo corrido del 2022, van 223 masacres y 59 asesinatos de líderes y lideresas sociales y defensores de derechos humanos y 17 de firmantes del Acuerdo de Paz en solo casi cinco meses de 2022. Sin embargo, mientras el país se inunda de sangre inocente, el desprecio por la Constitución y las normas internacionales se convirtió en el marco de acción de las autoridades.

Al mejor estilo de los dictadorzuelos latinoamericanos de otrora, el gobierno logró destrozar la democracia, romper el equilibrio entre poderes y subordinar de la manera más burda a los hoy mal llamados órganos de control. Las “ías”, pasaron de ser un logro y orgullo de la constitución a convertirse en vergonzosos mamarrachos que sin pudor violan la Carta y desacatan las normas internacionales.

Cerrando el dantesco escenario, una banda criminal logró paralizar más de ciento ochenta municipios en once departamentos bajo la permisiva mirada de un pseudo presidente, que permaneció inmutable ante los desmanes que el Clan del Golfo ejecutaba sin ser confrontados por la autoridad.

Lo más dramático es que todavía falta un poco menos de tres meses para finalizar  esta “oscura noche”. Un tiempo en el cual su titiritero podrá continuar removiendo los escasos avistamientos de democracia y respeto a la institucionalidad y aboliendo las pocas garantías ciudadanas. Falta todavía mucho para terminar el mandato, pero casi nada para convertirnos en un Estado fallido.

*Héctor Galeano David, analista internacional. @hectorjgaleanod

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